—Ah, triunfa la paranoia. Muy bien, me doblegaré a tus deseos… —Lo que hizo con aparatosidad, bailando alrededor del pozo—. Me iré a protegerte de las amenazas de la superficie. —Enseñó brevemente unos dientes muy poco de herbívoros—. Pero espero todos los pagos acordados. Ya conoces mis capacidades.
—Las conozco. Y comprendo que es posible que todavía haya complicaciones. —E intentos por tu parte de crear complicaciones—. Alguien de mi personal se pondrá en contacto contigo en la superficie.
Vaz —› Braun, Mitsuri: ‹ms› ¿Keiko?‹/ms›
Mitsuri —› Braun, Vaz: ‹ms› En marcha.‹/ms›
Conejo le dedicó un último saludo frívolo, y de pronto en la pequeña habitación, con sus paredes de plástico y el suelo de cemento, no hubo rastro de Conejo. Alfred desactivó las restantes conexiones a Internet. Ya sólo quedaban el montón de ropa vieja, el carrito, el agujero en el suelo… y la baja humana.
Los ruidos reconfortantes del jaleo siguieron filtrándose desde la biblioteca.
Vaz —› Braun: ‹ms›¿Qué tal los datos del laboratorio?‹/ms› El equipo de inspección llevaba varios minutos transmitiendo. ¿Se creían las mentiras? ¿Podría Günberk renunciar a su preciosa teoría?
Braun —› Vaz: ‹ms› Están completos al setenta por ciento. Tendremos que realizar muchos análisis posteriores, pero a primera vista parece que los laboratorios son inocentes.‹/ms›
¡Sí! Grandioso Scooch-a-mout —› Pequeño Scooch-a-mout: ‹ms› ¡Avanza ahora, amigo mío! ¡Los cabrones Hacek están cediendo! ‹/ms›
Y efectivamente los hacekeanos se retiraban, al menos en la zona situada directamente por delante de Timothy Huynh. Llevó el elevador hasta ese hueco, aplastando a todos los robots araña que se le cruzaron por delante. El frente de batalla se había desplazado hasta casi el sur de la entrada principal de la biblioteca. Allí el enemigo se retiraba.
Los scoochis tenían más personas reales sobre el terreno yeso implicaba más apoyo para los efectos visuales. Pero los hacekeanos tenían a unos doscientos mil individuos remotos, que en el caso de los scoochis virtuales eran la mitad. Al otro lado de la biblioteca, en la colina, junto a la zona de carga, no había espacio para una multitud de humanos reales. Allí, Hacek, la opinión mundial, crecía. Conocimiento Peligroso estaba allí, más espectacular que nunca, orquestando un espectáculo celeste que resonaba sobre el valle. Sus refuerzos descendían cabalgando sobre lanzas de luz.
Tim hacía lo posible por seguir la acción global, aunque en aquellos momentos estaba muy ocupado aplastando todos los robots araña que podía pillar. Esa noche había presenciado maravillas de ambos bandos, cosas con las que su círculo de opinión se podría deleitar durante al menos un año. Y, sin embargo, seguía habiendo margen para una victoria clara. Esa noche, Scooch-a-mout podría trascender lo que había sido un mercado marginal y alcanzar la misma extensión mundial que Hacek, Pratchett y los imperios de Bollywood. Les hacía falta algo asombroso, algo que abriese los cielos entre ellos y los hacekeanos. Hizo avanzar su Mind Sum, su ser de niebla y acero, de un lado a otro del frente, aplastando los robots araña que quedaban. No se le ocurría nada más espectacular. Maldición.
Pero ahí fuera había un mundo de scoochis e inteligencia a raudales. Grandioso Scooch-a-mout —› Pequeño Scooch-a-mout: ‹ms› Libera los controles automáticos de mi elevador.‹/ms›
Huynh lo hizo.
La figura de Grandioso Scooch-a-mout permaneció inmóvil un momento, pero, en la vista de técnico, Huynh veía que células de energía cargaban los condensadores hasta la zona crítica.
Y luego Grandioso Scooch-a-mout corrió como un atleta humano y… por Dios, saltó nueve metros hasta el césped que había junto al camino de la serpiente. Miró hacia el valle y le gritó a Conocimiento Peligroso con una voz simultáneamente virtual y real. Y la real era una mezcla de ruido y dolor.
—¡Oye, pequeño conocimiento molesto! Estamos igualados, ¿no te parece?
Desde el valle, junto a la zona de carga, Conocimiento Peligroso agitó el puño hacia el elevador tambaleante.
—¡Demasiado igualados!
—Pero uno de nosotros debería ganar claramente, ¿no?
—¡Claro! Y seré yo, como sabe todo el mundo. —Conocimiento Peligroso saludó a sus seguidores… ¡millones! Pero Tim veía claramente que en buena parte eran imágenes falsas.
—Quizá. —Grandioso Scooch-a-mollt volvió a dar un salto, en esta ocasión hasta el borde del desnivel situado sobre la zona de carga. La maniobra resultaba impresionante, sobre todo sabiendo que detrás había una máquina real—. Pero ¿de qué va todo este conflicto? —Agitó los brazos, un dios animándolos, y los scoochis gritaron con toda la amplificación disponible.
—¡Queremos nuestro espacio!
—¡Queremos nuestra biblioteca!
—Y sobre todo, ¡queremos libros !
—¡Sí! —dijo Grandioso Scooch-a-mout—. Todos luchamos por la biblioteca. ¡La biblioteca debería decidir!
Tras esa declaración, todos los efectos de sonido de los scoochis se apagaron. Un silencio de duda recorrió a los scoochis. Huynh miró de un lado a otro, valorando la reacción provocada por Grandioso Scooch-a-mout. Sonaba bien aquello de recurrir a la biblioteca en sí, pero ¿qué implicaba?
En el valle se oyeron risas. El enemigo había llegado a la misma conclusión. Estamos jodidos, pensó Huynh. Pero luego se dio cuenta de que Conocimiento Peligroso no se reía. La criatura subió la mitad de la cuesta mirando a Grandioso Scooch-a-mout a los ojos. Y el silencio se volvió irreal —en ambos bandos.
De alguna forma, Conocimiento Peligroso sabía a qué se refería Scooch-a-mout.
—Bien —dijo al fin el diosecillo Hacek, y su voz tenía una tonalidad sedosa a pesar de reflejarse en la biblioteca y penetrar profundamente en la mente de todos los que miraban—. ¿Queréis que la biblioteca misma decida quién se ocupará de ella y morará en sus espacios?
—Y hasta qué punto deben ser reales los libros —dijo Grandioso Scooch-a-mout, con una sonrisa casi amistosa—. Propongo que consultemos a la biblioteca… y que ella elija quién será el ungido.
—¡Ah! —Conocimiento Peligroso también sonreía, pero la sonrisa era una ranura feroz en su cara. La criatura retrocedió, pero crecía a cada paso que daba para seguir manteniendo los ojos al mismo nivel que los de Scooch-a-mout. Habitualmente, un truco visual tan tonto no le hubiese valido ningún respeto, pero el movimiento parecía ajustarse bien a la situación. Además, quien fuese responsable del diseño de la criatura se había reservado una maravillosa armadura fractal precisamente para esa extensión de altura.
Conocimiento Peligroso se volvió para enfrentarse a los millones virtuales que tenía detrás.
—El desafío es justo. Os digo a todos, Seguidores del Conocimiento: uníos a mí en un combate final contra el enemigo. Demostremos a la biblioteca que somos su futuro y sus mejores defensores. ¡Y dejemos que la biblioteca comunique su elección al mundo!
El silencio concluyó tan pronto como los millones encontraron nuevos amplificadores en el campus… o alguien recuperó y reutilizó aquellos de los que el Scooch-a-mout se había apropiado.
La galaxia de participantes —robots y humanos, reales y virtuales— cobró vida en un conflicto renovado. Caballeros y Bibliotecarios arrojaron fuego sobre el bando scoochi. El Mind Sum de Huynh volvía a aplastar y patalear. Volvió a ponerse en movimiento la espiral alrededor de la biblioteca universitaria, y los brazos del frente de batalla se iluminaron todavía más que antes. Pero los gritos iban dirigidos a la propia biblioteca. Y la biblioteca relucía con una luz que parecía provenir de una altura infinita. La luz era puramente virtual, pero se observaba en todas las vistas.