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Navegaba mucho por la web, estudiando sobre seguridad y, a veces, para ver qué había sido de la literatura. ¿Qué se consideraba arte ahora que la perfección superficial era posible? Ah, la literatura seria seguía allí. En su mayoría no daba dinero, incluso con el sistema de micropagos. Pero había hombres y mujeres capaces de encadenar palabras casi tan bien como el viejo Robert. ¡Malditos sean!

El Extraño seguía guardando silencio. O había perdido el interés o comprendía el poder que tenía sobre Robert. Es fácil ganar cuando tu víctima está desesperada. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que Robert Gu había perdido en un combate de miradas… pero un sábado se saltó la sesión con Juan y tomó un coche a la UCSD.

Sharif se presentó de camino.

—Gracias por aceptar mi llamada, profesor Gu. —La imagen se sentó en el asiento del coche, con parte del trasero hundido en el acolchado—. Últimamente ha sido difícil contactar con usted.

—Me pareció que el jueves cubrimos mucho terreno.

Sharif puso cara de dolor.

Robert alzó una ceja.

—¿Te quejas?

—¡En absoluto, en absoluto! Pero verá, señor, es posible que quizá yo haya permitido que mi vestible se corrompiese. Es posible que esté sometido a cierto grado de… secuestro.

Robert pensó en sus lecturas recientes.

—Eso es corno estar un poquito embarazada, ¿no?

La imagen de Sharif se hundió aún más en el asiento.

—Efectivamente, señor. Comprendo lo que quiere decir. Pero, francamente, en ocasiones mis sistemas sufren un cierto grado de corrupción. Apuesto a que les pasa a la mayoría de los usuarios. Creía que se trataba de una situación que podía asumir, pero las cosas han llegado a un punto en el que… bien, verá, no le entrevisté el jueves. En absoluto.

—Ah. —Así que el Extraño Misterioso sabía nadar y guardar la ropa: le golpeaba con el silencio mientras simultáneamente interpretaba a otro personaje.

Sharif esperó un momento a que Robert dijese algo más y luego se deshizo en ruegos.

—Por favor, profesor, ¡deseo de corazón continuar con estas entrevistas! Ahora que sé que hay un problema, podemos resolverlo con facilidad. Le ruego que no me deje en la calle.

—Podrías limpiar tu sistema.

—Bien, sí. En teoría. En una ocasión lo tuve que hacer cuando estudiaba. De alguna forma acabé convertido en el zombi de una conspiración para copiar en los exámenes. No fue culpa mía, pero la Universidad de Calcuta me obligó a freír toda mi ropa. —Alzó las manos en una plegaria con las palmas abiertas—. Nunca se me han dado bien las copias de seguridad; la debacle me costó más de un semestre de estudio para lograr la licenciatura. Por favor, no me obligue a hacerlo otra vez. Ahora sería todavía peor.

Robert miró el tráfico. El coche había entrado en la Autopista 56 y se dirigía hacia la costa. Delante se encontraba el primero de los laboratorios biológicos. Quizás el Extraño Misterioso también estuviese allí. En comparación, Sharif era una magnitud conocida. Volvió a mirar al joven y dijo con amabilidad:

—Vale, señor Sharif. Sigue en tu estado ligeramente corrupto. —Le llegó un recuerdo del pasado, de los técnicos informáticos de Stanford repitiéndole que debía mantener actualizado el antivirus—. Simplemente nos elevaremos por encima de ese vandalismo menor.

—¡Así será, señor! Muchas gracias. —Sharif hizo una pausa, tremendamente aliviado, y siento más deseos que nunca de seguir adelante. Por aquí tengo una pregunta. —Vacilación y una mirada vacía al cambiar mentalmente de marcha—. Ah, sí. ¿Ha avanzado con la revisión de Secretos de las edades?

—No —respondió Robert con demasiada brusquedad. Pero era el tipo de preguntas que cabía esperar del verdadero Zulfi Sharif. Robert suavizó la respuesta con algunas verdades a medias—: Todavía me encuentro en la fase de planificación. —Se lanzó a una larga disquisición explicando que, a pesar de que la poesía de Gu era escasa, su creación requería infinita planificación. Antaño ya decía cosas así, pero nunca lo había exagerado de tal forma. Sharif se lo tragó entero.

»Así que durante las próximas semanas voy a visitar a mis viejos amigos… ya sabes, en la biblioteca, lo que me permitirá entender mejor la grave situación de la, eh, era vencida. Estás invitado. Sí observas con atención, podrías aprender detalles de cómo trabajo y posteriormente estaré encantado de revisar tus conclusiones.

El joven asintió ansioso.

—Maravilloso. ¡Gracias!

Era asombrosa la emoción de tener a alguien que le respetase, aunque se tratase de la clase de persona sin talento de la que se había aislado durante toda la vida. Así es como debió de hacerlo el pobre Winnie, usando palabras grandilocuentes y pomposidad para engañar a los que tenían menos talento. Robert apartó la vista de la imagen de Sharif e intentó evitar que sus labios formasen una sonrisa de depredador. Y cuando Sharif se vuelva más listo, sabré que es el Extraño.

Aquel día no había manifestantes frente a la biblioteca, pero, sorpresa, había muchos estudiantes en persona. Era enternecedor, como sus recuerdos de años pasados, con la biblioteca en el centro de la vida intelectual de la universidad. ¿Qué de bueno había pasado en la última semana? Él y el Sharif virtual cruzaron las puertas de vidrio y tornaron el ascensor al sexto piso. Robert no veía el interior del edificio, a pesar de sus nuevas habilidades de acceso. Vale, busquemos noticias recientes… pero para entonces ya estaban en el quinto piso.

Lena —› Juan, Miri, Xiu: ‹ms› ¡Eh! ¡He perdido la vista!‹/ms›

Juan —› Lena, Miri, Xiu: ‹ms› Hoy el sexto piso está cerrado a las búsquedas públicas.‹/ms›

Miri —› Juan, Lena, Xiu: ‹ms› Quizá simplemente le pida a Robert que redireccione.‹/ms›

Sharif se transformó en una masa rojiza luminiscente.

—Ya no veo nada —dijo— Y apuesto a que sólo le oigo a usted. Robert vaciló para luego agitar permisos en dirección a Sharif. Veamos qué opina el conciliábulo de todo esto.

Winnie y Carlos Rivera estaban sentados junto a la cristalera. Tommie permanecía inclinado sobre el portátil.

—¡Ni ho, profesor Gu! —dijo Rivera—. Gracias por venir.

Tommie levantó la vista.

—Pero no estoy seguro de que queramos a tu amiguito. Sharif recibió un apoyo inesperado. Winston Blount dijo: —Tommie, creo que Sharif podría sernas útil.

Tommie cabeceó.

—Ya no. Ahora que la UCSD ha sido troceada…

—¿Qué? —Los estantes seguían repletos de libros. Robert dio un paso atrás y pasó la mano por los lomos—. A mí me parecen muy reales —dijo.

—¿No has visto la propaganda en los pisos de abajo?

—No. He subido en ascensor y por ahora no se me da bien ver a través de las paredes.

Tommie se encogió de hombros.

—Nos encontramos en el último piso sin trocear. Como suponíamos, la administración simplemente esperaba a que se calmase el jaleo. Luego, una noche, llegaron con troceado ras adicionales. Habían acabado con dos pisos antes de que nos diésemos cuenta.

—¡Maldita sea! —Robert se acomodó en una silla— ¿Qué sentido tiene seguir protestando?

Winnie dijo:

—Es cierto que no podemos salvar la UCSD. De hecho, esos astutos hijos de puta han tergiversado las cosas de forma que el Proyecto Bibliotoma es más popular entre los estudiantes que antes. Pero, hasta ahora, la UCSD es la única biblioteca que ha sido troceada.

Rivera pasó al mandarín.

—Duì, dnshì tmen xyo huì dio quítde túshügun, yìnnwi… —Vaciló, aparentemente notando las miradas de incomprensión— Lo siento. Quería decir que todavía necesitan destruir otras bibliotecas. Para las comprobaciones cruzadas. La reducción de daños y el reensamblado virtual serán proyectos consecutivos, tendiendo «asintóticamente hacia la reproducción perfecta».