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«¿Qué pronósticos dan ahí en el Estado de Defensa? -dijo el presentador-. ¿Se ha discutido la posibilidad de una intervención directa de Estados Unidos? Y, aun cuando Estados Unidos participara, ¿hay alguna esperanza de que Israel pueda algún día recuperarse de esto?»

El reportero con conexión desde el Departamento de Estado se ajustó el auricular. «John, aquí nadie habla abiertamente sobre una intervención directa, aunque sí que es muy probable que Estados Unidos y Gran Bretaña respondan enviando ayuda en forma de material militar. En cuanto a la segunda pregunta, nadie se atreve a apostar por unos o por otros, pero sí que se respira un silencioso optimismo. A pesar del éxito de la primera ofensiva, cabe recordar que ésta no es la primera vez que Israel sufre un ataque sorpresa. La primera fue en la guerra del Yom Kippur, en la que las Fuerzas Aéreas israelíes derribaron más de doscientos MiGs sirios sin perder ni un solo avión israelí. El otro ejemplo, no menos impresionante, es el de julio de 1970, cuando en el único enfrentamiento directo que mantuvo Israel con la Unión Soviética, los israelíes derribaron seis MiGs 21 rusos y los soviéticos no alcanzaron ni a uno de los aviones enemigos. Si las fuerzas aéreas pueden doblar esa hazaña en esta guerra, es posible que todavía tengan la oportunidad de sobrevivir.»

«Gracias, Jim. Y ahora nos ofrece más detalles sobre la situación nuestro enviado especial en Jerusalén, Tom Slade.» En la pantalla apareció una imagen del monte del Templo.

«John, árabes e israelíes no han necesitado nunca una excusa para enfrentarse, pero en esta ocasión existe una razón evidente. Ésta es una guerra santa, una jihad, que ha unido a países árabes que hace sólo unos pocos años eran enemigos encarnizados. Resulta sorprendente que como causa común tengan un pedazo de territorio del tamaño de unos dos campos de fútbol.

»A mi espalda, como veis, continúa a pesar de la guerra la construcción del Templo judío sobre un terreno que judíos y musulmanes reclaman para sí. Durante casi mil doscientos años se elevó sobre este lugar la mezquita de Omar, el tercer santuario más sagrado del islam, pero ésta fue destruida por extremistas judíos hace tres años. Antes de la mezquita, se elevaba en el mismo lugar el Templo judío, el cual fue destruido a su vez por los romanos en el año 70.

»Los judíos ortodoxos, que desde que Israel se convirtió en Estado en 1948 trataban de reunir apoyos para reconstruir el Templo, intentaron presentar la destrucción de la mezquita como una señal divina, pero para la mayoría de los israelíes el Templo era un tema sin trascendencia.

»Desde que los palestinos volaron el Muro de las Lamentaciones y la mezquita fue destruida por los israelíes hace tres años, el lugar ha permanecido acordonado, bajo vigilancia e imperturbado tras la línea de policía israelí. Durante estos años, la política israelí ha dado un brusco giro a la derecha en respuesta a los continuados disturbios y atentados suicidas palestinos. El año pasado, el partido Ichud de Moshe Greenberg realizó una campaña de línea muy dura en la que, entre otras cosas, se comprometían a expulsar a los palestinos sospechosos de participar en disturbios y a cumplir la promesa simbólica de reconstruir el Templo. El partido consiguió una representación insuficiente pero sólida en la Kneset. Cuando el Ichud buscó el apoyo de los partidos políticos minoritarios para formar un gobierno de coalición, éstos exigieron a cambio que la reconstrucción del Templo pasara a ser un asunto prioritario en el programa de gobierno.

»Ahora, después de tantos años de remontada de las tensiones y la violencia entre palestinos e israelíes, incluso muchos israelíes no religiosos apoyan desafiantes la reconstrucción del Templo como edificio de notable relevancia cultural e histórica. Y por irónico que parezca, la guerra continúa a nuestro alrededor mientras que en el monte del Templo las cuadrillas de obreros continúan con su trabajo.»

«Tom, ¿qué me dices de las cuadrillas? ¿No existe un elevado riesgo de que los árabes lancen un ataque para destruir lo que ya se ha construido?», preguntó el presentador.

«Pues no exactamente, John. Has de recordar que aun sin la mezquita de Omar, el monte sigue siendo el tercer lugar más sagrado para el islam. De momento se considera muy poco probable que los árabes hagan algo que pueda dañarlo. No van a bombardear las obras, pero muchos han jurado tirar el Templo abajo con sus propias manos si consiguen tomar Jerusalén.»

«Gracias, Tom -dijo el presentador, y la imagen volvió al estudio-. En Nueva York, el Consejo de Seguridad de la ONU celebra esta tarde una reunión de emergencia para decidir qué acciones tomar en respuesta a este estallido de las hostilidades. El embajador británico ante Naciones Unidas, Jon Hansen, ha sido muy claro en sus declaraciones. Hansen, que recientemente visitó Oriente Próximo a la cabeza de una delegación de la ONU, ha hecho una llamada a las Naciones Unidas para que responda con estrictas sanciones económicas, y ha sugerido que en caso de continuar los enfrentamientos es posible que solicite el despliegue de la recién botada flota naval de la ONU para el bloqueo de los puertos de las naciones combatientes.

»Todas estas declaraciones y toma de posiciones se repiten en todas las guerras, pero en esta ocasión el mundo está en duelo y espera todavía la publicación del informe oficial sobre la causa del Desastre. La realidad ha cambiado y parece que ha habido muertes suficientes para mucho tiempo.»

Decker bajó el volumen con el mando.

– Bueno, Christopher, parece que nuestro viaje a Nueva York te ha brindado la oportunidad de presenciar desde un lugar aventajado cómo se hace la historia.

Por la cara de Christopher era evidente que estaba disgustado.

– «Guerra santa» -dijo citando a uno de los reporteros-. De nuevo vuelve el hombre a utilizar las diferencias religiosas como justificación de sus ambiciones personales. La religión debería elevar al hombre, no servir de excusa para la muerte y la destrucción.

Decker no esperaba una respuesta tan seria de su joven pupilo. Tardó un poco en cambiar de actitud y ponerse al nivel del chico; un nivel, por otra parte, muy superior al de su inocente comentario sobre observar la historia desde un mirador privilegiado. Esperó a que Christopher continuara con lo que tenía que decir, pero parecía satisfecho con guardarse su opinión para sí y volvió a concentrarse en el desayuno. Decker decidió que lo sondearía. No sabía qué esperar, pero allí, compartiendo la mesa del desayuno, estaba el clon de Jesús de Nazaret, un detalle que por increíble que pareciera era muy fácil de olvidar, y estaba hablando precisamente sobre religión. Decker quería que siguiera con el tema un poco más.

Hacía tiempo que había decidido no revelar jamás a Christopher el secreto de su origen. Pero al igual que el resto de los mortales, Decker se preguntaba sobre el sentido de la vida, sobre la vida después de la muerte, sobre cómo es. Ansiaba escuchar lo que Christopher tenía que decir sobre estos temas. Pero cuando estaba a punto de hablar, dudó. Al fin y al cabo, Christopher no tenía más que catorce años. ¿Hasta dónde podía llegar su capacidad de discernimiento en estos temas? Desde luego que no iba a ser como si estuviera hablando con Jesús; el profesor Goodman había dejado muy claro que Christopher carecía de un recuerdo de la vida pasada. Pero Decker no pudo evitar hacer su pregunta.

– Christopher -empezó-. No quiero inmiscuirme en tu forma de pensar, así que si no quieres hablar sobre ello me lo dices, pero me interesa eso que decías sobre la religión. -«Eso es», pensó. «Ni demasiado agresivo, ni demasiado discreto.» No quería decir nada que tuviese que explicar después.