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—Sí. Era mucho más divertido que jugar y mucho más peligroso.

En cualquier caso, eso fue antes de los ordenadores… al menos tal y como los entendemos hoy en día. Hoy las cosas son muy diferentes, pero con mi investigación y este bioperfil obtenido por Robert, puedo saltarme a los perros guardines automáticos. Al menos, si lo hacemos en el momento preciso. —Tecleó algo en el portátil—. Vale, aquí tenemos lo último. A lo largo de las próximas seis semanas habrá tres breves periodos de tiempo en los que todos los agujeros de seguridad estarán alineados.

—¿Cuándo será el primero? —dijo Winnie.

—Muy pronto. En una semana a partir del próximo lunes. —Giró el portátil para que los demás pudiesen mirar— Iremos por Pilchner Hall. —Se lanzó a una extensa exposición sobre cómo lograrían llevar a cabo la aventura—. Y aquí es donde el túnel se divide para salir del campus. Una vez pasado ese punto, caminaremos unos ochocientos metros por debajo de la vieja instalación de General Genomics.

—El laboratorio de Huertas está justo al norte —dijo Rivera.

—Sí, y diez a uno a que podremos entrar y hacer lo que queramos… ¡e incluso a lo mejor salir!

Ni Rivera ni Blount parecían incómodos por esa predicción. Al cabo de un momento, Winnie dijo:

—La verdad es que no podemos retrasarlo. Voto por hacerlo en una semana a partir del lunes.

—Sí, yo también —dijo Robert.

— W tóngyì. Sí.

—¡Muy bien! —Tommie volvió a girar el portátil e hizo una anotación—. Venid vistiendo, pero yo os suministraré ropa nueva y toda la electrónica necesaria. Yo…

Winston Blount le interrumpió. —Hay una cosa más, Tommie.

—Eh, oh.

—No es gran cosa, pero podría darnos mucha publicidad.

—Mmm.

—Propongo que traigamos una presencia remota, a ese tipo, Sharif.

—¡Eso es una locura! —Tommie se puso de pie de un salto y volvió a sentarse con la misma rapidez—. ¿Quieres una presencia remota? ¿No lo comprendes? Allá abajo ni siquiera vestiréis.

Winnie sonrió, engatusándole.

—Pero tú llevarás electrónica encima, Tommie. ¿No podríamos sostener la presencia por ese medio?

Parker se tragó la indignación.

—¿Cómo crees que se ejecuta una presencia remota, decano?

—Eh, es una especie de superposición.

—En lo que se refiere a la representación, eso es cierto. Pero no es local. Tras las imágenes bonitas, tenemos comunicaciones de alta velocidad y reenvío a través de microláseres del entorno. En esos túneles no hay redes aleatorias. Todo lo que he planeado depende de que pasemos en silencio y, sobre todo, de que no usemos nodos de laboratorio. Lo que quieres es… —Cabeceó, incrédulo.

Robert miró a Blount.

—Yo tampoco lo comprendo. Hace dos semanas cerraste las puertas a Sharif porque lo considerabas una amenaza para la seguridad.

La cara de Winnie enrojeció, como en el pasado, cuando Roben le ponía en evidencia durante una reunión de la facultad.

Robert alzó una mano.

—Es sólo una duda, Winston. En serio.

Un segundo después, Winnie asintió.

—Vale. Mirad, nunca me ha caído mal. Le hemos conocido en persona, aquí mismo, en la biblioteca. Parece un estudiante sincero. Te está entrevistando en serio, ¿no?

Sí, cuando no es el Extraño o el señor Ciencia Ficción. Robert comprendió que bastaba que dijera una palabra para que abandonasen el plan. Nunca había imaginado que la traición fuese un trabajo a tiempo completo.

—Sí. Sus preguntas suelen ser estúpidas, pero son muy académicas.

—¡Ahí lo tienes! Lo que digo es que, si logramos nuestros objetivos al ciento por ciento, nos convendría tener a alguien de fuera que pudiese dar a conocer nuestro punto de vista, preferentemente alguien que sepa exactamente qué estamos haciendo. Podría significar la diferencia entre acabar en la cárcel con la boca cerrada… y exponer un alegato moral convincente.

—Sí —dijo Rivera—. Usted es el genio de la seguridad, profesor Parker. Pero incluso los mejores planes pueden salir mal. Si incluye a Sharif, sería… una especie de red de seguridad.

Tommie se golpeó delicadamente la cabeza contra la mesa.

—No sabéis lo que me estáis pidiendo.

Pero no eran más que gestos histriónicos. Tommie no había dicho que no. Al cabo de un momento, el hombrecito se sentó erguido y los miró.

—Me estáis pidiendo un milagro. Quizá pueda lograrlo, quizá no. Dadme un día para pensar.

—Claro, profesor.

—Desde luego. —Blount sonreía de alivio.

Tommie cabeceó y se inclinó sobre el portátil. Parecía más que contento cuando los otros miembros de la banda dieron por concluida la reunión y se fueron a los ascensores.

Habitualmente cuando llegaban allí ya había un ascensor esperando. Por lo visto, la zona muerta de Tommie había cegado incluso el software de los ascensores. Tras un momento mirando las puertas cerradas, Carlos pulsó el botón de la planta baja.

—La ventaja de conservar controles anticuados —dijo con una sonrisa poco convincente.

Winnie sonreía de oreja a oreja, pero no por nada relacionado con el ascensor.

—No te preocupes. A Tommie se le ocurrirá algo.

Robert asintió.

—Siempre lo consigue, ¿no?

—SÍ —dijo Winnie, y todos rieron, y de pronto Robert comprendió por qué Winnie y Carlos querían a Sharif con ellos.

Mientras las puertas se abrían y Rivera y Blount entraban, Robert dijo:

—Ya nos veremos. Quizá debería volver a ver a los Bibliotecarios Militantes.

Winnie hizo un gesto de exasperación.

—Como quieras. —Y se fueron.

Robert se quedó allí un momento, escuchando el sonido del ascensor que se iba. Por la puerta que daba a la escalera situada a su izquierda se bajaba a la biblioteca virtual. No se habían producido más terremotos falsos, pero los Bibliotecarios Militantes todavía jugaban con amplificadores potentes. Oía el sonido de piedra en movimiento, más fuerte que el del ascensor. El suelo bajo sus pies se agitaba siguiendo el ritmo de las fantasías de Jerzy Hacek.

Esperó un poco más, y luego, en lugar de bajar las escaleras, volvió sobre sus pasos para encontrarse con Tommie Parker.

Tommie estaba inclinado hacia delante, con la cara hundida en el ordenador. El LED de zona muerta seguía encendido. Tenía el aspecto de un mago inclinado sobre un grimorio. Allí no hacía falta la realidad virtual. Robert se sentó en una silla y le miró. Era más que posible que ni siquiera se hubiese percatado de su llegada. Tenía una enorme capacidad para concentrarse en juegos, rompecabezas y planes.

«Estoy en todas partes y aparezco donde me da la gana para obtener el resultado que deseo.» De eso se había jactado el Extraño Misterioso. Después de la pasada noche, después del milagro en el baño, Robert estaba dispuesto a creer que, fuese quien fuese el Extraño, bien podía ser tan poderoso como afirmaba. ¿Qué tendrá para controlar a Winnie y a Carlos?

Al fin, Robert rompió el silencio.

—Bien, Tommie, ¿en qué medida la hemos jodido?

Unos ojos azules se asomaron por encima de la pantalla del portátil La expresión de Tommie era de ¿qué haces aquí? Volvió a mirar el ordenador.

—No sé. Me gustaría que tomaseis una decisión definitiva. —Una mirada rápida a Robert—. Pero tú no has insistido en este cambio, ¿verdad?

—Tengo… tengo ideas contrapuestas. —El Extraño estaría con ellos al lunes siguiente, lo que demostraría su ubicuidad—. Siempre he creído que los genios de la tecnología deberíais trabajar como os pareciese más conveniente.

Tommie asintió.

—Sí.

En realidad, al antiguo Robert la tecnología no le había importado en absoluto. En el presente las cosas eran muy diferentes.

—Pero recuerdo que siempre se te dio bien sacarte milagros del sombrero. ¿Esta vez estamos pidiendo demasiado, Tommie?

Parker se sentó bien y le dedicó a Robert toda su atención.

—Yo… no lo sé, Robert. Antaño, no había forma de lograr algo así. Podía diseñar supercircuitos integrados de aplicaciones específicas. Podía hackear protocolos. Podía hacer docenas de cosas que escapaban a las estrecheces de mi especialidad académica. Pero ahora eso no vale de mucho. Es que…

—Es que estás trabajando en un problema más amplio que cualquier conjunto de especialidades.

—¡Sí! ¿Cómo sabes eso?

La señora Chumlig me lo dijo. En voz alta, Robert dijo:

—Hoy en día, te enfrentas a especialidades sin ninguna relación entre sí.

—Exacto. Algunas de mis capacidades fundamentales siguen siendo importantes. En ellas soy tan efectivo como siempre. Pero… cuando me jubilé ya casi era una vergüenza para mi departamento. Se me daban bien ciertas clases, pero cuando intenté enseñar las nuevas técnicas integrativas… bien, toda mi vida he estado muy por delante de los alumnos, incluso en las nuevas clases. Pero hacia el final ya vacilaba. Superé mi último semestre asignando proyectos semanales y luego haciendo que los chicos se criticasen unos a otros. —Parecía tremendamente avergonzado. Nada parecido le había pasado al antiguo Robert… Pero yo siempre pude definir qué eran la calidad y el rendimiento.

»En cualquier caso, tras jubilarme volví a la universidad… al menos mentalmente. Hay una forma completamente diferente de encarar la resolución de problemas si lo que quieres es resolver rápidamente problemas grandes. Es como aprender a usar herramientas potentes, sólo que hoy en día tus herramientas no se limitan a Google y a los paquetes matemáticos, también están los foros de ideas y las especulaciones sobre el futuro y…

—¿Y tratar con gente?

—Sí. La gente nunca formó parte de mis ecuaciones… pero eso ya no importa. Hay oficinas de diseño especializadas en tratar con las personas normales. —Tommie se inclinó hacia delante, hablando en confianza—. Desde que empecé a trabajar en este proyecto, ¡todo ha ido encajando! Entrar en los túneles no serviría de nada si el personal estuviese en los laboratorios. Así que he convertido la lucha política entre los hacekeanos y los scoochis en la distracción mediática más espectacular… el choque de los círculos de opinión. ¡Será genial! He encontrado un coordinador de diseño que comprende lo que busco. Yo establezco la idea general y él la va distribuyendo por todo el planeta para su resolución. ¡Los planes detallados simplemente van creciendo! —Tommie volvió a sentarse, su frustración sustituida por esa visión de sus nuevos poderes—. ¡Y mira mi ordenador! —Pasó amorosamente la mano sobre el aparato. La carcasa estaba mellada y rayada. Daba la impresión de que había servido a generaciones. Los LED de la parte superior estaban encajados en pequeñas hendiduras del metal. El viejo Tommie no creía en eso de que «el usuario no debe manipular el interior»—. A lo largo de los años he reemplazado todos los componentes internos. Demasiado a menudo los cambios han sido para cumplir estándares nuevos del maldito EHS. Pero en los últimos dos meses he metido una revolución ahí dentro. Subvierte aspectos nada triviales del Entorno de Hardware Seguro. Te lo juro, Roben, tengo más potencia de cálculo de la que nunca tuvieron la DARPA y la CIA en el siglo XX.

Roben guardó silencio un momento. Luego dijo:

—Apuesto a que encontrarás una forma de llevar a Sharif.

—Ja. Eso sería la guinda del pastel. El truco más obvio es del siglo XX: tender nuestro propio cable. Eso nos permitiría obtener una tasa de datos decente, al menos la suficiente para Sharif, y seguir pasando desapercibidos. —Miró a Robert y aparentemente tomó su silencio por incredulidad—. Lo sé, el paseo es largo y la seguridad del túnel estará casi toda activa. Pero hay un tipo de fibra óptica aislada… o la habrá en cuanto acabe con mi coordinador de diseño.

—Sí. Tu coordinador de diseño.

«Estoy en todas partes y aparezco donde me da la gana, para obtener el resultado que deseo.» El nuevo mundo era un lugar mágico, pero los milagros tenían su jerarquía. Estaban las cosas que Juan y Robert podían hacer. Luego estaba lo que Louise Chumlig intentaba enseñar. Estaba lo que Tommie había aprendido por su cuenta. Y en algún lugar por encima de todo eso, se encontraba lo que el Extraño Misterioso era capaz de obrar.