– Estáis locos -dijo Decker.
– ¿Cómo dices? -preguntó Hansen con fingida ofensa.
– Están ustedes locos, señor.
– Eso está mejor -bromeó Hansen.
Pero todavía había una última sorpresa para Decker. En un rincón de la sala le esperaba un invitado que hasta entonces había permanecido oculto tras el resto.
– ¡Christopher! -dijo Decker-. Pero ¿qué demonios haces aquí?
– No creerías que iba a perderme tu cumpleaños, ¿no? -contestó Christopher, que ya había cumplido los veintidós.
– Pero se supone que tendrías que estar haciendo un crucero alrededor del mundo.
– Decidí hacer la mitad ahora y la mitad más adelante -dijo Christopher-. Así que me cogí un vuelo de vuelta.
– Bueno, ¿va a soplar las velas o no? -preguntó Mary Polk.
Decker sopló las velas y todos se lanzaron a degustar los bollos y el café. Como ocurría en casi todas las fiestas de la oficina, unos pocos se quedaban lo necesario para hacer acto de presencia, y otros lo suficiente para repetir y llevarse un par de bollos de vuelta al despacho. El resto se quedaba contando chistes o formaba pequeños grupos para hablar de trabajo. Decker se colocó cerca de la puerta para poder agradecer a todos su presencia. Christopher circulaba entre los asesores, participando con algún chiste y, cuando se le pedía, ofreciendo su opinión sobre el tema de conversación que en ese momento ocupaba al grupo que visitaba. Decker observaba complacido lo bien que Christopher había caído entre sus colegas, y la facilidad con que éste se manejaba entre aquella gente.
A la fiesta se habían acercado tres miembros del Consejo de Seguridad, el embajador Lee Yun-Mai de China, el embajador Friedreich Heineman de Alemania, en representación de Europa, y Yuri Kruszkegin, antiguo embajador de la Federación Rusa y ahora embajador de la república independiente de Khakassia, en representación del Norte de Asia. Se habían agrupado a un lado de la sala y discutían una reciente votación sobre las fronteras comerciales. Christopher parecía sentirse tan a gusto con ellos como lo había estado antes con el personal administrativo.
Cuando la sala empezó por fin a vaciarse, el secretario general Hansen se acercó a hablar con Decker.
– Decker, quiero agradecerte una vez más la impresionante labor que has hecho este año para las celebraciones del Día de Naciones Unidas -dijo Hansen mientras le daba una palmadita en la espalda.
– Gracias por el reconocimiento, señor.
– Creo que te mereces un buen descanso, así que le he dicho a Jackie que te apunte los siguientes cuatro o cinco días de vacaciones. Estoy convencido de que tu gente podrá mantener el mundo funcionando en tu ausencia.
Aunque inesperada, la oferta era tan de agradecer como la fiesta de cumpleaños.
– Le tomo la palabra, señor -dijo Decker complacido-. Me gustaría dedicarle algo de tiempo a Christopher.
– Es toda una joya lo que tienes -dijo Hansen levantando la taza de café en dirección a Christopher.
– Lo sé, señor -dijo Decker con orgullo paternal.
– Otro que piensa lo mismo es Bob Milner. Me envió una carta, muy favorable, por cierto, recomendando a Christopher para ocupar un puesto en el ECOSOC -dijo Hansen refiriéndose al Consejo Económico y Social de Naciones Unidas.
– Sí, señor. El ex subsecretario está apoyando mucho a Christopher en su carrera. Incluso viajó a Costa Rica el mes pasado para asistir a la ceremonia de graduación del programa de doctorado de la Universidad de Naciones Unidas. -Decker había hecho el comentario más que nada para presumir de Christopher. Disfrutaba contando a todo el que le preguntaba que Christopher se había graduado con el número uno de su clase, sacándose a la vez el doctorado en Ciencias Políticas y un segundo máster en Gestión Agrícola Mundial. En aquel momento tendría que haber estado disfrutando de unas merecidas vacaciones haciendo un crucero alrededor del mundo antes de ocupar el puesto para el que Milner le había recomendado en el ECOSOC.
– Bueno, con amigos como Bob Milner llegará lejos -dijo Hansen.
– ¿Ha sabido algo del subsecretario últimamente, señor? -preguntó Decker-. Me contaban el otro día que no se encuentra del todo bien.
– Jackie me ha contado que ingresó en el hospital hace tres noches debido a un problema de corazón y que todavía sigue en observación.
– He estado tan ocupado que ni siquiera me había enterado -dijo Decker sorprendido y preocupado a la vez.
– Bueno, ya sabes, tiene ochenta y dos años -dijo Hansen.
– Tampoco es tan mayor -dijo Decker pensando en el año que acababa de sumar a su propia edad.
Hansen se echó a reír.
– Creo que Christopher está mejor informado que yo sobre el estado del subsecretario Milner. Tengo entendido que le ha visitado esta mañana en el hospital antes de venir a la fiesta.
– Oh, ya veo -dijo Decker algo sorprendido, pero comprendiendo por fin por qué Christopher había acortado tan de repente su viaje.
Al disolverse la fiesta, Decker regresó al despacho para dejar todo bien atado y despejar la agenda. Eran casi las doce del mediodía cuando estuvo listo para irse.
– ¿Dónde te apetece comer? -dijo Christopher-. Invito yo.
– En ese caso, hay un puesto de perritos calientes abajo -bromeó Decker recogiendo unos cuantos papeles y embutiéndolos en la cartera.
– Creo que puedo permitirme algo un poco mejor -contestó Christopher.
Al final se decidieron por el Palm Too, un bonito restaurante de precios razonables situado en la Segunda Avenida, cerca de Naciones Unidas.
– Bueno -empezó Decker una vez se hubo ido el camarero con la comanda-, ¿preparado para llevar a la práctica todos tus estudios en el ECOSOC?
– Listo y ansioso por empezar -contestó Christopher-. Se supone que no he de incorporarme hasta dentro de dos semanas, pero podría dedicar algo de tiempo a consultar los archivos y ponerme al día.
Decker habría elogiado este entusiasmo de haberse tratado de otra persona, pero había aprendido a esperar cosas así de Christopher.
– La semana pasada hablé con Louis Colleta -dijo refiriéndose al presidente del ECOSOC-. Me preguntó por ti y me dijo que le entusiasmaba la idea de que te incorporases a su equipo. Hasta tres veces me dijo lo mucho que le satisfacía poder contratar a alguien de tu valía. Si le llamas y le dices que estás disponible, estoy seguro de que te pedirá que empieces ya.
– Me alegra oír eso. Igual de contento estoy yo de haber conseguido el empleo.
– Presentarte a ese puesto ha sido una sabia decisión. Uno de los principales objetivos del programa de centralización que quiere llevar a cabo el secretario general Hansen en su mandato es, precisamente, impulsar el papel que desempeña el ECOSOC. -Decker golpeó con un dedo en la mesa para dar mayor efecto a sus palabras-: El creciente papel de la ONU va a elevar el protagonismo del ECOSOC al corazón mismo de la política internacional.
– Cuando uno piensa en el desarrollo propiciado por el secretario general Hansen en los últimos siete años y en el espíritu de cooperación que inspira tanto entre los miembros del Consejo de Seguridad como entre otros países miembros, cuesta imaginar cómo podríamos sobrevivir sin él si algún día se retirase -dijo Christopher.
– Bueno, por eso no creo que tengas que preocuparte. No es de los que dejan escapar la oportunidad de trabajar para mejorar el mundo. Además, entre tú y yo, creo que le divierte demasiado como para retirarse. -Christopher sonrió-: Pero tienes razón, no sé qué haríamos sin él. Mucho de lo que ha conseguido se lo debe a su popularidad. Peter Fantham le llama en un artículo del Times el «George Washington de las Naciones Unidas» y estoy totalmente de acuerdo con él.
Decker hizo una pausa y dio un bocado al sándwich.
– Hacemos encuestas con regularidad en las que sondeamos la opinión del público sobre políticas ya en marcha o que podrían aplicarse en el futuro, y también realizamos sondeos de popularidad sobre las distintas agencias y altos funcionarios de la ONU. La del secretario Hansen no deja de subir en las diez regiones. El mes pasado alcanzó un índice de popularidad del setenta y ocho por ciento en todo el mundo. Por supuesto que siempre hay que contar con los que se oponen a todo lo que hagan Hansen o la ONU, pero no son más que un puñado de fanáticos religiosos. Creen que es el Anticristo o algo parecido, y que el gobierno mundial es maligno por naturaleza.