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– Uno es el suyo, uno tiene que ser.- Ella lo registró y embolsó el segundo programa de mano, luego hizo una -llamada al enlace de Jo Jennings.

Su madre respondió. Parecía agotada ahora, pensó Eve. Cansada.

– Sra. Jennings, tengo que hablar con Jo. -

– Teniente, mi niña está destrozada. Simplemente… devastada. ¿Sabe usted que se está culpando a sí misma? Se echa la culpa a sí misma por no decirle a nadie que Deena estaba viendo a un chico. Lo único que hizo fue mantener su palabra a su mejor amiga, pero ella está aplastada por la culpa de eso ahora.-

– Puede ayudarla hacer algo para ayudar. Sólo quiero la confirmación de algo, si puede dármelo. Y podría ser muy importante para la investigación. -

– Muy bien. Muy bien. -La Sra. Jennings se frotó en la frente. -Ella está en su habitación. Ella apenas ha salido desde que llegó y… Ella puede estar durmiendo. No voy a despertarla si ella está durmiendo. -

Puso el enlace en espera. Eve utilizó su computadora para enviar un mensaje de prioridad al correo electrónico de Berenski en el laboratorio.

Hay posibilidad de obtener impresiones en el homicidio de MacMasters. Entregar lo antes posible. Esta es una prioridad. No me des ninguna mierda.

– Teniente. Jo está aquí. Me voy a quedar con ella. -

– Eso está bien. Jo, necesito saber si Deena fue con el chico que estaba viendo en secreto a una producción musical en la Universidad de Columbia. En mayo, el 15-

– No lo sé. -

– ¿No te lo dijo? Sé que le gustaba el teatro, se entusiasmaba con el teatro. Ella guardó programas de mano. Tenía una gran colección de ellos. -

– Se suponía que debía ir con ella esa noche y él la mató.- Las lágrimas saltaron y se derramaron.

– Pero no era la primera vez que iban a ir a ver una obra de teatro juntos, ¿verdad?-

– El le dijo que le gustaba el teatro, también. Es sólo un mentiroso. -

Lo dijo con fiereza, con amargura. -Sólo un mentiroso.-

– Teniente, eso es suficiente.-

– Un momento. Dieciséis de mayo, Jo. Se habían estado viendo durante unas cuatro semanas. Fue un musical sobre los estudiantes universitarios hecho por estudiantes universitarios. Apuesto a que lo disfrutó. -

– Shake It Up-.

– Eso es correcto. ¿Ella fue con él? -

– Fue como un aniversario. Un mes. Ella se reunió con él para cenar, después se fueron a la obra. Le dio un pequeño perro de peluche. -

Eve recordó la recogida de animales. -¿Qué tipo de perro?-

– Uno marrón y blanco pequeño. Si usted se frota las orejas dice Te amo. Mamá. -

– Está bien, nena, está bien. Eso es todo, teniente.

– Jo, tú me has ayudado mucho. Tú ayudaste a Deena hablando conmigo, recordando. -

– ¿Lo hice?-

– Sí, lo hiciste. Gracias. -

Jo volvió la cara hacia el pecho de su madre. La Sra. Jennings asintió con la cabeza a Eve, luego apagó.

Eva cogió la bolsa de evidencia, se acercó al escritorio de Peabody. -Puede que tenga algo. Dos programas de mano para una actuación de Columbia, una de sus mejores amigas confirma que Deena asistió con el UNSUB, en mayo dieciséis. -

– ¿Dos? Ella mantuvo la suya. -

– Parece lógico. Yo los estoy llevando al laboratorio ahora, personalmente. Tengo más búsquedas, pero esta unidad no se ocupará de ellas. Estoy trabajando desde casa después de ir al laboratorio-.

– Roarke está en EDD.-

– Mierda. Bueno, voy a verlo en casa más tarde. También tengo que ir por la escena. Le dio a Deena uno de los juguetes de peluche. Podría tener suerte allí. Voy a correr, a conseguir la cosa para el laboratorio a primera hora mañana. -

– Si llego a algo, mientras tanto, serás la primera en saberlo.-

– Sí, haz una secundaria, y agrega un airboard Anders. Negro con franjas de carreras plateadas. Deporte de calle. Es posible que lo haya comprado junto con los zapatos. -

– Lo tengo.-

Eva sacó su vínculo mientras se dirigía hacia el garaje.

Teniente-dijo Roarke.

– Tengo un trabajo de campo, luego voy a trabajar desde casa. Estoy saliendo ahora., ¡ah, Simplemente para tu información. -

Levantó la ceja. -Entonces, supongo que tendré que volver a casa. -

– Lo siento. Cuando lo hagas… vamos a hablar de eso después. -

– Si tú lo dices. Voy a estar allí… con el tiempo. Come algo, y no esperes por mí-, ordenó y cortó la transmisión.

Ella frunció el ceño ante la pantalla en blanco. Estaba molesto cuando lo oyó. No debería haber pedido un trabajo policial si iba a estar molesto porque no podía llevarlo de regreso a casa.

Ella lo cocinó todo el camino hasta el laboratorio, y entró preparada para masticar el corazón de Dickhead, si él le daba algún pero.

– ¿Qué es?- Ladró ante ella. -Es el puto final de la jornada para mí, ya me tienes aquí…- Se detuvo, palideciendo un poco mientras se deslizaba a una distancia segura. -Jesús, Dallas, ¿me acabas de gruñir?-

– Voy a hacer algo más que gruñir. Voy a arrancar tu hígado con mis propias manos y me lo comeré. -Ella golpeó los dos programas de mano sellados hacia abajo. -Uno de ellos va a tener sus huellas. Quiero sus malditas impresiones y a la mierda tu final del turno-.

– Hey, hey, hey. Hubieras utilizado al menos un soborno decente. No es que me gustara tener uno, en virtud de las circunstancias -, añadió a toda prisa. -Simplemente decía-.

Con los hombros encorvados, tomó uno de los programas de mano con las pinzas, lo colocó en una gasa estéril. Corrió un escáner en la parte delantera, introdujo algo en su computadora. Dejó escapar un largo suspiro de sufrimiento.

– Tengo manchas, muchas de ellos, algunas parciales, -un par decentes y eso sólo en la cubierta de uno. ¿Sabes cuántas personas manejan este tipo de cosas? ¿Tienes las personas para compararlos, empaque, embarque, desempaque, distribución, entrega?. -

– Quiero todas las impresiones, y las manchas en ellos, dentro y fuera analizado e identificado-.

– No es un complemento de mierda. Lo haremos, vamos a lograr que se haga, pero no es muy fácil con esta mierda, muchas manos sobre ellos-.

– Sólo consigue las impresiones. Yo voy a hacer la eliminación. -

– Por supuesto que lo harás. -Señaló a donde ella estaba -o se sentaba- en sus trece. -Tenemos lo que pediste esta mañana. He trabajado yo mismo, y puse dos de mis mejores en ella. Hicimos nuestro trabajo, y vamos a hacer esto, también. Así que no saltes a mi garganta. -

Debido a que respetaba su enojo y su orgullo mucho más que su lloriqueo y mentira, ella asintió con la cabeza. -El hijo de puta que mató a Deena MacMasters manejó uno de estos. Tuvo que hacerlo. No tengo una cara, no tengo un nombre. Tengo líneas, avenidas y ángulos, pero no tengo un sospechoso viable. Vamos a llegar el final de las primeras cuarenta y ocho horas, y no tengo ningún sospechoso. -

– Vamos a conseguir lo que necesitas-.

Dio un paso atrás, las manos en los bolsillos. -Dos puestos en caja, al lado de la base tercera, los Yankees, primer partido en casa en julio.-

Él le enseñó los dientes en una sonrisa. -Eso está mejor.-

Qué demonios, pensó mientras caminaba de regreso a su coche. Él se lo había ganado.

Empezó a dirigirse de nuevo a la parte alta, hacia la casa, entonces se dio cuenta que no estaba tan lejos, no realmente, de la nueva casa de Louise en el West Village. Un desvío rápido, y podía cumplir con su deber.

Probablemente Louise ni siquiera estaba en casa. Probablemente. Y si Charles estaba podía decir que paró en el camino a casa para ver si había algo que podía hacer para el sábado.

Ella se había descolgado, y no estaría más de treinta minutos.