Выбрать главу

Conejo seguía mirándole expectante.

—Claro está —dijo Vaz—, hay aspectos de la cuestión que es mejor no revelar.

—Je. Claro. ¿Planes para conmocionar al mundo y todo eso? No importa, me contento con seguir siendo tu Gran Cortacircuitos Caído del Cielo. Mantendré el contacto. Mientras tanto… —De pronto vestía un uniforme gris con charreteras tachonado de medallas. Levantó el brazo en un saludo hitleriano—. ¡Larga vida a la Alianza Indoeuropea! —Con lo que la imagen de Conejo desapareció como el truco barato que era.

Alfred permaneció sentado, inmóvil, casi dos minutos, sin responder a los gritos de alarma que recorrían la red de la oficina, sin responder a los distintos análisis del personal que se iban generando. Alfred estaba reordenando sus prioridades. No se había enterado antes de lo de Alice Gong Gu, pero ya lo sabía y disponía de tiempo suficiente para sacar ventaja de su presencia. Era muy triste tener que hacer daño a una mujer que en realidad luchaba de su lado, que había hecho más que casi cualquier otra persona por mantener la seguridad del mundo.

Volvió a concentrarse. Además de lidiar con Alice, tenía otra prioridad nueva: saber más sobre Conejo, descubrir cómo destruirle.

Alfred Vaz no tenía una posición oficial en la Agencia de Inteligencia Exterior, pero sí un poder inmenso. Incluso haciendo uso de las técnicas modernas de compartimentalización, jamás habría podido ocultar sus programas de investigación de no haber tenido tanto poder. Ahora bien… se podía argumentar que la visita de Conejo al cuartel general de la AIE era el fallo de seguridad más espectacular de la década, ¡sólo si alguien de fuera se enteraba! Alfred empleó todo su poder en la agencia y todos los resortes políticos secretos que había acumulado en más de setenta años para lograr que sólo sus equipos lo supiesen. Si el inspector general de la AIE se lo olía, los planes de A1fred se vendrían abajo. Era un hecho triste que probablemente su propio gobierno le considerara un traidor si descubría sus planes para salvar el mundo.

Lo que convertía en una maniobra delicada investigar la broma de Conejo. De alguna forma, su enemigo había superado el cortafuegos de aislamiento más seguro conocido por el hombre. Conejo incluso había controlado el soporte de localización de alta resolución (no cabía duda puesto que su imagen había estado perfectamente emplazada). La explicación evidente era que Conejo había logrado manipular el Entorno de Hardware Seguro. Si era así, entonces la base de toda la seguridad moderna quedaba en entredicho… y la visita de Conejo era el primer trueno de la destrucción.

¿Era posible que un conejo tonto anunciase el Apocalipsis? Se sucedieron ochenta horas de incertidumbre mientras los equipos internos de Alfred intentaban descifrar el misterio. Finalmente, sus analistas de la AIE descubrieron la verdadera explicación, simultáneamente tranquilizadora y muy vergonzosa. Conejo, demostrando una inteligencia extraordinaria, había que admitirlo, había explotado una combinación de software fallido y entradas erróneas de registro, uno de esos problemas que tienen tan a menudo los usuarios descuidados. En resumen: Conejo era mucho más peligroso de lo que Alfred había pensado en un principio, pero no era el Siguiente Gran Desastre.

Vaz sufrió mientras duró el suspense. Pero, al final, lo más frustrante del incidente fueron las hojas de zanahoria que Conejo le había dejado sobre la mesa. Usando todos los recursos y conocimientos del moderno Estado indio, a la AIE le llevó casi tres días eliminar la lógica que inyectaba esa imagen en la red de la oficina.

10

En casa, Miri mantenía un perfil bajo. Eso molestaba a Alice, lo que en sí mismo era contradictorio, porque Bob no quería de ningún modo que hablase con Robert. En cualquier caso, ambos creían que, si tenía ocasión, Robert volvería a hacerle daño.

Dejaba que Robert se quedase el cuarto de estar siempre que le daba la gana. Se aseguraba de no estar en casa si él estaba. Pero también le vigilaba en cuanto resultaba honrado hacerlo.

Halloween estaba a la vuelta de la esquina. Tendría que haber estado en los sitios de sus amigos, inmersa en la planificación. Ella, Annette y Paula habían hecho muchos preparativos con Spielberg-Rowling. Ya todo parecía una tontería.

Así que Miri pasaba el tiempo con amigos más lejanos. Los padres de Jin eran psiquiatras del Grupo Provincial de Asistencia Médica de Hainan. Jin no hablaba un inglés muy bueno, pero el mandarín de Miri era todavía peor. En realidad, el idioma no era un problema. Se reunían en la playa de él o de ella, dependiendo de en qué lado del mundo fuese de día o el tiempo fuese mejor, y charlaban en un inglés pasable, con el aire que los rodeaba llenándose de posibilidades de traducción e imágenes sustitutas. Esa pequeña camarilla había contribuido mucho a los foros de respuesta; de las aficiones de Miri, era la más «socialmente responsable».

Jin tenía muchas teorías sobre Robert.

—Tu abuelo estaba casi muerto antes de que los médicos le trajesen de vuelta. No tiene nada de sorprendente que ahora se sienta mal. —Hizo flotar un par de artículos académicos apoyando su tesis.

Aquel día Jin era anfitrión de otros chicos que convivían con personas seniles o con otros problemas. La mayoría se limitaban a escuchar en forma de cangrejos de arena o meros iconos de presencia. Unos cuantos tenían forma humana, incluso posiblemente su aspecto en el mundo real. Una chica que aparentaba unos diez años habló.

—Mi tía abuela es así. En el año 2000 era ejecutora de cuentas. —Ejecutora de cuentas no significaba lo que parecía—. Pero luego quedó lisiada. He visto las imágenes. Se volvió voluble y estaba deprimida. Mi abuela dice que perdió el talento y luego su trabajo.

Uno de los cangrejos de arena alzó la cabeza, un mirón que había decidido mostrarse.

—¿Y qué tiene eso de raro? Mi hermano está en el paro y deprimido y sólo tiene veinte años. Es difícil mantenerse al día.

La chica ignoró la interrupción.

—La tía abuela simplemente estaba chapada a la antigua. La abuela le consiguió trabajo como paisajista. —La pequeña pasó a mostrar sólo imágenes de viejos anuncios de escenas de fondo de alquiler para cuando la gente te llamaba y tú estabas en el baño—. A la tía abuela se le daba bien, pero no llegó a ganar tanto dinero como antes. Y luego los paisajes de vídeo dejaron de tener interés. En cualquier caso, vivió con mi abuela doce años. Se parece mucho a lo que comentas tú, Miri.

¡Doce años! Me volvería loca al cabo de un solo año así. Miró a la niña.

—¿Qué pasó entonces?

—Oh, al final todo salió bien. Mi madre encontró un sitio de tratamiento especializado en actualizaciones de especialidades. Cuarenta y ocho horas en su clínica y la tía abuela tenía las habilidades de un ejecutivo publicitario, que era más o menos el equivalente moderno de un «ejecutor de cuentas».

Silencio. Incluso algunos de los cangrejos parecían conmocionados.

Al cabo de un momento, Jin dijo:

—A mí me suena a ESR.

—¿Entrenamiento para la Situación Requerida? ¿Y qué si lo es?

—El ESR es ilegal —dijo Miri. No es algo de lo que quiera hablar.

—No era ilegal entonces. Y aquel ESR no estuvo tan mal. La tía abuela vive bastante bien siempre que siga tomando las actualizaciones. Parece feliz, aparte de que llora mucho.

—A mí me suena a control mental —dijo Jin.