Tim Huynh veía más que eso. Después de todo, llevaba equipo de GenGen. Veía redes fundidas con el trasfondo, recopilando y recopilando… para luego actuar con sutileza. Debían de pertenecer al Gremio de Fantasistas, la más rica de las cooperativas artísticas del mundo. Su lema: «¡No nos hace falta ningún maldito intermediario!»
Y por supuesto, también estaba presente la policía, una media docena de cuerpos que iban desde la policía del campus hasta el FBI.
Grandioso Scooch-a-mout —› Pequeño Scooch-a-mout: ‹ms›¡Eh, amigo mío! Nos quedan diez minutos para ganar opinión y resolución. Luego empezarán a bloquearnos.‹/ms›
Alfred lo veía todo desde el sótano de Pilchner Hall. El disturbio de Conejo había vaciado los laboratorios biológicos. El equipo de inspección indoeuropeo estaba colocado y ya enviaba resultados (resultados falsos, pero eso era obra de Alfred). Los tontos que habían instalado el equipo ya estaban muy lejos de la zona GenGen y habían llegado allí donde su arresto provocaría sospechas que desviarían la atención. Pero…
—Nos hacen falta al menos quince minutos más —dijo Alfred. El flujo de datos falsos de la investigación se completaría mucho antes, pero limpiar y salir llevaría su tiempo.
Conejo se encogió de hombros.
—No te preocupes, viejo amigo. Le dije diez minutos a Huynh para mantenerle en tensión. Incluso después de que la policía del campus ataque, todavía pasará media hora antes de que el personal de GenGen vuelva a los sótanos.
Mitsuri —› Braun, Vaz: ‹ms› Creo que Conejo tiene razón con el tiempo que nos queda. Su operación en la biblioteca es una obra maestra. Nosotros habríamos sido incapaces de montar una distracción semejante sin pulsar simultáneamente todos los botones del aparato de seguridad americano.‹/ms›
Braun —› Mitsuri, Vaz: ‹ms› El disturbio ha crecido en exceso.‹/ms›
El tráfico seguía bloqueando sus robots móviles. Como no tenían disponibles los mecanismos suficientes, no habían logrado tomar por completo el control de Pilchner Hall… y dos niños indeseados habían creado el primer verdadero problema de la velada. En aquellos momentos uno de esos niños estaba tendido, inconsciente, junto al pozo, justo donde Alfred le había derribado.
Vaz echó un vistazo a Conejo, sentado en el borde del pozo con los pies peludos colgando en la oscuridad.
—¿Qué hay de la chica, Conejo? Está dando vueltas por los túneles, sin control.
Conejo sonrió de oreja a oreja.
—Así que llámame gran dios de las consecuencias inesperadas. Cuando las cosas se complican, siempre hay consecuencias y Miri Gu es simplemente una de ellas. Tú eres el Cabecilla Local. ¿Por qué no vas tras ella?
Braun —› Mitsuri, Vaz: ‹ms› No. Eso te situaría fuera de cualquiera de nuestros planes de contingencia.‹/ms›
En realidad, Alfred se sentía tentado, pero mandó un móvil a buscar a la chica. Tal vez fuese suficiente para mantenerla ocupada. Y si la niña daba con los tontos… bien, entonces tendría otra opción a su alcance que pillaría a Conejo por sorpresa. En voz alta, Vaz dijo:
—No creo. ¿Tienes alguna otra propuesta?
—Lo evidente, viejo amigo: debes ser flexible, como yo. ¿Quién sabe qué posibilidades irán presentándose? No puedes localizar a Miri Gu, pero qué más da. Eso significa que la chica no está en ningún punto de los que te interesan, ¿no? —Agitó las orejas inquisitivamente.
Braun —› Mitsuri, Van: ‹ms› Quiero al señor Conejo fuera de esto. Está intentando controlarnos, mientras nos distrae con su insolencia.‹/ms›
Insolencia que podía ser muy molesta. Conejo se había puesto a comer otra zanahoria. La criatura sonreía enseñando sus grandes incisivos mientras mordisqueaba, como diciendo: «¡No os preocupéis por mí; dedicaos a los mensajes silenciosos todo lo que queráis!»
Mucho más allá de las paredes, Alfred podía oír los ruidos de la maniobra de distracción de Conejo. Los analistas de control nuclear informaban de que Seguridad Interior estaba siguiendo con mucho interés lo que pasaba en la UCSD, pero que por lo demás todo estaba tranquilo. Günberk y Keiko se lo tomaron como una buena noticia. Pero ¿significa eso que Alice Gong sigue trabajando? Para Alfred, ésa era la pregunta más importante, mucho más que el encuentro con los dos niños.
En cualquier caso, era hora de echar de allí al conejo inquisitivo. Había que hacerlo sin que Günberk y Keiko sospechasen. Por suerte, Günberk ya estaba trabajando en la dirección conveniente. Braun hizo flotar en la vista una matriz de necesidades y metas en colores distintos dependiendo de su grado de probabilidad, pero era asombrosamente clara: en el caso del disturbio de la biblioteca, los términos relacionados con Conejo relucían de un rojo vivo, había un centenar de tareas que sólo él podía ejecutar si se mantenía la distracción. En el caso de los laboratorios subterráneos, había una docena de elementos dependientes de Conejo, en general relacionados con hacer que los tontos bajasen, guiarlos y sacarlos de la zona de operaciones, todos ellos en verde.
Vaz —› Braun, Mitsuri: ‹ms› Buen apunte, Günberk.‹/ms›
Mitsuri —› Braun, Vaz: ‹ms› Vale. Suelta a Conejo, pero con cortesía. Propongo que eches la culpa a tus molestos colegas remotos ‹grin/›. ‹/ms›
Alfred sonrió a Conejo.
—Tienes razón, señor Conejo. Algunos somos muy inflexibles.
—Eh, no pasa nada. —Conejo hizo un gesto magnánimo.
—De hecho, has logrado que aquí abajo las cosas sean tan seguras que mis jefes quieren que te concentres en la operación de la superficie.
—¿Qué haces…? ¡Eh!
Vaz alargó la mano y soltó la línea de fibra óptica del puente.
Por un momento la imagen de Conejo quedó congelada, como un gráfico que hubiese perdido la fuente remota. Claro está, Conejo todavía tenía conexión de Internet hasta allí; la pausa no fue más que un momento de asombro. Cuando pasó, la criatura se puso en pie de un salto.
—¿Por qué lo has hecho? —Su voz y su expresión facial carecían casi por completo de vida. Aparentemente, Conejo jamás había tenido en cuenta la posibilidad de tener que enfrentarse a sorpresas y vergüenzas reales.
El conector de fibra óptica colgaba de la mano de Alfred. Tuvo que hacer un esfuerzo enorme de voluntad para no sonreírle jactándose. Enchufó la línea a un transceptor que llevaba en el cinturón. Lo que entraba y salía por la fibra pasaría desde aquel momento por su milnet privada.
Braun —› Mitsuri, Vaz: ‹ms› ¡Bravo, Alfred!‹/ms›
Mitsuri —› Braun, Vaz: ‹ms› ¡Sé amable! Todavía le necesitamos para el disturbio.‹/ms›
Conejo caminó por el borde del agujero agitando las patas como puños.
—Estás faltando a nuestro acuerdo. —La voz seguía sin inflexión.
Alfred sonrió amablemente y le habló sin el más mínimo rastro de triunfalismo.
—Por favor, señor Conejo, repasa nuestro acuerdo. Los dos nos necesitamos mutuamente para beneficiarnos… y cada uno es experto en su propio campo. El equipo ya está insertado en el laboratorio. Si mantienes el disturbio unos minutos más, tendrás todo lo que te prometimos.
Conejo le miró sin expresión.
—Me necesitas en los laboratorios. Seguro que…
¡No es omnisciente!
—Es posible. Te mantendré informado de la situación. ¿Qué me dices?
Por el rostro de Conejo cruzó una súbita oleada de expresiones: furia, luego una mirada de suficiencia tapada de inmediato como si el operador no hubiese querido que fuese visible y, por último, un suspiro muy exagerado de paciencia extrema. Sí, cómo sufría el pobre Conejo.