Bob fue repasando las últimas valoraciones de amenaza. Flotaba algo en el aire y podía estar más cerca que Paraguay. Las noticias realmente malas se encontraban dos párrafos más adelante: un grupo de analistas de la CIA creía que los indoeuropeos estaban colaborando con los malos. ¡Dios! Si las Grandes Potencias no pueden permanecer unidas, ¿cómo va a sobrevivir la humanidad a este siglo?
Un movimiento a su espalda. Era su padre, de pie en la puerta.
—Papá. —Fue el reconocimiento cortés.
El anciano le miró un segundo. Bob hizo que su trabajo fuese visible.
—Vaya. Lo lamento, hijo. ¿Estás trabajando? —Miró la mesa de Bob entornando los ojos.
—Sí, trabajo de la oficina. No te preocupes si se ve borroso; no está en el menú de la casa.
—Ah. Yo… me preguntaba si podría hacerte unas consultas.
Bob esperaba no tener cara de excesiva sorpresa; aquella aproximación insegura era nueva. Le indicó a su padre que tomase asiento.
—Claro.
—Hoy en la escuela he hablado con alguien. Sólo voz. El interlocutor podría haber estado al otro lado del mundo, ¿verdad?
—Sí —dijo Bob—. Si era de muy lejos te habrías dado cuenta.
—Cierto. Fluctuación y latencia.
¿Simplemente repite la jerga? Antes de perder la cabeza, su padre había sido un ignorante en cuestiones técnicas. Bah recordaba una ocasión, en los días de los teléfonos muy estúpidos, en que su padre había insistido en que su nuevo teléfono inalámbrico no era más que un sustituto del teléfono móvil. Su madre le había demostrado que se equivocaba pidiendo a Bob que se llevase el inalámbrico calle abajo para intentar llamar al teléfono del negocio doméstico de su madre. Ella rara vez cometía un error como ése; el viejo la había tratado fatal durante semanas.
Papá asentía para sí.
—Supongo que el análisis de tiempos podría dejar claras muchas cosas.
—Sí. Al estudiante medio de instituto se le dan bien todos los aspectos de ese juego. —Si no la hubieses tratado de esa forma, podrías estar preguntándoselo a Miri.
El anciano apartó la vista pensativo. ¿Preocupado?
—¿Alguien te está molestando en el instituto, papá? —La idea le dejaba boquiabierto.
Robert soltó una de sus risitas malévolas.
—Alguien intenta molestarme.
—Vaya. Quizá deberías comentárselo a los profesores. Podrías enseñarles tu registro Epifanía del incidente. Es un problema con el que suelen encontrarse.
No hubo fuego de respuesta; el anciano Gu se limitó a asentir gravemente.
—Sé que debería. Lo haré. Pero es difícil, ya sabes. y considerando tu trabajo, bien, tú llevas años enfrentándote a versiones de vida o muerte de estos problemas, ¿no es así? Tú tendrás una respuesta de experto.
Era la primera vez en la vida que su padre decía algo positivo sobre su carrera. ¡Debe de ser una trampa!
Un momento de silencio mientras su padre aguardaba con paciencia aparente y el hijo intentaba pensar en qué decir. Finalmente, Bob rio.
—Vale, pero una respuesta militar sería excesiva, papá. N o porque seamos más inteligentes que mil millones de adolescentes, sino porque controlamos el Entorno de Hardware Seguro. En el fondo, controlamos todo el hardware. —Menos a los fabricantes personales ilegales ya los corruptores de hardware.
—El tipo con el que he hablado se ha descrito corno «una nube omnisciente de sabiduría». ¿Es una trola? ¿Cuánto puede saber sobre mí?
—Si el imbécil está dispuesto a violar un par de leyes, puede descubrir muchas cosas. Probablemente incluso tu historial médico, quizás hasta lo que hablaste con Reed Weber. En cuanto a espiarte en cada momento: puede verte en los lugares públicos, aunque eso depende de tus opciones por defecto y la densidad de la cobertura local. Si dispone de cómplices o zombis, se entera de lo que haces incluso en zonas muertas, aunque no podría recibir esa información en tiempo real.
—¿Zombis?
—Sistemas corruptos. ¿Recuerdas cómo eran las cosas cuando yo era niño? Casi todos los problemas que teníamos en los ordenadores caseros los tenernos ahora en los vestibles. Sin el EHS la situación sería absolutamente intolerable. —Su padre permanecía inexpresivo, o quizás estuviese googleando—. No te preocupes, papá. El material de Epifanía es tan seguro corno cómodo de vestir. Simplemente recuerda que los demás no son tan de fiar.
Robert parecía estar digiriendo lo que le había dicho su hijo. —Pero ¿no hay otras posibilidades? Por ejemplo, aparatitos que un chico te pueda pegar.
—¡Sí! Los gamberros de hoy no son muy diferentes a como era yo, pero tienen más formas de portarse mal. —El semestre anterior habían sido las cámaras espía que metían bajo las faldas. Durante una temporada esos cacharros habían sido una infección mecánica molesta. Miri estuvo furiosa durante días y luego se olvidó del terna tan de repente que Bob sospechaba que había pertrechado alguna terrible venganza—. Es por eso que siempre debes entrar en casa por la puerta delantera. Allí tenemos una buena trampa comercial para bichos. Tú y yo hablando aquí tenemos tanta intimidad como se puede tener con Epifanía… Bien, ¿qué te dice exactamente ese tipo? Tú estás tan lejos del mundo escolar que no imagino que te pueda acosar con éxito.
¡Por Dios, papá parece reacio a contármelo!
—No estoy del todo seguro. Creo que es sólo la novatada al chico nuevo. —Sonrió—. Aunque el chico nuevo resulte ser un carroza. Gracias por los consejos, hijo.
—Cuando quieras.
El anciano se fue. Bob le siguió con la mirada por el pasillo y escaleras arriba hasta la intimidad de su cuarto. Estaba claro que su padre era un hombre con muchas preocupaciones. Bob miró fijamente la puerta cerrada del dormitorio, considerando las inversiones de situación que traía la vida y deseando que él y Alice fuesen corno otras personas, de las que espían a los parientes que dependen de ellas.
15
Durante la siguiente semana Robert evitó la UCSD sólo para comprobar si el Extraño Misterioso reaccionaba de alguna forma.
Empezaba a confiar en el uso de Epifanía, aunque era posible que jamás alcanzase el grado de habilidad de los niños que habían crecido vistiendo. Xiu Xiang iba más atrasada, principalmente porque dudaba constantemente de sí misma. Se había negado a vestir durante tres días después de que un gesto erróneo la hiciese caer en… se negaba a revelar en qué, pero Robert sospechaba que en alguna vista pornográfica.
El lenguaje del proyecto Gu/Orozco, aunque no era poesía, había superado el nivel de ruido egregio. Robert se lo había pasado sorprendentemente bien trabajando con efectos de vídeo y fluctuación de red. Si aquel proyecto se hubiese presentado en la década de los noventa del siglo XX habría sido considerado la obra de un genio, tal era la potencia de las bibliotecas de tópicos y trucos visuales que tenían a su disposición. Razonablemente, Juan temía que no fuese suficiente para Chumlig.
—Necesitamos más elementos añadidos o nos machacarán. —Buscó en Google algunos institutos con programa de música manual—. Esos chicos creen que es una forma trágica de juego —dijo. Al final, Robert charló con estudiantes de música de Bastan y el sur de Chile… lo suficientemente alejados como para poner en práctica sus ideas en la red.
Sharif había vuelto a Corvallis, pero habían mantenido varias entrevistas más. Algunas de las preguntas del tipo eran mucho más inteligentes de lo que Robert había supuesto que serían en el momento de conocerse.