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Y de pronto había media docena de estudiantes, todos hablando en español.

Miri —› Juan, Lena, Xiu: ‹ms› Vale, creo que Robert los ve.‹/ms›

Lena —› Juan, Miri, Xiu: ‹ms› ¡Los veo! ¿Los ves tú, Xiu?‹/ms›

Xiu —› Juan, Lena, Miri: ‹rns› Todavía no, debo… ‹/ms›

Miri —› Juan, Lena, Xiu: ‹ms› No intente responder a los mensajes, doctora Xiang. Todavía no tiene la velocidad suficiente; Robert sospechará. Simplemente hable en voz alta, como si hablase con él o Juan.‹/ms›

Xiang guardó silencio un momento, todavía tecleando. Vestir se le daba todavía peor que a Robert. Luego dijo:

—¡Sí, los veo! —Miró de soslayo a Juan Orozco—. ¿Quiénes son?

—Amigos de Fred y Jerry. Muy del sur. De Chile.

Miri —› Juan: ‹ms› Diles que jueguen a monstruo sincronizado.‹/ms›

Juan —› Miri: ‹ms› Vale.‹/ms›

Juan habló en español a los visitantes, tan rápido que Robert no entendió casi nada. Los visitantes se echaron atrás y el espacio despejado quedó ocupado por algo color púrpura.

Xiang rio.

—Yo también lo veo. Pero la criatura… ni siquiera pretende ser realista.

Robert se inclinó para acercarse a la visión desigual.

—Pretende ser un animal de peluche. —Tenía las costuras toscas y el relleno se escapaba entre las puntadas. Pero medía más de dos metros de altura y, cuando Robert se acercó, se alejó de él arrastrando los pies.

Robert rio.

—He leído acerca de estas cosas.

Lena —› Juan, Miri, Xiu: ‹ms› Lo he buscado, Xiu. Tú te mueves y él se mueve. Pero cada uno de vosotros sólo controla una parte.‹/ms›

—Oh —Xiu Xiang avanzó bloqueando la retirada de la criatura. Las patas traseras se detuvieron pero las delanteras siguieron empujando, por lo que casi se cayó.

Miri —› Juan: ‹ms› Diles que el objetivo es hacer que baile con elegancia. ‹/ms› Juan dijo:

—La idea es cooperar para que se mueva. Baila a su alrededor, Xiu. Lo hizo. La música fue siguiendo sus movimientos. Las patas traseras de la criatura volvieron a ponerse en marcha y el trasero seguía los movimientos de la mujer. A los niños de Chile les pareció muy gracioso.

Cuando Robert inclinó la cabeza y se meneó, la música aumentó de volumen. Juan se puso a dar palmas y los hombros de la bestia se agitaron al ritmo de la música. Los chilenos observaban en silencio. Parecían tan sólidos como Juan y Xiu Xiang, pero no eran más expertos que la mayoría de los usuarios de San Diego. Las sombras iban en sentido contrario y sus pies sólo mantenían un precario contacto con la hierba del prado. Pero al cabo de un instante oyeron la música, también se pusieron a dar palmas, y la cola del bicho, tal vez en eso eran hábiles en aquel juego, comenzó a saltar de arriba abajo.

Robert expandió sus gestos, tomando el control de las garras blandas de la criatura. Por un momento el monstruo bailó al son de la música manteniendo la sincronización de todos los gestos. Pero el retraso de la red era de medio segundo más o menos y, lo que era peor, variaba aleatoriamente desde una diminuta fracción de segundo hasta un segundo entero. El baile fue cada vez más caótico a medida que se compensaban y se hipercompensaban los errores, hasta que la cola golpeó las garras traseras. La criatura giró y agitó las patas en todas direcciones.

Lena —› Juan, Miri, Xiu; ‹ms›¡Ha sido divertido!‹/ms›

—¡Maldita sea! —dijo Robert.

Pero todos reían sin que hubiese ninguna víctima en concreto para las risas. Uno a uno, los niños distantes fueron desapareciendo, hasta que sólo quedó la gente reaclass="underline" Robert, Juan y Xiu Xiang.

—¡Podríamos haberlo hecho mejor, Juan! —dijo Robert.

Lena —› Xiu: ‹ms›¿Ves? Siempre se está quejando. Dale un minuto más y estará dando a entender sibilinamente que eres la culpable de todo lo que ha salido mal.‹/ms›

Juan seguía riendo.

—Lo sé, lo sé. Pero el enlace de red era una completa porquería. Hay empresas de juego que te dan gratis red mala porque te vuelves tan loco que pagas por mejorarla.

—Bueno, ¿por qué lo intentamos entonces?

—Eh, para practicar. Porque es divertido.

Robert recordó el inepto coro internacional de la UCSD.

—Deberíamos haber usado un metrónomo. ¿Puedes hacer que vuelvan los chicos?

—No, simplemente… ha sido una especie de saludo. Ya sabe, al pasar uno junto al otro.

Al pasar.

—Yo no los veía hasta que no me los has enseñado. ¿El éter está atestado? —Robert atravesó el aire con la mano. ¿Cuántas realidades burbujeaban inmanentes?

—Un espacio público como éste está demasiado atestado para intentar verlo todo simultáneamente. En la línea de visión de tu Epifanía probablemente habrá unos trescientos o cuatrocientos nodos. Cada uno de ellos puede soportar decenas de superposiciones. En una multitud podría haber centenares de realidades activas e incontables potenciales de…

Miri —› Juan: ‹ms› No sigas por ahí. Mi abuelo es lo suficientemente inteligente como para ir sumando pequeñas pistas y deducir la presencia de los que estamos invisibles.‹/ms›

Juan —› Miri: ‹ms› ¿En serio? Bien, tú misma le estás dando una pista. Estás mostrando a la señora Gu de forma que sea visible para Xiu, lo que le está confundiendo. Mira cómo evita el punto donde has situado a Lena.‹/ms›

El chico pareció perder el hilo de las ideas.

—Claro está, cuando sólo hay dos o tres personas, el tráfico láser es en su mayoría simplemente potencial.

Avanzaron un poco más mientras el muchacho les enseñaba cómo navegar por las vistas públicas. Robert y Xiu Xiang practicaban siguiendo sus indicaciones, logrando alguna que otra vez una vista consensuada. Xiang parecía más relajada que al comienzo del paseo; al menos ya caminaba un poco más cerca de Juan y Robert.

Pero Xiu no respondió cuando Robert bromeó.

—Yo diría que empiezas a ser realmente desastrosa.

Lena —› Xiu: ‹ms› ¿Qué te había dicho?‹/ms›

A Robert le parecía que la tal Xiang era un bicho de lo más raro.

Xiu Xiang era rara en muchas otras cosas. Aunque había dejado la clase de composición porque era demasiado tímida para representar delante de los otros, le encantaba el taller. Cada día jugaba con un elemento nuevo del inventario. Era el único momento en que se la veía feliz, sonriendo y tarareando. Para el nuevo Robert algunos de sus proyectos eran obvios, pero con otros tenía que hacer suposiciones. Ella estaba encantada de explicárselos.

—Quizá no contenga «user-serviciable parts» —dijo—, pero ¡entiendo lo que he construido!

Cada día realizaba el equivalente a un proyecto estudiantil semestral y disfrutaba de cada minuto.

Xiu no estaba completamente loca; normalmente no aparecía mientras Robert Gu enseñaba cosas a Juan. Robert jamás había enseñado a niños y no le gustaban los incompetentes. A pesar de sus buenas intenciones, Juan, el pobre, era ambas cosas. y Robert fingía enseñarle a escribir.

—Es fácil, Juan —se oyó decir Robert. ¡Además de fingir, mientes! Bien, quizá no fuese una mentira: escribir basura era muy fácil Veinte años de dar clases en seminarios de poesía para graduados se lo habían demostrado. Escribir bien era una cosa completamente diferente. Escribir belleza sonora era algo que no se podía enseñar por mucho que uno quisiera. Los genios debían aprender por sí solos. Juan Orozco era mucho menos capaz que los antiguos alumnos de Robert. Para los parámetros del siglo XX era casi analfabeto… excepto cuando precisaba palabras para acceder a datos o interpretar resultados. Vale, no era casi analfabeto. A lo mejor existía algún otro término para describir a esos niños lisiados. ¿«Paraalfabetizados»? Y estoy seguro de que también puedo enseñarle a escribir una porquería.