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Tommie parecía sinceramente avergonzado de ver tanta carne flácida. Enseguida abrió una de las bolsas de plástico y pasó pantalones y camisas. Parecían de tela gris, ropa de trabajo. Carlos sostuvo la camisa a contraluz y examinó de cerca el tejido. Lo dobló y lo frotó con las manos.

—Esta ropa es tonta.

—Sí. Nada de microláseres de infrarrojos, ni de nodos de procesadores. Sólo algodón de calidad, como Dios quería que vistiésemos.

—Pero…

—No te preocupes, tengo procesadores.

—Bromeaba con lo de los portátiles, Tommie.

Tommie negó con la cabeza.

—No, nada de portátiles. Tengo cajas Hurd.

¿Eh? Sin vestir, Roben estaba paralizado.

Carlos parecía igual de perdido, pero luego debió de llegarle algún recuerdo de modo natural.

—¡Oh! ¡Hurd OS! Pero ¿no están obsoletas?

Tommie rebuscaba en la segunda bolsa de plástico. No alzó la vista.

—Obsoletas no. Son simplemente ilegales… Ah, aquí están. Genuinas Made in Paraguay. —Pasó una caja de plástico negro del tamaño de un libro de bolsillo a cada uno de los conspiradores. A un lado había un teclado real y un clip metálico al otro—. No tenéis más que colgároslas de la cintura. Tenéis que aseguraros de que la lengüeta metálica toque la piel.

Los nuevos pantalones de Robert eran demasiado cortos y la camisa le quedaba enorme. Se colocó el ordenador ilegal en la cintura y sintió el frío del metal sobre la piel. Podía ver una superposición tenue. Era la imagen de un teclado y, cuando colocó la mano sobre la caja, vio marcadores correspondientes a las yemas. Era una interfaz penosa.

—No la tapes con la camisa, Carlos. Lleva todos los puertos de comunicaciones.

Intervino Winnie:

—¿Quieres decir que es preciso orientarla adecuadamente para establecer la conexión?

—Sí. Mientras estemos abajo, nuestra única conexión externa sería a través de mi portátil. Y la única conexión de mi portátil pasará por aquí. —Tommie levantó algo que parecía una rueda de oración. La hizo girar. Hubo un destello en el aire, que se deslizó por un cable demasiado fino para verlo hasta un conector que sostenía en la otra mano. Se volvió y lo conectó a una caja del carro—. Probadlo.

Robert se levantó los faldones de la camisa y giró hasta que la caja estuvo directamente encarada al portátil de Tommie. Nada. Entró una orden simple, ¡Y podía volver a ver a través de las paredes! Al norte de Gilman Drive había todavía más gente dirigiéndose a la biblioteca. Dentro… recorrió el pasillo. Seguía desierto. ¡No! Un tipo se acercaba muy decidido a la habitación «secreta». Luego perdió el punto de vista.

—Eh, Tommie…

—¿Qué?

La voz del Extraño sonó en el oído de Robert. El audio era tan malo como en su vieja página visor, pero lo entendió sin dificultad.

—No has visto nada, amigo mío.

—Yo… —Robert tragó—. El enlace de fibra funciona bien, Tommie.

—Bien, bien. —Parker caminó entre ellos, asegurándose de que todos pudieran recibir y transmitir—. Vale. Estamos todos equipados. Esto ha sido lo divertido. Ahora viene lo de ser mulas de carga. —Señaló las mochilas del carrito.

La mochila de Robert pesaba como unos veinte kilos. La de Carlos no parecía menos pesada. Las de Tommie y Winnie eran más pequeñas, a pesar de lo cual Blount tenía dificultades para soportar la carga. Winnie es como un viejo. Sí, el campo de minas celestial de Reed Weber. Robert apartó la vista antes de que Winnie se ofendiese. Se colocó la mochila para que le resultase más cómodo llevarla y se quejó:

—Pensaba que estábamos en el futuro, Tommie. ¿Dónde está la miniaturización o, al menos, los porteadores automáticos?

—En el lugar al que vamos, Robert, la infraestructura no es muy amistosa. —Tommie miró la pantalla del portátil—. Hola, señor Sharif, parece que estamos listos para partir. —Indicó el agujero oscuro en medio de la habitación—. Ustedes primero, caballeros.

22

Alfred esperó un tiempo prudencial antes de entrar en la habitación. No tenía sentido hacer ruidos que las víctimas de Conejo pudiesen oír.

—¿Qué te había dicho, viejo? ¡Hemos entrado! ¡Hemos entrado! —Conejo bailó alegremente alrededor del pozo. La fibra óptica que tanto alegraba a Conejo era invisible de tan delgada excepto cuando la luz incidía sobre ella en cierto ángulo.

Vaz asintió. Él podía celebrar un éxito de comunicación diferente; había reestablecido su enlace milnet a través del Pacífico.

Braun —› Mitsuri, Vaz: ‹ms› Seguridad Interior de Estados Unidos parece tranquila, Alfred.‹/ms›

Alfred estudió las estadísticas que entraban. Provenían de los centros de escucha de la Alianza. El panorama nacional estaba efectivamente tranquilo, incluso a pesar de que el altercado en la biblioteca había atraído multitudes al campus de la UCSD. Conejo había creado la distracción paradójica perfecta. Casi perfecta; la situación empezaba a descontrolarse.

Vaz se agachó junto a la caja que marcaba el punto donde acababa el enlace de fibra de Thomas Parker. La caja era un puente. Por un lado entraba el flujo de datos sin certificar proveniente de los ordenadores ilegales de Parker. Por el otro lado, parecía que «buen ciudadano» ejecutaba el Entorno de Hardware Seguro exigido por el gobierno. Ocultaba los datos de Parker en paquetes inocentes recubiertos de todas las licencias y permisos requeridos para sobrevivir en el EHS. No era más seguro que la milnet de Vaz, pero bastaría en muchos de los puntos del árbol de contingencias.

Alfred trasteó con la caja y enseguida captó en directo el vídeo de Parker. Al fin era realmente un Cabecilla Local.

El vídeo proveniente del portátil de Parker saltaba bastante, pero Vaz reconoció el equipo de las paredes y algunas de las señales físicas. Los tontos de Conejo habían violado la seguridad del biolaboratorio y, lo que resultaba todavía más impresionante, el juego delicado de mantener engañado el sistema automático de seguridad del laboratorio era un éxito.

—¿A cuánto están del Objetivo A? —le preguntó Alfred a Conejo. En realidad, era la sede de su programa privado de investigación. Fingiría examinarlo con los demás.

—Ya casi han llegado. —Conejo se agitó ligero—. Dentro de menos de diez minutos empezarán a soltar equipo. No te preocupes.

Alfred miró por sus puntos de vista de la superficie.

—La mayoría de mis móviles están atrapados al norte de Gilman Drive. —Durante un combate convencional, esos robots se hubiesen limitado a tomar el control de la infraestructura local y hubieran cruzado todos juntos. En lugar de eso, los retenía el tráfico de coches y humanos de la carretera. Al menos uno había chocado con un vehículo.

Conejo abrió las patas fingiendo lástima. Al menos no sacó otra zanahoria.

—No se puede tener todo. Los fans de Hacek y Scoochi han hecho todo lo que queríamos: el personal humano ha salido de los laboratorios. El altercado se está tragando los recursos locales de comunicación. Para cuando llegue al máximo, esto será un agujero negro. Y todo parece totalmente inocente. No me digas que tú podrías haber organizado una operación mejoro

Vaz no respondió. Había comprendido que la irritación era la emoción más positiva que podía sentir por Conejo. Se sentó dando la espalda al pozo de cemento y siguió la situación. Podía ver que la gente del Departamento de Seguridad Interior vigilaba de cerca, pero vigilaba lo que debía. El consenso de los analistas era que Conejo lo había orquestado todo para ajustarse a la perfección a la paranoia del DSI. ¿Podría ser que hubiesen retirado a Alice Gong pero los monitores de la Alianza no lo hubiesen detectado? En el subsuelo, los tontos de Conejo casi habían llegado al Objetivo A. La «investigación» del lugar comenzaría al cabo de diez minutos. Media hora más tarde, él empezaría a ofrecer sus resultados manipulados… y después de eso sólo sería cuestión de escapar y dejar que atrapasen a los tontos. Las cosas iban sobre ruedas. Podría haberse quedado en Mumbai. Pero ¡no se quejaba!