—¿Y?
—¡Y todavía no ha acabado de usarlo! El troceado le ha ofrecido imágenes de sobra, pero la cobertura no es completa. Tiene que escanear y volver a escanear aquello con lo que hubo problemas en la primera pasada. Bien, si no tuviese ese límite temporal, su mejor opción sería esperar a destrozar la siguiente biblioteca desdichada y usar ese material para una comprobación cruzada, pero tiene prisa.
—El almacenamiento también forma parte de la propaganda de Huertas —dijo Winnie—. Cuando hayan terminado con los escaneados, el troceado se «conservará seguro en las bóvedas Huertas, para beneficio de los arqueólogos de generaciones futuras». ¡Algunos profesores de la universidad se lo tragaron!
—Bien —dijo Rivera—, tiene cierta parte de verdad. El papel durará mucho más en nitrógeno frío que en los estantes de una biblioteca.
Winnie agitó la mano para rechazar la idea.
—Lo importante es que Huertas ha destruido los libros y que va a destruir más bibliotecas si no le detenemos. El plan es… —Miró a su alrededor y pareció darse cuenta de que estaba al borde de pasar una temporada en prisión—. Nuestro plan es entrar por los túneles y llegar hasta donde Huertas almacena el troceado. Tommie ha pensado en una forma de hacer que sea ilegible.
—¿Qué? ¿Vais a protestar por la destrucción de la biblioteca destruyendo lo que queda?
—¡Sólo temporalmente! —dijo Tommie—. He encontrado una cola increíble en aerosol. La usamos y el troceado será como un enorme tablero prensado. Pero tras unos meses la cola se sublimará por sí sola.
Rivera asentía.
—Por tanto, no estamos empeorando la situación. Yo no estaría aquí si pensase que íbamos a destruir lo que queda de los libros. El plan de Huertas es una brutalidad innecesaria porque quiere hacer de golpe lo que sería igual de efectivo hacer despacio. Quizá podamos retrasarle lo suficiente para que los digitalizadores amigos de los libros puedan ponerse a su altura… y no se destruyan más bibliotecas. —Su camiseta hacía publicidad de la Asociación Americana de Bibliotecas.
Robert se echó atrás y fingió reflexionar sobre lo que le habían dicho.
—¿Dices que los chinos están a punto de trocear la Biblioteca Británica?
Rivera suspiró.
—Sí, y también van a cargarse el museo. Pero la UE busca una excusa para detenerlos. Si hacernos que Huertas quede mal…
—Comprendo —dijo Robert juiciosamente. Evitó los ojos de Winnie. Blount ya sospechaba lo suficiente de él—. Vale. El plan no parece muy sólido… pero supongo que es mejor que nada. Me apunto.
Una sonrisa iluminó el rostro de Tommie.
—¡Eh, Robert!
Al fin Robert miro a Winston Blount.
—Ahora la pegunta es: ¿para qué me queréis a mí?
Blount hizo una mueca.
—Otro par de manos. Algunos recados…
Tommie puso los ojos en blanco.
—El hecho es que ni siquiera habría soñado hacerlo antes de que aparecieses.
—¿Yo? ¿Por qué?
—Ja. Piensa en el plan: meterse en los túneles de mantenimiento, recorrer una buena distancia para entrar en uno de los laboratorios biológicos mejor protegidos del planeta. Apuesto a que yo sería capaz de conseguir entrar. Pero ¿podría atravesar los laboratorios biológicos sin ser detectado? Ni de coña. Eso sólo pasaba en Star Trek, donde el «sistema de ventilación» tenía como propósito principal el desarrollo de las tramas más idiotas. Estarnos en el mundo real… y los encargados de seguridad del mundo real también saben dónde están los túneles.
—Sigo sin tener respuesta. ¿Por qué yo?
—¿Qué? Oh. ¡A eso voy! Después de que nuestra táctica de protesta fracasase, me puse a investigar. —Tommie acarició el portátil—. Grupos de noticias, chats, motores de búsqueda… Lo usé todo, incluso algo demencial que se parece más a un sistema de apuestas online que a cualquier otra cosa. Quizá lo más complicado fue hacerlo sin alertar a los federales. Eso me retrasó, pero finalmente logré una imagen bastante buena de la seguridad del laboratorio. Es lo que cabe esperar de una instalación importante para la seguridad nacional. Material bueno, pero poco eficaz. Es un sistema orientado a claves y usuarios, en su mayoría automático. El aspecto intrínseco es biométrica estándar… de ciertos oficiales del servicio de protección de los Estados Unidos. Adivina a quién conocemos que aparece en la lista de acceso.
—Mi hijo.
—No exactamente. Tu nuera.
Alice.
—Eso es ridículo. Es experta en asuntos asiáticos. —Cuando no está loca de atar. Luego pensó en el Extraño Misterioso—. Todo esto es demasiado fácil.
Winnie.
—¿Desde cuándo eres experto en seguridad, Robert?
Debería mantener la boca cerrada. ¡Van en la dirección que me conviene! Pero había perdido su vieja capacidad para las maniobras verbales y avanzó a trompicones:
—Información como ésa no aparece en una búsqueda de Google.
Tommie cabeceó mirándolo con tristeza.
—El mundo ha cambiado, Robert. Hoy en día, puedo obtener respuestas por métodos imposibles hace veinte años. Cientos de miles de personas de todo el mundo colaboraron en mi búsqueda, cada una centrándose en una parte pequeñita que ninguna reconoció. El mayor riesgo es que mis resultados sean falsos. Hoy en día gobierna la desinformación. Incluso cuando las mentiras no son deliberadas, ahí fuera hay varios grupos de fantasía intentando doblegar la realidad según el último juego de aventura al que estén enganchados. Pero si nos están engañando con esto, no se trata de un engaño normal. Hay detalles y corroboraciones provenientes de múltiples fuentes independientes.
—Oh. —Robert logró parecer impresionado. Lo cierto era que lo estaba. Quizás el Extraño pudiese cumplir su parte del trato.
Hablaron media hora más, pero no se dijo nada específico sobre la traición que esperaban de Robert. Tommie tenía otras tareas para ellos. Precisaban algunas claves de la universidad y falsificar algunas voces. La entrada al túnel de mantenimiento estaba tapada con cemento. No tenía la entrada en la planta baja como cincuenta años antes, cuando se estaba construyendo. Y había un problema con la «cola en aerosol» de Tommie.
—¿La cola? —Tommie parecía un poco avergonzado— Todavía no existe. Pero está casi inventada. —Tommie había presentado la idea en un foro sobre jardinería ornamental, que puso en contacto con algunos inversores. En aquellos momentos la Sociedad de Arbustos Ornamentales de Japón trabajaba con unos biólogos argentinos para crear la forma definitiva del aerosol. El producto sería una realidad al cabo de menos de dos semanas. Se presentaría por primera vez en la exposición de floral de Tokio. Tommie recibiría poco después un litro del producto por UP/Ex. Robert lo miraba incrédulo—. Eh, en eso consiste ser un hacker hoy en día.
Eran más de las tres de la tarde. La sombra de la biblioteca se había alargado y bañaba los edificios cercanos. Los cuatro conspiradores habían acabado por aquel día.
Tommie se puso en pie.
—¡Podemos hacerlo! Es incluso posible que no nos pillen. Pero, si nos pillan, ¿qué más da? Será como antaño.
Carlos Rivera se puso en pie más despacio.
—Y no es que estemos causando daño alguno.
Tommie se llevó un dedo a los labios.
—Caballeros, voy a retirar la zona muerta. —Tecleó en el portátil y el LED de la carcasa se apagó.
Guardaron silencio un momento, intentando encontrar algo seguro que decir.
—Ah, vale. —Rivera miró a Robert—. ¿Te gustaría ver lo que hemos… lo que la biblioteca ha hecho con los estantes vacíos?