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Conejo se apoyó sobre la mesa de caoba de Alfred. Su reflejo en el barniz se movió en perfecta sincronía.

—Podrías preguntarlo. Y cuánta ignorancia demostraría esa pregunta. Sabes lo que debes buscar y aun así eso es todo lo que has descubierto. Piensa en lo invisible que debe de resultar para los americanos. Yo soy un fantasma que se manifiesta como movimiento browniano hasta que, voila!, las mandíbulas de mi operación se cierran. —Una sonrisa cruzó el rostro de Conejo. Agitó las orejas e hizo un gesto hacia el refugio de Alfred—. En cierta forma, en realidad es una simple demostración de principios… esas mandíbulas se cierran hoy sobre ti. Tú, la japonesa y el europeo creíais que me habíais engañado. ¿Qué queda ahora de vuestro anonimato, eh? ¿Eh?

Alfred miró furioso al animal. No hacía falta disfrazar su disgusto. Pero rezo porque eso sea todo lo que ha descubierto.

Conejo apoyó las patas delanteras en la mesa de Alfred y siguió charlando.

—No te preocupes, no estoy siendo tan comunicativo con tus amigos de las agencias japonesa y europea. Les daría un ataque de pánico… y éste es un proyecto con el que estoy disfrutando. Conozco gente nueva, aprendo cosas nuevas. Ya sabes. —Inclinó la cabeza, como si esperase alguna confidencia a cambio.

Alfred fingió pensárselo y finalmente le dedicó a Conejo un asentimiento juicioso.

—Sí. Si supiesen que la tapadera ha fallado, aunque sea ante alguien de dentro, probablemente abortarían la misión. Has hecho lo correcto.

Los números sobre la cabeza de Conejo iban cambiando. La información de enrutamiento era en su mayoría falsa, pero la latencia de la red —el retraso— hacía que los analistas tuviesen un ochenta por ciento de seguridad de que Conejo procedía de Norteamérica. Sin la ayuda de la gente de señales de la inteligencia europea, no iban a lograr una estimación mejor. Pero contarle a Günberk lo de aquella visita era algo que Alfred no quería hacer.

Así que tengo que tratar a este hijo de puta como si fuese un respetable colega. Alfred se recostó y adoptó una pose amable.

—Entonces, entre nosotros, ¿cuáles han sido tus progresos? Conejo lanzó lo que le quedaba de la zanahoria a la mesa de Vaz y cruzó las patas detrás de la cabeza.

—Eh. Casi he terminado de reunir el equipo de la operación. Ese archivo probablemente incluye algunos de sus miembros, incluido el estimado decano Blount. Puedo pagar a la mayoría de esa gente usando mis propios recursos. Uno de ellos podría participar guiándose sólo por su espíritu bondadoso de aventura. Los otros precisan incentivos que la riqueza de las naciones puede satisfacer. Y si hay algo que posee la Alianza Indoeuropea es la riqueza de las naciones.

—Siempre que no se pueda rastrear su origen y no parezca la riqueza de las naciones.

—Confía en mí. Si esos chalados se lo piensan, llegarán a la conclusión de que somos realmente señores de la droga de Suramérica. En cualquier caso, te tendré preparada su lista de los deseos dentro de una semana más o menos. Si todo sale según lo planeado, tendréis completo acceso a los biolaboratorios de San Diego durante casi cuatro horas, en algún momento a finales de diciembre.

—Excelente.

—Y luego quizá me digas qué buscáis en esos laboratorios.

—Creemos que los americanos traman algo.

Conejo alzó las cejas.

—¿Una Gran Potencia traicionando a los suyos?

—Ya ha sucedido antes. —Aunque no desde la primera mitad de siglo, en la confusión Sinoamericana.

—Ajá. —Durante un breve momento Conejo pareció incluso pensativo—. Confío en que me comunicarás lo que descubráis.

Alfred asintió.

—Si podemos mantenerlo entre los dos. —De hecho, que Conejo descubriese lo del proyecto TQC de Alfred le daría un nuevo significado a la expresión «peor resultado posible».

Por suerte, Conejo no siguió por ese camino.

—Hay una cosa —dijo la criatura—. Un último contacto, un tipo interesante… En cierta forma lo encuentro más interesante que todo vuestro espionaje de secretitos.

—Muy bien. —Alfred decidió aceptar todas las tonterías que soltase su interlocutor.

En el aire flotó la imagen de un chino de aspecto juvenil. La mirada de Vaz recorrió la biografía adjunta. No, el tipo no era joven.

—¿Ése es el padre de Bob Gu? Vas a juguetear… —Guardó silencio, recordando lo recientemente sucedido en Paraguay. Por un momento olvidó la necesidad de tomárselo con calma; algunas tonterías eran difíciles de tragar— Vamos a ver, la operación tiene que ser discreta. ¿Cómo vas a…?

—No te preocupes. Junior no me interesa en absoluto. Simplemente se trata de una de esas caprichosas coincidencias. Verás, el padre de Bob Gu es el suegro de Alíce Gu.

¿Cómo? Alfred intentó entenderlo. Luego se dio cuenta de que Conejo hablaba de Alice Gong. Oh. Conejo había abandonado la tierra de la estupidez y caminaba por las profundidades de la locura. Alfred se quedó mudo.

—Ah, ¿sabes quién es Alice? ¿Sabes que se está entrenando para realizar una auditoría completa de la seguridad de los laboratorios biológicos de San Diego? ¡Piénsalo! Muy pronto, los americanos le pedirán a Alice que refuerce la seguridad. Tenerla controlada es muy importante, viejo.

—Sí… —La Unión Europea y Japón lo dejarían de inmediato si se enteraban de que Alice Gong Gu se ocupaba del caso. Y es seguro que Alice detectará lo que estoy haciendo en esos laboratorios— ¿Qué propones?

—Quiero asegurarme de que Alice no esté protegiendo los laboratorios cuando entremos. Tengo a papá Gu en el sedal desde hace días. Pero la cosa va lenta. —Otra mirada dentuda de desafío—. Además… me muero por hablar directamente con él. Necesitamos un contacto zombi. —Apareció otra combinación de imagen y biografía.

—¿Un ciudadano indio?

—Soy de n sutil, ¿verdad? Sí, aunque los dos últimos años el señor Sharif ha vivido en Estados Unidos. No tiene ninguna relación con los servicios de inteligencia indoeuropeos. Me pondré en contacto con él como la ligera nube de coincidencias que soy. Si los americanos le identifican, será el señuelo perfecto. Tus amigos europeos y japoneses son demasiado cobardes para aceptar un plan así. Creo que tienes más arrojo. Así que he venido a avisarte. Cúbreme en esta situación. Mantén a tu gente alejada de Sharif. En ocasiones realmente seré yo.

Vaz guardó silencio un buen rato. No sabía que Alice Gong Gu se preparaba para una auditoría de los laboratorios de San Diego. Era una mala noticia. Una noticia muy mala. No era suficiente mantener a Gong alejada una noche. Entones tuvo una idea brillante. El genio de Alice era producto de un sacrificio horrible. Había dado con su secreto unos años antes; a su modo, ella arriesgaba más que Alfred. Y mi arma, incompleta como está, podría pararla en seco. Miró a Conejo.

—Efectivamente, tienes mi apoyo. Aunque sólo debemos saberlo nosotros dos.

Conejo se acicaló.

—Pero, sí puedo hacer una sugerencia —añadió Alfred, de un colega a otro—, es mejor que lo programemos todo para que Alice Gu esté de guardia la noche que entremos. Con la preparación adecuada sería posible sacar ventaja de su presencia.

—¿En serio? —A Conejo literalmente se le salían los ojos de las órbitas—. ¿Cómo es eso?

—Tendré los detalles dentro de unos días. —De hecho, ya sabía muchos detalles, pero no estaban destinados a los oídos de Conejo. Alfred ya estaba enviando los requisitos de la misión a su equipo interno. ¿Cuánto tiempo llevaría fabricar un pseudomimivirus apropiado para la debilidad concreta de Alice? ¿Cuál era el método de envío más seguro? Probablemente en aquel caso la infección indirecta no fuese lo más práctico. ¿Y cuál sería el mejor cuento para contar a ese maldito Conejo?