Seguía aún cabizbajo cuando entraron en la habitación de Chloe.
Page estaba maravillada de su reacción.
No había llorado ni había demostrado un miedo excesivo.
Y con Chloe todavía se portó mejor.
Bjorn se hallaba presente, también de visita, y al poco tiempo los dos muchachos jugaban, reían, corrían por los pasillos y se perseguían entre las atareadas enfermeras.
– Más vale que les saquemos de aquí antes de que nos expulsen a todos -dijo Trygve con una sonrisa.
Luego miró a Page más seriamente y preguntó-: ¿Cómo le ha ido en la UCI? -Ha estado fantástico, muy valiente y a la vez sensible.
Ha dejado una gardenia en la almohada.
– Tu hijo es muy cariñoso.
Y hoy le veo más contento.
¿Cómo se encuentra? -Repuesto ya del disgusto.
Anoche, Brad y yo tuvimos una larga charla después de que todos os fuerais.
Va a marcharse de casa.
Todavía no sé cómo se lo diremos a Andy.
– Qué complicado es todo, cverdad? Trygve asió la mano de Page, rescataron a sus juguetones chicos y, ya en el exterior, Thorensen les invitó a tomar una pizza.
– ¿O tienes que preparar la cena para tu madre y tu hermana? -De eso, nada.
Las he mandado a casa en el avión de las cuatro.
– Más que risueña, Page estaba en éxtasis.
– Tía Alexis es un poco misteriosa -terció Andy, que les había escuchado-.
Se pasa el día entero en el cuarto de baño.
Aquella noche lo pasaron muy bien juntos, en agudo contraste con la víspera.
Los dos muchachos bromearon, alborotaron y devoraron sus enormes pizzas, y los adultos tuvieron ocasión de conversar y de vivir unas horas de normalidad, lejos del hospital.
Page incluso habló de sus actividades artísticas.
Tenía pensado alquilar un estudio cuando Allie saliera de la U C I, o bien cuando establecieran algún tipo de rutina.
En cualquier caso, quería dedicarse más profesionalmente a la pintura y cobrar por sus murales.
– ¡Bravo por ti! -la alentó Trygve-.
Deberías haberlo hecho años atrás.
Tus obras son sensacionales.
Ella también lo era.
A Trygve le cautivaba más y más cada vez que la veía.
Concluida la cena, llevó a los dos Clarke a su casa y se excusó de no poder hacerles un rato de compañía, pero Bjorn debía acostarse temprano.
Además, Chloe volvería a casa al cabo de una o dos semanas, lo cual le tendría muy ajetreado en los días venideros.
No obstante, abrigaba la firme intención de reservarle un tiempo a Page e ir al hospital en caso necesario.
Y deseaba asimismo ocuparse de Andy.
Si Brad les abandonaba, al comienzo sería duro tanto para la madre como para el pequeño.
Trygve quería ayudar a su amiga a empezar de nuevo.
Esperaba que Allyson no les diera ningún nuevo susto.
Ya habían sufrido bastante y, con las otras vicisitudes que amargaban la existencia de Page, Trygve temía que no pudiera sobreponerse por completo a una fatalidad.
CAPITULO XIV
Brad volvió de Nueva York el jueves por la tarde, pero Page no le vio.
Aquella noche no fue a su casa de Ross, y al día siguiente, cuando a la hora del almuerzo acudió a visitar a Allyson, ambos se cruzaron.
Las enfermeras informaron a Page de que su esposo había pasado por la UCI a mediodía.
Luego, al regresar a casa tras haber recogido a Andy en casa de Jane, le encontró haciendo el equipaje.
La puerta de su dormitorio estaba cerrada, pero habían visto el coche en el garaje.
Andy irrumpió en la habitación para saludarle.
Brad pegó un brinco y giró en redondo.
Había dos maletas en el suelo, otra abierta sobre la cama y prendas desparramadas por todas partes.
Al reparar en ellas, a Page se le paralizó el corazón.
– ¿Qué haces, papá? -preguntó Andy.
Desde luego, no era ésta la manera en que Page hubiera querido que se enterase.
Brad la miró desde el centro de la estancia y ambos supieron que no tenían elección.
– ¿Te vas de viaje otra vez? -insistió el niño con inquietud.
– Algo así, campeón.
Clarke se sentó en el borde de la cama y acomodó a Andy sobre sus rodillas.
Page les contemplaba con un nudo en la garganta.
Ültimamente su vida se había convertido en una sucesión de despedidas y tragos amargos.
– Me traslado a la ciudad -dijo Brad.
¿Yo también? El niño estaba anonadado.
Nadie le había alertado de ninguna mudanza.
– No, tú te quedarás aquí con mamá…
Brad iba a decir nny con Allie,n, pero se interrumpió a tiempo.
¿Quién podía saber si ella regresaría algún día? ¿Vais a divorciaros? -inquirió el niño.
Las lágrimas se agolparon en sus ojos.
Brad se apresuró a abrazarle.
– Tal vez.
Todavía no está decidido, pero nos ha parecido una buena idea que yo me ausente temporalmente.
Tu madre y yo hemos tenido diferencias muy fuertes.
– ¿Es porque me escapé la otra noche, papá? ¿Por eso te marchas? -¡No! Hacía ya tiempo que quería hacerlo, y recientemente nuestra vida se ha complicado mucho.
A veces las cosas suceden así, sin más.
¿No será por el accidente? Andy necesitaba un motivo.
Pero quizá no lo había.
– Puede que sí.
No lo sé.
Hay momentos en los que todo se vuelve en tu contra…
pero eso no significa que no te quiera, ¿me oyes? Siento adoración por ti, y tu madre también.
Los dos estaremos siempre a tu lado.
Podrás visitarme los fines de semana y algunos días sueltos.
Page cayó en la cuenta de que tendrían que someterse a calendarios de visitas y pactos con abogados.
¡Qué intrincado era todo! ¡Qué burocrático y oficial! Detestaba que fuese así, pero no podía modificar el curso normal de los acontecimientos.
Habrían de repartirse sus propiedades, los muebles, los regalos de boda que aún conservaban después de dieciséis años, la lencería, la plata, las toallas.
Repentinamente su vida se había vuelto mezquina.
– ¿Dónde vivirás, papá? ¿Te has comprado una casa? -Me instalaré en un apartamento.
Tendré un número de teléfono privado al que podrás llamarme siempre que te apetezca, y también puedes localizarme en la oficina.
Andy rompió a llorar en los brazos de su padre.
– No quiero que te vayas -balbuceó, conmocionado.
Page también sollozó al mirarles.
Era espantoso.
– Ni yo tengo ganas de marcharme, hijo, pero es necesario que lo haga.
¿Por qué? El niño no lo entendía y, viéndoles juntos, Page tampoco.
¿Cómo podían haberse dejado arrastrar? ¿Por qué habían sido tan estúpidos? -Es difícil de explicar.
Se nos han acumulado los problemas.
– Pues solucionadlos.
Era una sugerencia razonable y Brad sonrió a Page entre lágrimas.
¡ Ojalá pudiera! Pero la verdad era que no quería solventar nada.
Estaba feliz con el cambio.
Ansiaba tener su propia vida, su piso…
y a Stephanie.
La nueva aventura le ilusionaba mucho, y a ella también.
Había planeado irse a vivir con Clarke al cabo de uno o dos meses.
Solamente cuando volvía al hogar conyugal, cuando veía cómo les afectaba a todos, Brad se arrepentía de dejarles.
Pero era lo bastante inteligente como para saber que, si no se iba, acabaría haciéndolo sin previo aviso a la menor oportunidad.
Estaba resuelto a separarse, por mal que le supiera y a pesar del cariño que le profesaba Andy.
– Quédate, papá -imploró el niño.
Page sintió náuseas.
– No debes insistir.
Es lo mejor para todos.
Confía en mí.
– ¿Qué dirá Allie cuando vuelva? Andy se agarró a un clavo ardiendo.
– Tendremos que explicárselo también a ella.
El pequeño fue a buscar refugio en su madre y, al estrecharle ella contra sí, desahogó toda su congoja.