Выбрать главу

– Sí, ya, pero bueno, de ésos habrá siempre -contestó Christopher-. Pero ¡un setenta y ocho por ciento de popularidad! ¡Es increíble!

– Y que lo digas -continuó Decker-. Por desgracia, el punto débil del mandato de Hansen es que depende demasiado del propio Hansen. -Decker miró a su alrededor para asegurarse de que nadie le escuchaba y luego, por precaución, se inclinó sobre la mesa para acercarse a Christopher y susurró-: Hay miembros del Consejo de Seguridad que se tirarían al cuello del otro si no hubiera nadie para contenerlos. -El dato era bien conocido por todo el mundo, pero la afirmación en boca de un hombre con la posición de Decker en la ONU hubiese resultado bastante embarazosa-: Pero Hansen ha sabido aprovechar su encanto y su destreza personales para unir al Consejo, ayudando a los miembros a superar las diferencias y poniéndolos a trabajar como un todo para el bien común. Cuanto más le observo, más convencido estoy de que nació para vivir este momento de la historia. Siento escalofríos sólo de pensar lo que serían las reuniones del Consejo de Seguridad sin él.

»Ya sabes con cuánta frecuencia me ha sorprendido la capacidad que tiene el hombre de adaptarse a cada situación. Supongo que es la razón de que nuestra especie haya sobrevivido durante tanto tiempo. Sin embargo, adolecemos de esa obsesión casi enfermiza en creer que las cosas no van a cambiar jamás. Puede que sea porque somos optimistas por naturaleza. Nos hemos acostumbrado a vivir en un mundo en paz, pero no hay nada que garantice que las cosas permanecerán así para siempre. Roma cayó y también puede hacerlo algún día la ONU. Mi temor es que no duremos tanto como Roma. Mientras Jon Hansen lleve las riendas, el mundo seguirá en paz, de eso estoy convencido. Lamentablemente, no hay una estructura para la sucesión. La Carta de Naciones Unidas establece el método de elección de un nuevo secretario general, pero ¿cómo se encuentra un líder de la talla de Hansen?

Decker y Christopher permanecieron en silencio durante un rato. Ambos sabían que no había más que añadir al asunto y que para cambiar de tema lo mejor era no decir nada y dar unos bocados al almuerzo.

– Bueno -dijo Decker por fin-, la última vez que hablamos por teléfono me dijiste que tenías algo que contarme. Algo relacionado con tus sueños.

– Ah, sí. Son unas clases a las que me apunté durante los dos últimos trimestres. Me las recomendó el subsecretario Milner.

Decker, que hasta ahora había hablado más que comido, aprovechó que era Christopher quien hablaba para empezar a dar cuenta del almuerzo.

– La primera clase era sobre el pensamiento de la Nueva Era y las religiones orientales como el budismo, el taoísmo y el sintoísmo. El subsecretario Milner era uno de los encargados de preparar el contenido de las clases.

– Creía que Milner era católico -dijo Decker.

– Lo es. Ésa es una de las cosas más interesantes de las religiones orientales, no exigen exclusividad. Puedes ser católico, protestante, judío, musulmán, hindú o de cualquier otra religión, no importa. Creen que hay muchos caminos para llegar a Dios y que es un error sugerir que sólo existe un camino hacia él. El subsecretario Milner contó que el primero que le habló en detalle de las religiones orientales fue el secretario general U-Thant. Bueno, el caso es que la otra clase trataba de temas como los estados de conciencia alterados, la canalización y la proyección astral.

– Sí, sé que todo eso está muy de moda. Hay muchos adeptos al movimiento Nueva Era en Naciones Unidas. No es que quiera criticar, pero la verdad es que me suena todo bastante estrambótico.

– Ya -contestó Christopher-, lo mismo pensaba yo al principio. Las clases no es que profundizaran mucho, pero aprendí un montón. Aunque hay cosas que todavía me parecen un poco absurdas, creo que es posible que tengan razón en algunas otras. Leí un poco acerca del movimiento Nueva Era hace ocho o nueve años, cuando me enteré de cuál era mi origen. ¿Recuerdas que cuando le hablé al tío Harry sobre el sueño de la crucifixión me hizo leer algunos extractos de la Biblia para ver si con eso refrescaba la memoria?

– Sí, claro -contestó Decker.

– Pues bueno, no me limité a leer lo que el tío Harry me dijo. Me leí la Biblia entera, desde el Génesis al Apocalipsis. Luego sentí un gran interés por saber lo que decían otras religiones. Así que me leí el Corán, el Libro de Mormon, Dianética, Ciencia y Salud con clave a las Escrituras, y como una docena más de libros religiosos. Después de haberme criado junto al tío Harry creo que me sorprendió descubrir que mucho de lo que decían aquellos libros tenía más que sentido. Había libros que hablaban de cosas como el karma y la reencarnación, la meditación y las proyecciones astrales.

– ¿Proyecciones astrales? -preguntó Decker-. Ya las has mencionado antes, ¿qué son exactamente?

– Verás, como casi todo en las religiones orientales, resulta muy sencillo si te paras a pensar en ello. Casi todas las religiones hablan de que el hombre está compuesto de cuerpo y espíritu. La proyección astral es un proceso que se emplea durante la meditación y que supuestamente permite al sujeto viajar en forma de energía espiritual a otros lugares mientras el cuerpo permanece en el mismo lugar.

– Ah, sí. Ya he oído hablar de eso; Jackie me contó algo sobre ello hará unos meses. Pero eso no son más que tonterías -dijo Decker, dispuesto a dar por zanjado el tema.

– A lo mejor no -dijo Christopher. Su expresión decía que allí no quedaba la cosa.

– ¿Lo has intentado? -preguntó Decker, consciente de que Christopher no era de los que se creen algo tan absurdo sin haberlo sometido antes a su escrutinio.

– Sí -contestó Christopher-. La primera vez, hace ocho años.

La revelación cogió a Decker totalmente de sorpresa.

– No me lo habías contado nunca.

– Bueno, como dices, sonaba bastante absurdo, sobre todo antes de apuntarme a esas clases.

– Y ¿adónde viajaste en tu proyección astral? -preguntó Decker incrédulo.

– Al Líbano -contestó Christopher.

Decker posó los cubiertos y se quedó mirando fijamente a Christopher, dudando si hablaba en serio. Pero al parecer sí lo hacía. Por fin se decidió a romper el silencio.

– Christopher la noche antes del Desastre estuvieron en casa tus tíos Martha y Harry. Martha le contó a Elizabeth que antes de mi huida tú ya sabías que volvería pronto a casa. ¿Recuerdas habérselo contado?

– Sí, señor.

– ¿Cómo lo sabías?

– Yo estuve en el Líbano contigo. Fui yo quien te desató.

Decker tragó saliva.

Tras una pausa, Christopher continuó.

– Como decía, además de la Biblia me leí una docena más de otros libros religiosos, incluidos algunos que trataban sobre las proyecciones astrales. Como me pareció un tema interesante, leí todo lo que encontré sobre el asunto. Y luego lo intenté. Para mi sorpresa, era muy fácil. Al principio sólo viajé a sitios que conocía, luego empecé a aventurarme más lejos. Intenté llegar hasta ti en varias ocasiones, pero incluso después de encontrarte, no me veías. Fue entonces cuando intenté aparecerme en uno de tus sueños. ¿Recuerdas el sueño?

Decker consiguió por fin articular palabra.

– Sí. Pero hasta ahora siempre había pensado que no había sido más que eso, un sueño. Nunca se lo he contado a nadie, sólo a Tom Donafin, justo después de escapar, y a Elizabeth. Por lo que decía tu tía Martha, pensé que a lo mejor habías tenido una premonición o algo parecido sobre nuestra huida, pero jamás imaginé algo así. ¿Por qué no me lo habías contado?