Por tanto, se sentaban en la grada de más arriba lanzando palabras al cielo. Juan Orozco no prestaba atención a los corredores del campo ni a los partidos. Llegó un momento en que ni siquiera jugaba con los tipos de letras.
Llegó un día en que escribió algo que producía efecto y creaba una imagen. No era una absoluta porquería. Casi tenía la calidad de un tópico gastado. El chico miró al cielo durante medio minuto, boquiabierto.
—Tiene tanta… garra. Las palabras me hacen ver imágenes. —Miró a un lado, hacia Robert. Sonrió—. Tú con el vestir, yo con la escritura. ¡Estamos mejorando mucho!
—Quizás estemos a la misma altura. —Pero Robert no pudo evitar devolverle la sonrisa.
Pasó una semana. La mayoría de las noches Robert se entrevistaba con Zulfi Sharif. Después de clase y a veces los fines de semana, Juan y él trabajaban juntos, casi siempre en remoto. Todavía buscaban un proyecto para el semestre. Robert estaba cada vez más intrigado por el problema de la coordinación remota. Juegos, música y deportes fluctuaban a más de algunos miles de kilómetros y un par de decenas de enrutadores. El chico tenía un plan estrafalario para usarlo todo a la vez.
—Podríamos hacer algo con música, música manual. Es mucho más fácil que la sincronización de juegos.
Robert pasaba horas seguidas sin pensar en su estado desquiciado e impotente. Para el nuevo Robert Gu, esos proyectos escolares eran más interesantes que la entrevistas aduladoras de Sharif… y mucho más interesantes que sus visitas ocasionales a la UCSD. Habían suspendido temporalmente el troceado de la biblioteca, aparentemente debido a la manifestación y su dramática aparición casual. Pero sin los manifestantes, la biblioteca estaba muerta. Los estudiantes modernos no la usaban demasiado. Sólo quedaba el Conciliábulo de Ancianos de Winnie, en el sexto piso, rebeldes con una causa súbitamente suspendida.
Robert y Xiu Xiang ya dominaban la mayor parte de los elementos por defecto de Epifanía. Ahora, cuando miraba «justo de esa forma» un objeto real, las explicaciones iban apareciendo. Mirando o entrecerrando los ojos de la forma adecuada a los iconos de apoyo, obtenía los detalles adicionales que deseaba. Si miraba el objeto de una forma diferente, ¡a menudo veía a través y más allá! A Xiu los visuales no se le daban tan bien como a Robert. Por otra parte, si no se ponía nerviosa, se le daban mejor las búsquedas de audio: si al oír una palabra desconocida lograbas marcarla, entonces los resultados de la búsqueda aparecían automáticamente. Eso explicaba el vocabulario maravilloso, y los errores igualmente maravillosos, que había oído a los niños.
Miri —› Juan: ‹ms› Deberías decirle que las avanzadas son mucho más difíciles.‹/ms›
Juan —› Miri: ‹ms› Vale.‹/ms›
—¿Sabe?, doctor Gu, a Xiu ya usted se les dan realmente bien las opciones por defecto. Pero también deberían trabajar con las avanzadas.
Xiang asintió. Aquel día también estaba en visión remota, aunque no tenía un aspecto tan realista como Juan Orozco. La imagen de la mujer era perfectamente sólida, pero sus pies se fundían con el banco que tenía justo delante y, en ocasiones, Robert entreveía… ¿el fondo? ¿Su apartamento? Bromeó con ese asunto, pero, como sucedía habitualmente cuando hacía un chiste, sólo logró que se cerrara más.
Lena —› Juan, Miri, Xiu: ‹ms› ¡Qué! ¿Qué ha visto?‹/ms›
Miri —› Juan, Lena, Xiu: ‹ms› No te preocupes. Xiu dispone de un buen filtro de fondo. Además, tú estás en la cocina y ella sentada en el cuarto de estar.‹/ms›
Robert le habló a Juan.
—Bien, ¿cuáles son las avanzadas más útiles?
—Bien, está la mensajería silenciosa. La tasa de bits es tan reducida que funciona incluso cuando falla todo lo demás.
—¡Sí! He leído acerca de la mensajería silenciosa. Es como la mensajería instantánea de antaño, pero nadie te ve comunicarte.
Juan asintió.
—Así es como lo usa la mayoría de la gente.
Lena —› Juan, Miri, Xiu: ‹ms› ¡No! ¡Que el hijo de puta aprenda mensajería silenciosa por sí solo!‹/ms›
Miri —› Juan, Lena, Xiu: ‹ms› ¡Por favor, Lena!‹/ms›
Juan —› Lena, Miri, Xiu; ‹ms› Es algo que usa todo el mundo, señora.‹/ms›
Lena —› Juan, Miri, Xiu; ‹ms› ¡Yo digo que no! Ya es lo suficientemente artero.‹/ms›
El chico vaciló.
—… pero hace falta mucha práctica para usarla con fluidez. Puede dar muchos problemas si te pillan. —Quizá recordase encontronazos con profesores.
Xiang se inclinó sobre el banco. Se estaba apoyando sobre un mueble invisible.
—Bien, ¿qué más hay?
—¡Ah! Muchas cosas. Si anulas las opciones puedes ver en cualquier dirección. Puedes acotar búsquedas por defecto… para hacer una consulta sobre algo situado en una superposición, por ejemplo. Puedes mezclar vídeos de múltiples puntos de vista, de forma que puedas «estar» donde no hay punto de vista físico. Eso se llama hacer el fantasma. Si lo haces realmente bien, eres capaz de ejecutar simulaciones en tiempo real y emplear los resultados como asesoramiento físico. Por eso a los Radner se les da tan bien el béisbol y luego está el problema de falsificar resultados si das con un punto blando de red, o si quieres que un emisor parezca más realista… —El chico siguió hablando, pero a esas alturas Robert ya era capaz de grabar lo que decía; tendría que repasar aquella conversación.
Lena —› Juan, Miri, Xiu: ‹ms› El monstruo empieza a perder el interés. Creo que se ha distraído, Juan.‹/ms›
Xiu dijo:
—Vale, vamos a empezar con lo más fácil, Juan.
—Eso sería desplazar la atención del frente adelante. —El chico les indicó algunos ejercicios simples. Robert no tenía ni idea de lo que veía Xiu Xiang. Después de todo, ella ya estaba en vista remota. Para él, mirar directamente desde atrás era fácil, especialmente si tomaba la vista desde su propia camisa. Pero Juan no quería que usasen orientación especular; decía que los confundiría cuando pasasen a otros ángulos.
Sin las opciones por defecto, era tedioso.
—Me pasaré toda la vida tecleando órdenes, Juan.
—Quizá si usas los menús oculares… —dijo Xiang.
Robert le dedicó una mirada furibunda.
—¡Lo estoy haciendo, lo estoy haciendo!
Lena —› Xiu: ‹ms› Nunca le critiques. Te la devolverá cuando te pueda hacer más daño.‹/ms›
Xiang apartó la vista de Robert. Éste miró a Juan.
—Nunca te veo teclear con los dedos.
—Soy un niño; crecí con la codificación colectiva. Incluso mi madre casi siempre usa el teclado fantasma.
—Bien, Xiu y yo somos recauchutados, Juan. Tenemos plasticidad de aprendizaje y todo eso. Enséñanos las órdenes gestuales, los guiños o lo que sea.
—¡Vale! Pero no son como los gestos estándar que ya habéis aprendido. Lo bueno es que todo es personal entre vosotros y el vestible. Los sensores dérmicos detectan estremecimientos musculares que los demás no notan. Tú le enseñas a tu Epifanía y ésta te enseña a ti.
Robert lo había leído. Resultó ser tan extraño como parecía, ¡un cruce entre aprender a hacer malabarismos y enseñar a un animal estúpido a que te ayudase con los malabarismos! Él y Xiu Xiang tuvieron unos veinte minutos para quedar como tontos antes de que los equipos de fútbol se pusieran a jugar. Pero fue tiempo de sobra para que Robert aprendiese a mirar a su alrededor simplemente con un ligero encogimiento.