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—Eres víctima de un campo nuevo: la medicina prospectiva. Verás, Robert, disponemos de prótesis con control en los cinco dedos, y que duran casi tanto como un brazo natural. Pero son un poco pesadas y el sistema de sensores está muy lejos del que crea la naturaleza. Por otra parte, hay tendencias muy claras en tecnología de regeneración de nervios y huesos. Aunque nadie sabe exactamente cómo sucederá, o si sucederá, hay bastantes probabilidades de que dentro de dieciocho meses puedan hacer crecer lo que tienes ahora para convertirlo en un brazo natural a todos los efectos. Y los médicos temen que cortar lo que te queda del brazo para encajar una prótesis encarezca la aplicación de la otra solución. Así que por ahora estás condenado a una solución que no hubiese impresionado ni a tu abuelo.

Y Robert se había limitado a asentir, sin quejarse. Cada día con ese peso muerto en el hombro era una pequeña penitencia, un recuerdo de lo cerca que su estupidez había estado de destruir otras vidas.

Miri ignoraba todo eso. Más todavía, consideraba la medicina prospectiva una estupidez. Miri creía en encontrar soluciones médicas uno mismo.

—Aquí tienes los tres equipos, Robert. Uno ha hecho crecer una pata de mono completa, otro se dedica a las prótesis muy ligeras de miembros completos y el tercero ha realizado avances en neurocodificación. Apuesto a que tus amigos de Comms-R-Us te pondrían en la vía rápida para ser conejillo de indias. ¿Qué te parece?

Robert tocó la cáscara de plástico, que era todo lo que quedaba de su brazo.

—Ah, la verdad es que me parece que cualquier acuerdo para que me crezca una pata de mono es demasiado arriesgado para mí.

—No, no, no acabarías con una pata de mono. La pata de mono no fue más que… —Luego adoptó la expresión de googlear—. ¡Robert! No hablo de ningún cuento. Intento ayudarte. Quiero ayudarte más que nunca. Te lo debo.

Sí, definitivamente ésa era la noche para sincerarse.

—No me debes nada.

—Bueno, yo no lo recuerdo, pero Bob me contó lo que vio. Pusiste el brazo para evitar el avance de la roca fundida. Lo sostuviste en esa posición. —Hizo una mueca de dolor imaginario—. Me salvaste, Robert. —Te salvé, niña. Sí. Pero yo creé el problema. Jugué con algo malvado… o con algo muy extraño.

—Estabas desesperado. Yo lo sabía. Simplemente no sabía hasta dónde llegarían las cosas. Así que los dos nos equivocamos.

Había llegado el momento de pedir perdón de rodillas. Pero antes tenía que hacerle saber por qué era imperdonable. Le costó pronunciar las palabras.

—Miri, tú te equivocaste intentando corregir la situación. Pero yo… yo soy el tipo que puso la trampa a tu madre que casi la mata. —Ya estaba. Ya lo había dicho.

Miri permaneció completamente inmóvil. Al cabo de un momento, bajó la mirada. Dijo en voz baja:

—Lo sé.

Ahora los dos se quedaron inmóviles.

—¿Bob te lo contó?

—No. Alice. —Alzó la vista—. Y también me contó que todavía no han conseguido descubrir cómo lo que hiciste logró hundirla. No pasa nada, Robert.

Y de pronto Miri se echó a llorar. Y Robert se arrodilló. Su nieta le pasó los brazos por el cuello. Lloraba a lágrima viva, estremeciéndose. Le golpeó la espalda con los puños.

—Lo siento mucho, Miri. Yo…

El gemido de Miri se intensificó, pero dejó de pegarle. Al cabo de medio minuto su llanto se convirtió en sollozos y luego en silencio. Pero todavía le agarraba. Habló entrecortadamente.

—Acabo de descubrir que… que Alice… Alice vuelve a entrenar.

Oh.

—¡Ni siquiera se ha recuperado! —Miri volvía a sollozar.

—¿Qué dice tu padre?

—Bob está desconectado esta noche.

—¿Desconectado? —«¿ En esta época?»

Miri se alejó de él. Se puso a limpiarse la cara con la manga para luego agarrar la cajita de pañuelos que Robert le había tendido.

—Desconectado de veras. Apagón táctico. ¿N o sigues las noticias, Robert?

—Ajá.

—Lee entre líneas. Bob está en alguna parte haciendo que las cosas brillen en la oscuridad. —Se frotó enérgicamente la cara y su voz recuperó cierta normalidad—. Vale, quizá no literalmente. Bob habla de esa forma cuando tiene que hacer algo que realmente no quiere hacer. Pero sigo de cerca los rumores y observo a Bob y a Alice. Con esos dos, se me da bien hacer suposiciones. A veces Bob está desconectado y yo leo sobre algo maravilloso o terrible que sucede en algún otro país. A veces Alice va a entrenarse y yo sé que alguien precisa ayuda o de lo contrario sucederá algo fatal. Ahora mismo, Bob está lejos y Alice se está entrenando. —Se tapó la cara con las manos un momento y luego siguió limpiándose la cara—. Mi suposición es que los rumores son ciertos. Algo terrible sucedió en el Disturbio de la Biblioteca, algo peor que lo de GenGen. Ahora las superpotencias están asustadas. Creen que alguien ha descubierto la forma de romper sus sistemas de seguridad. Alice casi lo ha admitido esta noche. ¡Ésa era su excusa!

Robert volvió a sentarse, pero en el borde de la mesa. Su gran confesión se había hundido en el abismo.

—Deberías hablar con Bob cuando regrese.

—Lo haré. Y él discutirá con ella. Ya lo has visto otras veces. Pero Bob no podrá impedirlo.

—Quizás esta vez Bob pueda recurrir a sus superiores o lograr que los médicos le apoyen.

Miri vaciló, aparentemente relajándose un poco.

—Sí. Esta vez es diferente… Me alegro de que podamos hablar, Robert.

—Cuando quieras, niña.

Pero Miri guardó silencio.

Al fin Robert dijo:

—¿Estás conspirando o googleando?

Miri cabeceó.

—Ninguna de las dos cosas. Intentaba llamar a alguien… pero no responden.

¡Ah!

—Miri, Juan está en Puebla visitando a su bisabuelo. Puede que no vista continuamente.

—¿Juan? No le llamaría. No es demasiado listo y cuando me hizo falta en Pilchner Hall resultó un inútil.

—¡Eso no puedes saberlo!

—Sé que bajé sola a los túneles.

—Miri, he hablado con Juan casi todos los días desde que empecé en Fairmont. No te dejaría colgada. Piensa en lo que realmente recuerdas. Los dos debisteis de conspirar para seguirme. Estoy seguro de que él cumplió. Juan podría ser un nuevo amigo, otra persona con la que hablar.

Por una vez, Miri se echó atrás.

—Sabes que no puedo hablar con él de esas cosas. No podría hablar de ellas contigo tampoco, pero tú ya las sabes.

—Eso es cierto. Hay cosas que no puedes decirle. Pero… pero creo que no se merece esto de ti.

Miri alzó los ojos para mirarle, pero no habló.

—¿Recuerdas que te dije que me recordabas a tu tía abuela Cara?

Miri asintió.

—Te encantó saberlo. Pero creo que sabes cómo traté a Cara. Fue como el incidente Ezra Pound, una y otra vez, durante años. Nunca tuve la oportunidad de compensarla; murió cuando no era mucho mayor que Alice ahora.

A Miri se le llenaron los ojos de lágrimas, pero sostuvo los pañuelos en el regazo.

—Así fui durante toda mi vida, Miri. Me casé con una dama maravillosa que me amaba profundamente. Lena aguantó todavía mucho más que Cara y durante muchos años más. Incluso después de alejarla de mí ya sabes cómo me ayudó en Al Final del Arco Iris. Y ahora también ha muerto. —Robert agachó la vista y por un momento sólo pudo pensar en las oportunidades perdidas. ¿Por dónde iba? Oh—. Por tanto… creo que se lo debes a Juan. Tomarla con él no está a la altura de mis pifias. Pero todavía tienes la oportunidad de hacerlo bien.