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—¿Por qué tubos neumáticos, Tommie?

—Bien, ahí es donde la teoría choca con la realidad. Proteómica, genómica, regulómica… nombra una «ómica» y aquí la tienen. Estos laboratorios son enormes. El tráfico local de datos es un millón de veces superior al de una rama pública, con la latencia de una red doméstica. Pero aun así necesitan mirar muestras biológicas reales y a veces tienen que transportarlas. Usan bandejas de transporte para los desplazamientos conos, tubos neumáticos para los largos. GenGen posee incluso su propio lanzador UP/Express para enviar paquetes a otros laboratorios de todo el mundo.

Robert oía sonidos que provenían de la oscuridad, voces que no pronunciaban palabras reconocibles, chasquidos parecidos a los de máquinas de escribir antiguas. Esto es ciencia?

Carlos dijo:

—Cuando intento sondear la red local sólo veo las paredes desnudas.

—Ya os lo he dicho. Hablar con la red del laboratorio complicaría demasiado esta operación.

—El túnel debe saber que estamos aquí. —Llegaron a una pequeña zona iluminada. Detrás y por delante el túnel estaba oscuro.

—Sí. Sabe que estamos aquí. Pero podríamos decir que sólo a nivel inconsciente.

Robert iba a la cabeza y señaló hacia la pared, justo delante de la luz. —¿Qué hay de estas indicaciones? —Las letras estaban realmente pintadas en el muro:

5PBps:Prot‹—›Geno.10PBps:Multi

Tommie se adelantó.

—¡Quizá sea el ramal principal de General Genomics! —Levantó mucho la rueda de oración, alejando la fibra de los otros. El Extraño era visible detrás de Tommie, pero ahí abajo el monstruo no podía situarse con precisión. Sus pies flotaban sobre el suelo y su mirada se desviaba noventa grados.

Tommie situó el portátil de forma que la cámara enfocase las letras.

—Debo admitir que este enlace de fibra va bien. Puede enviar vídeo a mi consultor. —Sin que Tommie le viese, el Extraño Misterioso se señaló con el pulgar y sonrió. Tommie examinó brevemente la pantalla del portátil—. ¡Sí! Hemos llegado al ramal óptico de GenGen —señaló el túnel lateral—. Aquí es donde se complica.

A los cinco metros, el túnel lateral se abría a una zona mucho más grande… cavernosa. En las sombras, algo se inclinaba hacia las alturas.

—¿Veis esa torre? —dijo Tommie—. Es el lanzador privado de GenGen. Estos tipos no se molestan en recurrir a los lanzadores de East County.

Los chasquidos los rodeaban por completo. Provenían de la parte superior de los armarios de equipo; seguían un patrón, como poesía tecleada simplemente para aliviar el estrés. Al final de una estrofa, las cosas se movieron. La luz destelló desde lo más profundo de cristales enmarañados. Algunos de los armarios tenían etiqueta física: «Mus MCog».

El Extraño bailó entre ellos, una fantasía producida por el portátil de Tommie y la fibra que arrastraba. Pero la fantasía los observaba a través de la cámara del portátil y hablaba… al menos le hablaba a Robert. El Extraño señaló más o menos hacia los cristales.

—Las maravillas de los nanofluidos. Una década de la antigua ciencia biológica completada con cada cambio de luces. ¿Cómo representas un billón de muestras y mil millones de billones de análisis? ¿Cómo puede representarlo el arte? —Vaciló, como si realmente esperase ansiosamente la respuesta, y luego volvió a desaparecer. Pero dejó atrás sus propias etiquetas y explicaciones.

Robert miró las filas de máquinas, la torre que casi se perdía en la distante oscuridad. Aquel lugar era una catedral mecánica. Pero ¿cómo representarlo cuando a él le llevaría años comprenderlo siquiera mínimamente? La maraña de cristal no estaba demasiado coloreada; buena parte de los carriles de fluidos eran microscópicos y estaban ocultos en aparatos que hubiesen podido ser refrigeradores enormes. Las etiquetas del Extraño flotaban aleatoriamente, subtítulos fantasmales para un proceso trascendente. Y, sin embargo, le recordaba lo que había perdido; las palabras burbujeaban en su imaginación, palabras con las que intentaba capturar el asombro que sentía.

Recorrieron estrechos corredores, girando sólo cuando Tommie les decía que girasen. Más o menos cada minuto se detenía y sacaba algunos aparatos más de la mochila.

—Hay que instalarlos correctamente, chicos. Permanecer invisibles aquí es mucho más difícil que en el túnel. —Tommie quería que situasen los dispositivos cerca de los nodos de comunicación, que resultaron estar detrás de los cristales de fluidos, muy al fondo. Robert realizó la mayoría de las «instalaciones». Carlos lo subía a un armaría. Robert se retorcía, acercándose tanto al cristal que oía chasquidos apagados y el fluido susurrando tan débilmente como una filtración. Repetido millones de veces, aquel sonido formaba la atmósfera de la sala.

En un caso, Robert esperó y se dio cuenta de que el propio aparato se ocupaba de la instalación final, alejándose de él para sumergirse entre el vidrio… como si debajo tuviese una bandeja de transporte en miniatura.

—¿De qué te ríes, Gu? —dijo desde abajo la voz de Blount.

—¡De nada! —Robert se arrastró por el armario y bajó—. Acabo de entender un pequeño misterio.

Siguieron avanzando. En la mayor parte de los armarios decía «Dros MCog». Avanzaban más rápidamente, más que nada porque Carlos y Robert le habían pillado el truco a la gimnasia de la operación.

—¡Ése ha sido el último, chicos! —Tommie apartó la vista del portátil y miró los cristales de fluidos—. ¿Sabéis?, es realmente curioso que todos esos nodos estén situados detrás del equipo de laboratorio, tan al fondo —dijo.

El Extraño Misterioso se situó delante de Tommie y agitó los dedos verdosos en dirección a Robert, Carlos y Winnie Blount.

—No es un misterio que importe. ¿Por qué no sugiere alguien seguir con el gran plan de Tommie?

Por un momento nadie dijo nada, pero Robert dedujo dos cosas sobre lo que acababan de hacer: era realmente a eso a lo que habían ido allí. Era así como el Extraño podría cumplir su promesa. Quizá Carlos y Winnie hubiesen llegado a la misma conclusión, porque de pronto todos hablaban. Blount hizo un gesto para que los otros se callasen y se volvió hacia Parker.

—¡Quién sabe, Tommie! Dijiste que este lugar estaba lleno de sutilezas. Podría llevarnos semanas comprender cómo encaja todo.

—Sí, sí. —Tommie asintió, sin ver la expresión de satisfacción del Extraño—. ¡Más tarde habrá tiempo para el análisis! —Miró el portátil—. En cualquier caso, esto ha sido lo difícil. Ahora tenemos vía libre hasta donde Huertas almacena el troceado.

No instalaron más aparatos. El portátil de Tommie aconsejó darse prisa y Tommie se apresuró. Lo que fuese que el Extraño Misterioso estuviese planeando para GenGen, ellos ya no le hacían falta. Robert miró atrás. Winnie estaba sin aliento, iba casi trotando. El Extraño debía de haberle dado ánimos especiales, y detrás de Carlos, Tommie giraba su rueda de oraciones, tejiendo el hilo de araña.

De pronto el suelo de cemento dio paso a algo blando y el sonido de sus pasos fue como los golpes de las baquetas sobre un enorme tambor.

—¿Cuándo vuela un túnel? —dijo Tommie—. ¡Cuando es realmente un túnel en el cielo!

De pronto Robert comprendió dónde se encontraban. En uno de los pasos cerrados que surgían de un lado de Rose Canyon, al norte del campus. En aquel momento estaban de pie en un túnel situado veinte metros por encima de la ladera cubierta de maleza y gayubas.