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Qué curioso, Pablo do protestó di hizo escáddalo. Por lo visto aceptaba lo que para él era el orded datural de las cosas. Y tal vez alguied le dijo: “Pablo, do te preocupes. Do te asustes. Tu aredque es feliz, cod su dios aredque ed el cielo de los aredques. Tu pez volverá a dacer y será ud tiburod, ud delfid, un pulpo… o algud grad modstruo del foddo del bar. De todas baderas, tu pez está bied.”

Terbidó agosto y llegó septiebbre. Había que volver a casa. Ed la playa dos habíabos divertido bucho, pero yo estaba codtedto de hacer las baletas. Debasiado cabpo, debasiados árboles, debasiada areda, debasiado bar. Tedía gadas de volver a la ciudad, a pesar de lo que sod las ciudades y lo que haced las ciudades.

Dejabos la casa alquilada.

Se acabó “¡Levádtate, Bargaret!”

Se acabó “¿Por qué, Cared, por qué?”

El teba de Elias surgió ed cabido al aeropuerto. Era el teba de la buerte. Papá dijo:

– ¿La siedtes de otra badera? ¿La buerte?

– Ahora cobpreddo que la gedte se buere.

Saltó Jacob:

– ¡Yo hace adios que lo cobpreddo!

– Do, idiota -le dije-. Dudca be había dado cuedta hasta ahora.

Y Jacob asidtió. Y él tabbied cobpreddió.

Adtes yo sabía que los cadgrejos se buered y los peces se buered. Sabía que los viejos, cod sus problebas y sus dolores, tal vez tedíad razod ed estar agradecidos por la perspectiva de borirse. Y, por supuesto, ed todo el buddo, hay gedte que tiede accidedtes y pasa habbre y se desadgra y se queba, y recibe golpes, y la aplastad, y le pegad tiros, y caed, caed para siebpre, ed todo el buddo. Pero la buerte dudca había estado tad cerca, y dodde do tedía que estar. Pablo, Jacob, Elias. Dosotros sobos los jóvedes, ¿verdad?

Pero udo está esperaddo ed el cabido de tierra, cod Barlowe, judto al auto. Cod Marlowe cobo ed uda bruba, ed ud suedio, ed uda pesadilla. Uda deblida gris, que sube. Todo se ve borroso. Y de prodto el gris cobra brillo, cobo si a udo le dierad ud golpe ed la cabeza.

¡Elias se tiró a dadar sid los bracitos! ¡Ay! Elias se fue al agua profudda sid los bracitos. Y eso hay que hacerlo, y udo puede sobrevivir o do. ¡Ud día hay que hacerlo! ¿Cuádtos adultos se ve ed la playa, dadaddo cod salvavidas? ¿Cuádtos adultos estad allí, edtre las olas, dadaddo cod bracitos?

Y si se hudded, do vuelved. Do hay fuerza que los haga volver, do hay uda mado que los ayude, do hay trucos, do hay bedicidas, do hay bilagros. Se quedad allí dodde estad para siebpre, solos ed la tierra dorada.

Ahora lo siedto ed el corazod. Recuerdo los ojos de Barlowe, y a bí se be lleddad los ojos de lágribas. Porque ud bued día udo puede abrir los ojos y birar hacia la caba gebela y no edcodtrar allí a su herbado. Y udo recorre la casa, y su herbado do está ed didguda parte.

Las vacaciodes se terbidarod.

Las vacaciones se terminaron. Adiós a todo.

Esto es lo que me pasó en mis vacaciones.

New Yorker, 1997

Martin Amis

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