La bruja mayor estudió a Miri de arriba abajo.
—¿Bob no te pidió que me dejases en paz? —No parecía enfadada, como Miri había temido que estuviera.
—Sí. Pero te echo mucho de menos.
—Oh. —Se inclinó un poco—. ¿Cómo está tu madre, Miri? ¿Está bien?
—Alice está bien. —Lena sabía demasiado sobre Alice, pero no tenía necesidad de saber tanto. Además, Lena no podía ayudar a Alice—. Quería hablarte de otras cosas.
La matriarca Gu suspiró y cerró los ojos, muy hundidos. Cuando los abrió, era posible que la expresión fuese una sonrisa.
—Bien, me alegro de verte, niña. Simplemente no quiero discutir contigo ni con Bob. Y sobre todo, no quiero que Ya-Sabes-Quién sepa que ando por aquí.
—Sólo voy a discutir un poco, Lena. —Lo suficiente como para lograr algo ahora y, sin embargo, poder volver a visitarte—. No te preocupes por Ya-Sabes-Quién. —Las palabras de la matriarca Gu surgían directamente de la tradición fantástica, aunque resultaba triste que Robert representase el papel del mal definitivo—. Te prometo que no se lo contaré. —Al menos, no sin tu permiso—. He tomado muchas precauciones para venir aquí. Además, a Ya-Sabes-Quién no se le da bien fisgonear.
Lena cabeceó.
—Eso es lo que tú crees.
La novata Xiang se sentó junto a la silla de ruedas y las observó en silencio. Quizá pudiese ayudar.
—Usted ve a Ya-Sabes-Quién todos los días, ¿no, señora? —dijo Miri.
—Sí —dijo Xiang—, en el taller y en búsqueda y análisis de Louise Chumlig.
—La clase de la señora Chumlig no está tan mal. —Al menos para ser una clase para imbéciles. Miri tuvo los reflejos de suprimir el comentario, pero aun así notó que enrojecía.
La novata Xiang no pareció darse cuenta.
—La verdad es que es muy buena. Se lo he estado contando a Lena. —Miró a la bruja mayor—. Louise sabe detalles sobre cómo plantear preguntas que a mí me llevó toda una vida comprender. Y más que nadie, me ha demostrado la importancia del análisis empaquetado. —Señaló el viejo grimorio. Miri quedó un poco sorprendida. Sí, la señora Chumlig era agradable, pero no hacía más que repetir tópicos y hablaba sin parar.
Pero tampoco podía contradecir a una bruja novata, y Miri deseaba congraciarse con ella. Hundió la cabeza.
—Sí, señora. En cualquier caso, ve mucho a Ya-Sabes-Quién. ¿Es de verdad una persona tan terrible?
Xiu Xiang cabeceó.
—Es un hombre extraño. Tiene un aspecto muy juvenil. Robert… es decir Ya-Sabes-Quién… puede ser muy amable y de pronto abrirte en canal. Se lo he visto hacer a varios niños. Los mayores se alejan de él. Creo que Winston Blount le odia.
Sí. Miri había observado a Winston Blount el sábado, en la biblioteca de la UCSD. Había concentrado gran parte de su atención en la batalla por Zulfikar Sharif, pero la hostilidad de Blount no le había pasado inadvertida.
La novata Xiang miró a la frágil dama de la silla de ruedas.
—Me temo que Lena tiene razón. Manipula a la gente. Dijo que le gustaba mi proyecto de taller y luego se lo llevó.
Lena se carcajeó; algo que se le podía dar muy bien a una persona mayor. Según Miri, era el único aspecto positivo de la vejez.
—Xiu, Xiu. Me dijiste que te había encantado verle destrozar el coche.
La novata Xiang parecía avergonzada.
—Bueno, sí. Me metí en la ciencia a través de los modelos de cohetes y los controles de radiofrecuencia caseros. Nunca he sido nada sin la experiencia práctica. Hoy en día, el acceso a los objetos reales queda limitado por capas y capas de burocracia automática… y supongo que mi propio EHS tiene en parte la culpa. Así que Robert y yo queríamos romper algo y le aplaudí por actuar. Pero lo que yo quería no le importaba. No fui más que una herramienta conveniente.
Lena volvió a reír.
—Tienes mucha suerte. Aprendiste en unos cuantos días lo que a mí me llevó años. —Levantó una mano corno una garra para apartarse el pelo. La medicina moderna no le había fallado del todo a Lena Gu. Cinco años antes sufría Parkinson. Miri recordaba los temblores. La medicina moderna había invertido el Parkinson, había conservado su mente, había detenido varias dolencias grandes y pequeñas. Pero su osteoporosis seguía siendo incurable. Ya en segundo curso Miri había comprendido las razones técnicas de ese hecho. La razón moral era algo que ni siquiera Alice podía explicar.
Miri estudió el rostro arrugado de la bruja mayor.
—Me alegro de que te llevase años comprender a Ya-Sabes-Quién. En caso contrario no habríais tenido a Bob y no le habríais criado para casarse con Alice… y yo no habría llegado a existir.
Lena apartó la vista.
—Sí —gruñó—. Bobby fue mi única razón para seguir con tu abuelo. Le dimos un buen hogar a Bobby. Y era casi humano con el chico, al menos hasta que quedó claro que no podía dirigir la vida adulta de Bob. Para entonces, Bob había escapado a los marines. —Su mirada regresó a Miri—. Me felicito por ello. Cometí un terrible error al casarme con tu abuelo, pero di la existencia a dos vidas adorables… y sólo me costó veinte años.
—¿Jamás le echas de menos?
La matriarca Gu entornó los párpados.
—Eso se acerca peligrosamente a discutir conmigo, jovencita.
—Lo siento. —Miri se acercó para arrodillarse junto a la silla de ruedas de Lena. Agarró la mano de la anciana, que sonrió. Sabía lo que vendría a continuación, pero no poseía ninguna defensa totalmente efectiva—. Disfrutaste de todos esos años lejos de él. Recuerdo que tú nos visitabas, mientras que Ya-Sabes-Quién estaba bien y no nos visitaba nunca. —Incluso entonces, Lena era una ancianita, una doctora ocupada que sonreía sobre todo cuando hablaba con Miri—. ¿Eras feliz?
—¡Claro que lo era! ¡Después de tantos años me había librado del monstruo!
—Pero Ya-Sabes-Quién fue perdiendo la cabeza y tú le ayudaste.
Lena hizo un gesto de exasperación y miró a la novata Xiang.
—Cuando te lo diga, echa a esta mocosa a patadas.
Xiang no parecía del todo segura.
—Eh, vale.
—Pero… todavía no. —Lena se volvió hacia Miri—. Ya lo he dicho en otras ocasiones, Miri. Bob vino a Al Final del Arco Iris y me pidió ayuda. ¿Recuerdas? Vino contigo. Bob jamás ha comprendido cómo eran las cosas entre Robert y yo. Que Dios le bendiga, pero no comprende que el afecto que veía no era más que una representación en su beneficio. Pero entre sus ruegos y tu carita, acepté ayudar al monstruo durante los años finales. Y, ¿sabes?, a veces la demencia suaviza a las personas. Hubo más o menos un año en el que Robert estaba completamente indefenso, pero todavía podía reconocer a la gente y recordar nuestros años juntos… Hubo un periodo en el que se le podía tratar. ¡Nos llevamos bien durante un tiempo!
Miri asintió.
—Y luego descubrieron cómo curar la demencia concreta de Robert. Para entonces tu abuelo había pasado de lo dócil a una especie de estado vegetativo. Miri, yo me hubiese quedado con él hasta el final de no haberse interpuesto la cura milagrosa. Pero ya sabía lo que pasaría. El monstruo regresaría. —Lena avanzó un dedo retorcido hacia su nieta—. Ya me había engañado una vez, no iba a picar otra. Así que prefiero mantenerme alejada. ¿Comprendes?
Pero la otra mano siguió con la de Miri; la niña la apretó.