Выбрать главу

—Creo que, si tiramos de la fibra, los malos se irán.

—jSí… tira!

Extraño Misterioso —› Roben: ‹ms› Eh, un momentito. ¡De dónde crees que salgo yo! ¿Qué más da si Alfred puede seguir fisgando? Me necesitáis. Si me cortáis entonces no tendré más remedio que… ‹/ms›

Miri giró el portátil. Examinó los conectores físicos que le resultaban tan desconocidos, agarró uno con la mano…

Extraño Misterioso —› Robert: ‹ms› Odio a Miri.‹/ms›

… y desconectó la fibra óptica.

Se sonrieron unos a otros como idiotas. Tommie logró reír débilmente.

—Nos hemos… soltado de la correa. —Luchó unos segundos por respirar—. Tenéis que llevarme, chicos… Lo siento. Os… mostraré la salida.

Winnie miró a Tommie.

—Te sacaremos de aquí, Tommie. Te recuperarás. —Levantó a Parker pasándole un brazo por debajo de los hombros y luego intentó agarrarlo por las rodillas. Parker no pesaba mucho, pero Blount se tambaleaba.

Roben avanzó.

—Yo puedo llevarle, Winnie.

Blount le miró furioso, y Robert cerró el pico. A continuación las manos de Winnie fallaron y Tommie estuvo a punto de caer al suelo.

—¡Le tengo, le tengo!

Miri corrió alrededor de Blount y pasó las manos debajo del brazo izquierdo de Tommie. Winnie no puso objeción; quizá porque ella no había preguntado. Robert agarró las dos piernas y avanzaron a lo largo de la pared. Carlos los seguía, cargado con el cortador y el resto del material que podía serles útil.

No los seguía nada más, nada que pudiesen ver. La cajita tonta que Robert llevaba en la cintura sólo mostraba destellos de mantenimiento en la caverna vacía.

La respiración de Tommie era un resuello ronco. Se retorcía cada pocos pasos.

—A unos cien metros más… —Se estremeció y quedó flácido.

—¿Tommie? —Winston vaciló, haciendo que casi se detuviesen.

—Seguid… seguid. —y al cabo de un momento—. Así que nuestra protesta por Bibliotoma era… un fraude desde el principio, ¿eh? —No lo sé, Tommie. Yo sabía que era una tontería, pero parecía que valía la pena. —Blount miró a Robert—. Pensé que nos conduciría a algo que deseaba de veras.

—Yo también —dijo Carlos con voz apagada—. Al final, Sharif alguien nos atrapó a todos, ¿no?

—A todos menos a Tommie.

Miri escuchaba en silencio la conversación, pero tenía los ojos muy abiertos. Bueno, se había ganado el derecho a escuchar.

Robert dijo:

—¿ Qué te prometió a ti, Winston?

Winnie enseñó los dientes.

—Como que te lo voy a decir a ti. —Vaciló, y el gruñido se convirtió en una sonrisa retorcida—. Pero apuesto a qué sé cuál era tu trato con el diablo. —Viendo que Robert no respondía, Blount sonrió aún más y siguió hablando—. Intentabas ocultarlo, Gu. Durante todos los ratos que pasaste en la biblioteca, ni una vez hiciste uno de tus trucos de antaño. Al principio pensaba que te preparabas para una de tus trampas. Cuando me enteré de lo de Sharif, pensé que quizá le controlabas a él. —Winnie río—. Pero luego comencé a sospechar la verdad. Has perdido tu instinto sádico, tu capacidad para ver en el interior de la gente y descubrir lo que podría dolerle más y luego hacerlo. Lo has perdido, ¿no es cierto, Robert?

Robert agachó la cabeza.

—Sí. —La voz sonó muy baja, sin furia, casi como un suspiro.

—Y apuesto a que tampoco puedes escribir poesía.

—Lo que quiero recuperar es la poesía, Winnie.

—Oh.

Tommie se retorció intentando respirar.

—Callaos… La puerta norte debería estar a… treinta metros.

Caminaron en silencio, buscando desesperadamente alguna señal en la pared desnuda.

Y puesto que Robert miraba, vio algo más. No eran letras verdes, sino el icono parpadeante que indicaba que tenía correo pendiente. Un último mensaje antes de que Miri cortase el enlace de fibra. Casi sin pensar, movió la mano que sostenía la pierna de Tommie y tecleó un adelante en la caja de la cintura.

Un pdf, por Dios. No veía uno desde sus días de profesor. El Índice flotó en el aire frente a él. El crítico que llevaba dentro no pudo evitar repasarlo. Estaba impecablemente formateado, con una ortografía perfecta (al menos si se ignoraba el contexto). Los puntos eran un batiburrillo desigual de mala gramática. Parecía que una panda de paraalfabetizados lo hubiese redactado a toda prisa.

Pero lo que decía era… importante.

Mientras Estamos Desconectados

o

Cómo Sobrevivir y Prosperar durante los Próximos Treinta Minutos De Tu Amigo, el Extraño Misterioso

Dedicado a;

Los idiotas que cortaron el enlace de fibra. Ahora Alfred no os puede ver, pero a mí también me habéis expulsado. Por tanto, vaya hacer saltar mi invisibilidad y enviar este bolo de bits antes de que Miri tire del conector.

Resumen

[no hay]

Contenido

Introducción…página IV

• Cómo emplear este documento

Capítulo 1. Salvar a Tommie Parker…página 1

• La puerta trasera de Huertas

• La tarjeta llave que no debería funcionar, pero ¡funciona!

Capítulo 2. Vuestros tenebrosos vestibles…página 3

• Realmente no son made in Paraguay, desgraciadamente para vosotros

• El gas para olvidar… ah, pero eso ya os lo he contado

• En qué confiar y en qué no confiar de esos cacharros

Capítulo 3. Qué trama Alfred… página 5

• Por qué, en serio, no queréis que Alfred tenga éxito

El modelo animal… o el dominio del mundo surge de las pequeñas moscas de la fruta

• Por qué llamar a seguridad no es lo suficientemente rápido

• Si no me crees, ¡muéstrale el archivo a Miri!

Capítulo 4. Qué podéis hacer para ayudar…página 13

• Mapa del territorio Huertas

• Mapa de las matrices MCog en GenGen. Alfred controla ese territorio, en lo que a red se refiere… pero yo también estoy allí

• Cómo regresar a las matrices MCog

• Qué podéis hacer para derrotar a Alfred

• ¡Sed mis manos en esta lucha gloriosa!

Capítulo 5. ¿Qué ganáis vosotros?…página 21

• Promesas hechas y promesas cumplidas

• Con vuestra ayuda, todavía puedo cumplir

Apéndice A…página 23

• Buen material para impresionar al departamento de Seguridad Interior y que podría facilitaros la vida tras vuestro arresto

Apéndice B página 117

• Por qué Scooch-a-mout debería ser señor y mascota de la biblioteca

Robert miró de reojo a Miri. Estaba concentrada en sostener el hombro de Tommie. En aquel momento no pensaba en ninguno de sus intereses idiotas. Pero necesitamos a esa idiota más que nunca.

Tommie hizo lo posible por contar los pasos de Winnie. Pero había distracciones. En el pecho de Tommie estaban interpretando un concierto de rock y cada variación del ritmo lanzaba fuego por sus hombros y brazos. No era un verdadero ataque al corazón. Era simplemente el marcapasos, que había caído en el caos. En los últimos años, Tommie no había envidiado demasiado los falsos milagros médicos de los demás. ¿Qué más daba que su sistema vascular se estuviese desmoronando? El marcapasos le mantendría en marcha hasta que llegase la inmortalidad clásica de la ciencia ficción. Pero en aquel momento tenía un buen problema con sus planes de vivir para siempre. ¡Cuenta los pasos, cuenta los pasos!