Выбрать главу

– Vamos de mal en peor, Page.

En un principio creí que podríamos concedernos un compás de espera hasta haber analizado todos los puntos.

Pero nunca paro en casa y tú estás muy irascible.

Vivo dividido en mil pedazos.

Cada vez que vengo veo el rostro anhelante de Andy, o la expresión de tus ojos, tan coléricos y dolidos, o bien compruebo mi propia reticencia a visitar a Allie…

– Además, Stephanie le presionaba para que se mudara a su piso, pero él aún no tenía la total certeza de estar preparado-.

Quizá debería instalarme solo en un apartamento.

Yo preferiría quedarme aquí, pero mi presencia no beneficia a nadie.

Lo había meditado largo y tendido.

En un primer momento Page también quiso que Brad siguiera viviendo en el hogar conyugal, pero no a costa de tanto sufrimiento.

Así era una pesadilla, y ambos lo sabían.

Debían admitirlo.

Su matrimonio había terminado.

Aspiró hondo antes de expresarlo con palabras.

Una vez las hubo dicho, apenas podía creer que hubieran salido de sus labios.

Si alguien se lo hubiera pronosticado un mes atrás le habría tildado de loco.

– Opino que debes marcharte -aseveró en poco más que un suspiro.

– ¿De veras? -inquirió él con estupor.

En cierto modo, era un descanso oírla hablar así.

– Sí -dijo Page, moviendo despacio la cabeza-.

Ya es hora.

Todas estas semanas hemos vivido en un permanente engaño.

Me temo que lo nuestro había acabado mucho antes de que yo lo supiera.

Tú nunca me habrías confesado lo que hacías, que llevabas una doble vida, a menos que en el fondo de tu corazón estuvieras decidido a abandonar la actual.

El día que me lo dijiste no fui capaz de entenderlo.

– Quizá tengas razón -convino Brad-.

Y quizá entonces debería haberme callado.

– Pero ahora no podía volverse atrás, no podía retractarse…

y tampoco lo deseaba-.

Me gustaría conocer las respuestas, Page.

– Y a mí también.

– Page estudió los ojos de Clarke, meditando cómo habían llegado a aquel callejón sin retorno.

¿¡El accidente de Allie fue la causa o sólo el elemento catalizador? Su relación tenía que estar ya resquebrajada, o de lo contrario no se habría hecho añicos tan fácilmente-.

Siempre creía que vivíamos muy unidos -se lamentó al evocarlo-.

Ni siquiera ahora consigo discernir en qué nos equivocamos, qué hicimos…

o qué dejamos de hacer.

– Tú no tienes nada que reprocharte -dijo él honestamente-.

Soy yo quien ha pasado largo tiempo jugando a dos bandas.

¿Cómo ibas a saberlo? -Sí, claro -susurró Page, de súbito reconfortada por no haberse enterado antes.

Los dieciséis años que habían compartido serían ahora un recuerdo entrañable.

Aún le costaba creer que se hubieran ido a pique -.

¿Qué le diremos a Andy? -Su faz volvió a ensombrecerse.

Era demencial estar allí sentados dirimiendo sus problemas como quien hace los preparativos de una fiesta, un viaje o un funeral.

Aborrecía cada minuto de aquella conversación, pero era inevitable y no debía flaquear-.

Tenemos que hablar con él cuanto antes.

– Estoy de acuerdo.

Supongo que habrá que decirle la verdad, que soy un completo imbécil.

Page sonrió a su marido en la penumbra.

Algunas veces sí que era un imbécil, pero todavía le amaba, pese a saber que estaban sentenciados.

Aunque su destrucción sólo había durado tres semanas, era ya insoslayable.

Los cimientos de su matrimonio se habían socavado y finalmente toda la estructura se derrumbó.

De hecho, había sido un proceso progresivo.

Y su ignorancia de lo que se preparaba no había disminuido el impacto del derrumbamiento.

Los escombros caían en cascada.

– ¿Adónde piensas ir? -preguntó sin perder la calma-.

¿Te quedarás a vivir con ella? Ya se había quedado, al menos parcialmente, a juzgar por las revelaciones telefónicas de su conocida.

– Todavía no lo sé.

Stephanie lo quiere, pero necesito un respiro.

– No iba a ser fácil para la nueva pareja.

Su relación se había edificado sobre el engaño, el sexo y la trampa.

Era muy difícil consolidar nada con tales bases, y Brad empezaba a vislumbrarlo-.

¿Cuándo quieres que me marche? Por un instante, Page anheló que aún pudiera ser el hombre que ella siempre había soñado.

Pero era eso, un sueño.

– Antes de que marquemos más a Andy y a nosotros mismos -dijo con más aplomo del que sentía-.

Nuestra vida se deteriora a pasos agigantados.

– Estás muy indignada, y con razón -reconoció Brad.

Aquélla era la conversación más civilizada que habían mantenido desde el fatídico accidente.

Era una lástima que sólo hubieran recuperado el sentido común para poner el colofón-.

Procuraré no agravar las cosas mientras me organizo.

Mañana tengo que ir a Nueva York.

Regresaré el jueves, y tal vez el fin de semana ya haya resuelto algo.

¿Cuánto tiempo crees que pasará aquí tu madre? -Era complicado zanjar su matrimonio y su mudanza definitiva con la suegra en la habitación de huéspedes.

Pero la respuesta de Page le dejó boquiabierto.

– Mañana por la mañana les pediré que se marchen.

No quiero tenerlas más tiempo en mi casa.

Es perjudicial para mí…

y para Andy.

Page se estaba desprendiendo de todos: de él, de su madre y de Alexis.

Cada uno a su manera, la utilizaban y la herían, y aquella misma noche, durante su charla con Trygve y también luego, tras el conato de fuga de Andy, había comprendido que era el momento de cortar.

– No sabes cuánto te respeto -dijo Brad quedamente, sintiendo la brisa nocturna-.

Siempre te he respetado.

Ignoro en qué instante comencé a fallar.

Supongo que fui incapaz de apreciar lo mucho que podías darme.

– Tenía veintiocho años cuando se casaron, pero nunca había renunciado totalmente a la idea de que su libertad estaba por encima de todo, y ahora debía pagar un alto precio por su inmadurez-.

Te irá mejor en cuanto yo desaparezca.

Podrás rehacer tu vida.

– También me sentiré sola.

Esta ruptura no es sencilla para nadie -replicó Page, siempre sincera, y escudriñó a Brad en la penumbra-.

¿Qué haremos con Allie? -No podemos hacer nada.

Eso es justamente lo que me desespera.

No sé cómo puedes pasarte los días y las noches sentada a su cabecera.

Yo enloquecería.

– Eso ya lo he asumido.

Pero ¿y si no vuelve en sí? -murmuró Page.

– Prefiero no pensarlo.

¿Y si despierta y ya no es nuestra Allie? ¿Y si queda igual que Bjorn Thorensen? Sabiendo cómo era antes, nunca lo superaré.

Pero, nos guste o no, habrá que aceptar lo que ocurra.

Al principio creía que había alternativas, luego he visto que no.

Aunque entonces quizá sí las teníamos.

Podríamos haber optado por no operarla y dejarla morir.

¡ Qué horror! Sin embargo, hicimos lo más apropiado y tampoco ha habido una evolución.

"Hay algo que querría decirte a ese respecto, Page.

Si Allyson permanece en coma indefinidamente, no debes encerrarte en el hospital, o arruinarás tu propia existencia.

Antes o después tendrás que tomar una decisión.

– Aquella observación todavía era prematura.

El siniestro se había producido hacía apenas tres semanas, y había posibilidades reales de que Allyson saliera del coma-.

No quiero que malogres así tu vida -insistió Brad, casi como una súplica-.

Mereces algo mucho mejor…

y mucho mejor de lo que yo podría ofrecerte.

Page asintió y ocultó el rostro entre las manos, tratando de no pensar en lo que sería de ella cuando Brad se fuese.

Alzó por fin la vista al cielo y contempló las estrellas, recapacitando por qué se había torcido todo y habían llegado tan lejos, cómo podía haberles sucedido aquella tragedia, a ellos…