Выбрать главу

Reconocido. Iniciando…

– Búsqueda secundaria: la misma imagen, misma Directiva, para con los estudiantes enlistados en el archivo Lapkoff-Columbia-C-.

Reconocido. Iniciando búsqueda secundaria…

– Podría tener suerte allí, lo encuentran en la lista corta antes de que Jamie haga la mitad de Morningside Heights. Muy bien. Ahora, mientras los datos se están corriendo, puedo añadirlo a la mezcla y…

Él le apartó, tocó una serie rápida de teclas. -Terminó, hace unos minutos. Y sí, hicimos una actualización en su sistema la tercera semana de marzo. ¿Quieres una búsqueda en tercer lugar, con estos datos?, lo hago. -

– Afirmativo-.

Ordenó él mismo el trabajo. -Yo diría que es hora de más café, y tendría que ir al laboratorio para tener el mío.-

– No es necesario-

– Ese no es el punto, ¿verdad? Yo no voy a dejar que un sinvergüenza me venza. Llévalo, teniente, y así yo seguiré. -

Ella consiguió su propio café, y luego agregó los dos bocetos a su tablero. A medida que su equipo trabajaba, rodeó el tablero y consideró la teoría de Roarke. Piratería o robo de identidad. Un chico tendría que perfeccionar su oficio, ¿no? Y una versión más joven del hombre en su tablero podría haber cometido un par de errores. Resbalar un poco, aprender todos los detalles.

Una mancha pequeña en su registro como menor, reflexionó. Podemos añadirlo, sí que podemos. Podemos añadir esa posibilidad. Tal vez de vuelta a casa, siempre que la casa fuera el infierno.

Palos cerca de la verdad, ella recordó. Él le había dicho a Deena que había tenido un pequeño encuentro con la ley sobre ilegales. Tal vez las había tenido con delitos cibernéticos en cambio.

Dejó que el equipo continuará su búsqueda y se sentó con su PPC para ejecutar penales, por delitos menores, con los datos que había acumulado de Roarke y Columbia.

No le sorprendió encontrar tantos. El policía en ella se sorprendía más cuando alguien conseguía pasar por la vida sin una mancha o una multa o una detención.

Ella comenzó el laborioso proceso de análisis, eliminando, separando los posibles. Una vez más, perdió la noción del tiempo, y casi dejó caer su tercera taza de café cuando su vínculo sonó.

– Dallas-. El rostro de Jamie le dijo lo que quería oír. -Lo he conseguido. Creo que lo tengo. Es una coincidencia de noventa y siete punto tres de probabilidad. Es de cinco años atrás, y sólo tuvo un semestre y medio, pero…

– Mándamelo. En la pantalla, ahora, -le ordenó mientras la transmisión zumbaba.- Ella se quedó mirando la foto de identificación. -Buen trabajo, Jamie. Apaga todo lo que tienes allí, limpia la búsqueda. -

– Es él, ¿no? Es el hijo de puta que mató a Deena-.

Ella miró los ojos cansados y furiosos de Jamie. -Hiciste un buen trabajo-, repitió. -Vamos a vernos por la mañana. Vete a casa. Duerme un poco. -

Ella sabía que quería discutir, era evidente en su rostro. Pero él sacó un-Sí, señor. -

Cortó la transmisión y luego se volvió a la pantalla para estudiar otra cara joven y atractiva.

– Hola, Darrin Pauley. Eres un hijo de puta. -

En el laboratorio, Roarke se trenzaba en una lucha. Había agarrado la cola amorfa del fantasma y estaba luchando para mantenerlo. -¿Lo ves?-, Exigió.

En una pantalla de pared, los ojos de Feeney se redujeron a rendijas. -Lo veo, ¿tengo ojos, no?. Es necesario volver a calibrar el bypass, entonces-

– Estoy muy jodido para hacer eso.- Roarke giró hacia otra computadora, introdujo otro código.

– Puedo pelear desde aquí.- En otra pantalla, McNab se movió. -Si agarramos la parte de atrás desde aquí…

– Sigue trabajando para mejorar, espetó Feeney. -Ya lo tengo.-

– Roarke-.

– ¡Ahora no!- Le disparó Roarke a Eve, y a los dos hombres en las pantallas de pared.

– Jesús, una pared geek-, murmuró. Entonces vio a otra imagen, una sombra en las sombras.

– Lo estás sacando.-

– Lo hemos conseguido, pero con las uñas ensangrentadas. Calma. Si no puedo bloquear esto, tendremos que hacerlo todo de nuevo. -

Mientras miraba, la pantalla comenzó a desdibujarse con puntos blancos. Oyó a McNab decir: -¡No! Maldita sea, ¡no! Es otra cepa. Jesús-.

– No esta vez-, espetó Roarke. -El patrón está allí. Invierte el código, cada secuencia. -

Eve podía ver el brillo de sudor en el rostro de Feeney, escuchar la férrea determinación en la voz de Roarke.

Los puntos en la pantalla se desvanecieron.

– ¡Lo hicimos!- gritó McNab.

– No del todo, sin embargo,- la voz de Roarke sonó un poco aliviada. -Pero lo hicimos sangrientamente bien.-

No sabía lo que estaban haciendo, pero la sombra que pantalla brillaba que parecía se desvanecería. Luego se estabilizó, se silenció.

– Cerrado- dijo McNab. -Hemos encerrado al hijo de puta. Le sacudimos al maldito. -Él saltó para arriba en una danza de la victoria.

– Cristo-. Roarke se inclinó hacia atrás. -Me vendría bien una pinta.-

– Me vendría muy bien tener una, también. Buen trabajo, para cada uno de nosotros maldición -, dijo Feeney.

– Ah… ¿qué es eso?- Cuando Eve hizo un gesto a la sombra, todos los ojos, en la pantalla o en la sala, se volvieron a mirarla.

– Rompimos el virus-, le dijo Roarke. -Hemos reconstruido esta imagen distorsionada de los píxeles. Realizamos un milagro sangriento. Y no, no es eso. Eso es todo por ahora. -

– Vamos a empezar a mejorarla, definirla, limpiarla-, le dijo Feeney, luego tomó un largo trago de una botella de cerveza. -Va a tardar horas, tal vez un día, pero está ahí, y lo podemos sacar. Y ya que estamos haciendo eso, tenemos la secuencia y la codificación de bloqueo para obtener el resto de ella. Vamos a ser capaces de ver al hijo de puta caminando justo en la puerta.

– Eso va a ser el límite a la misma. Mientras tanto, gracias a Jamie, tengo un nombre, y un punto de origen. Darrin Pauley, edad veintitrés años. Según los datos declarados vive en Sundown, Alabama, al sur de Mobile, con su padre, Vicente Pauley. No tengo ninguna conexión de un Pauley con MacMasters-todavía, pero encaja a la perfección, hasta su sonrisa tímida. -

– Él no es más de Alabama que mi culo-, dijo Feeney.

– No, pero su padre lo es. Le corrí, y él tiene trabajo remunerado, vive con su esposa y su hija de doce años de edad, en Sundown-.

– Podría ser un ciego-, sugirió Feeney.

– Podría, pero el parecido es notable. Él tiene que ser entrevistado, ahora, y cara a cara. -

Roarke miró al equipo que había empezado a disfrutar de nuevo. -Supongo que vamos a Alabama esta noche. -

– Supones correctamente.-

CAPITULO CATORCE

TENÍA QUE APRECIAR EL ESTAR CASADA CON UN HOMBRE que podía llamar a uno de sus propios jets privados en un chasquido de dedos y pilotarlo si lo deseaba.

En este caso, lo hizo, y fue una gran ventaja. Podía sentarse, seguir haciendo carreras, discutir con Peabody, teorías que rebotaban en su piloto personal, y básicamente ignorar la vista fuera del parabrisas.

– Yo habría estado lista en cinco minutos-, se quejó Peabody. Su rostro puso mala cara en la pantalla mientras que en el fondo McNab continuaba su e-trabajo en incomprensible geek.

– Hubieras tardado un mínimo de treinta minutos para acceder al transporte. No ibas a estar allí, Peabody. No vamos a perder el cuello, por el amor de Cristo. Y te necesito justo donde estás, para cavar y encontrar una dirección en Nueva York o de contacto de Darrin Pauley. Empleo, licencia de conducir, criminal, finanzas, medico. Todas y cada maldita cosa. -