Conejo entró de puntillas en las conexiones de Alfred con los laboratorios. No había sorpresas. Alfred Vaz estaba dando un buen uso a los dispositivos que los amiguitos de Conejo habían plantado en la zona GenGen, enviando montones de datos a sus colegas en Japón y la UE. Conejo observó en silencio; no haces preguntas cuando intentas ser invisible. Capturó el cifrado en bruto y miró quién hablaba con quién dentro del dominio GenGen de Alfred.
A pesar de todo… no tenía sentido. Los datos exportados no se correspondían con los datos locales observados. y de pronto en la mente de Conejo se encendió una enorme bombilla. ¡Alfred no buscaba nada! ¡Se estaba asegurando que sus amigos de la Alianza no viesen lo que ya había allí! Alfred, diablillo, ejecutando tu propio programa con equipo americano y guardando el secreto al mundo. ¿Y qué podía compensar tanto secreto y tanto encubrimiento desesperado? Descubrirlo formaba parte del juego de las adivinanzas… pero Conejo era el gran maestro de las adivinanzas, mejor que cualquier grupo de analistas indoeuropeos, mejor incluso que Alice Gu y todos sus analistas.
¡Uy! Algo le decía que Alice tenía muchos problemas. Conejo había sido el mensajero fiel en el misterioso espionaje de Alfred sobre Alice. Eso debía de haber sido la preparación para la caída de Alice. Pero ¿cómo lo había hecho? De pronto, el mundo subterráneo resultaba más intrigante que nunca.
El corazón del imperio de investigación de Alfred estaba en una esquina de la zona de Biología Molecular de la Cognición. Los datos de todos los demás lugares informaban sinceramente sobre investigaciones más que inocentes. Conejo prestó más atención a las mentiras que surgían de la zona MCog. La frase «modelo animal» se filtró por los huecos del cifrado. Modelo animal, modelo animal. Normalmente se refería a animales que poseían el equivalente de alguna afección humana… habitualmente una enfermedad que se pretendía curar. Por alguna razón, Conejo sospechaba que Alfred no intentaba curar nada. Y había un buen montón de animales en la zona MCog. Claro estaba que la mayoría eran insectos. Kilos de moscas de la fruta y hasta la última de ellas etiquetada y sondeada. Conejo se sumergió en las bases de datos locales. Daba la impresión de que Alfred trasteaba con TQC, pero no era fácil comprenderlo detalladamente. Conejo no siempre era rápido. Para los problemas difíciles, era como los seres inferiores: tenía que dormirse con las preguntas. Luego, por la mañana, la vieja intuición le entregaba respuestas asombrosas.
En aquel caso, al día siguiente sería demasiado tarde. Tal vez al cabo de cinco minutos ya fuese demasiado tarde. El espectáculo de Alfred casi había concluido y con él acabaría también el acceso a los nodos espía; demonios, los cacharros probablemente se autodestruyeran. Conejo vaciló y prestó atención a su yo interior. Tenía una corazonada. Los servicios de inteligencia modernos existían para evitar el terrorismo. Pero Alfred… con lo que podía estar fabricándose allí sería capaz de ir más allá del Gran Terror y penetrar en territorios supuestamente vedados al hombre.
Así que quizá debería limitarme a llamar al DSI. Incluso sin Alice Gu, podrían acabar con Alfred en cinco minutos. Conejo sopesó la posibilidad con la seriedad que merecía… unos dos segundos. Y luego una enorme sonrisa cruzó su concepto de cara.
Conejo estaba repleto de ideas. y había una que le aguijoneaba desde que se había introducido en la milnet de Alfred. ¡Además de poseer un intelecto superior, ahora tengo la ventaja física! Alfred estaba allí mismo, con muy poca latencia, con una tasa de datos muy alta y más datos concretos. Sin embargo, estaba atrapado en su pequeña habitación y todos sus robots menos uno se encontraban en la superficie. Pero el Conciliábulo de Ancianos seguía en los laboratorios. No estaban en la zona GenGen, cierto, pero seguían estando al final del enlace de fibra. Y vaya, ¿qué es esto? La princesa ninja china gordita. Definitivamente no formaba parte del plan original, pero, bendita fuera, allí estaba. Qué niña tan extraña y maravillosa.
De vuelta a la acción. Ya estaba preparando planes de contingencia, documentos de contingencia. Y si tengo mucho cuidadito y voy en completo silencio, podría deslizarme por la fibra y contarles a Robert, Winnie, Carlos y Tommie las historias convenientes. Y así tendré mis propias manos físicas.
Tal vez lo que Alfred estaba planeando superase el Gran Terror. Pero ese mismo poder en mis manos… bueno, ¡podríamos divertirnos como nunca!
26
—¡OS dije que mi plan daría resultado! ¿No os lo dije? —Tommie Parker estaba de pie, hundido hasta las rodillas en los restos de la colección de libros de la biblioteca. El troceado se alzaba detrás de él como nieve sucia, de copos tan grandes como una mano. Habían encontrado el almacén de Bibliotoma al fondo de la caverna de Max Huertas, justo donde Tommie había dicho que estaría. Estaba almacenado en hileras de resistentes contenedores de carga etiquetados como «datos rescatados». Los contenedores no se habían resistido al cortador de Tommie. Había llenado el suelo con el contenido de «A-BX». Buena parte de lo que habían sido los estantes del quinto piso. Despedazado parece mucho menos, pensó Robert.
Tommie hizo un gesto hacia los montones de papel rasgado.
—¿Estáis listos para aplicar la cola? Eso interrumpirá los planes de Huertas de raíz. ¿Y dónde está el testigo? Hace rato que no veo a Sharif. —Fue uno a uno, entregándoles latas de pulverizador.
Al fin, pareció notar el silencio de sus colegas.
—En realidad no necesitamos a Sharif, ¿verdad? Es decir, tenemos nuestros propios registros. —Levantó el portátil.
Robert miró a Carlos y a Winston. Winnie cabeceó. Así que ninguno sabía nada del Extraño Misterioso.
—Claro, Tommie —dijo Robert—. Eso es…
—Eso estará bien, profesor Parker —dijo la voz de Sharif desde el portátil de Tommie—. Quizás el profesor Gu quiera hacer de cámara.
Sacaron el portátil del cabestrillo y la voz pidió a Robert que se colocara a un lado. La voz era muy precisa sobre adónde quería que apuntara el portátil, siguiendo el borde del troceado, prácticamente alineado con su camino por el pasillo vacío.
Luego Roben vio letras moviéndose en silencio por su campo de visión. Era mensajería silenciosa… y las letras eran verdes.
Extraño Misterioso —› Robert: ‹ms›¡Hola, amigo mío!‹/ms›
—Yo…
Extraño Misterioso —› Roben: ‹ms›¡Ah, ah, ah! Seamos discretos. No queremos que Alfred sepa que he venido a ayudaros.‹/ms›
¿Alfred?, pensó Robert, pero guardó silencio.
Nadie más pareció notar la llegada del extraño. Tommie volvió a los montones de papel, lanzándolos al aire, rociándolos con el pulverizador.
—¿Lo estás grabando, Roben?
Robert miró la pantalla.
—Sí.