Tommie miró el espacio oscurecido para pasajeros.
—No —dijo—. Es un engaño. Por favor. Llama a la policía.
La silla de ruedas se les acercó.
—¡Lo intento! Pero estamos en una especie de zona muerta. Deberíamos bajar la colina y encontrar algo a lo que aferrarnos.
—Duì! —dijo Carlos. Miraba hacia todos lados, como hacen los chicos cuando les fallan las lentillas.
La temible doctora Xiang agitó la linternita, moviendo luz y sombra a su alrededor. Era extraño. La mujer vacilaba continuamente. X. Xiang era una de las grandes Malvadas de la era moderna, al menos una de las personas que habían hecho posibles los regímenes de los Malos. Nadie lo hubiese dicho viéndola. Apagó la luz y permaneció en silencio un momento.
—No creo que estemos en una zona muerta local.
—¡Claro que sí! —dijo Winnie—. Yo visto y no veo más que la vista real. Tenemos que llegar a la autopista o al menos donde podamos verla. y entonces Tommie recordó lo que había dicho la nieta de Gu. Quizás hubiesen tomado todos los nodos locales. Xiang tenía otra hipótesis. —Quiero decir que la zona muerta no es sólo ésta. Escuchad.
—No oigo nada… oh.
Había algunos sonidos débiles, quizá de insectos. Al otro lado de las colinas se oían gritos. Seguramente era la distracción del círculo de opinión. ¿Qué más? El ruido de la autopista era… extraño: no era el palpitar constante de ruedas sobre el asfalto. Sólo se oía un sonido muy débil, un último suspiro. Tommie nunca había oído nada parecido, pero sabía cómo funcionaban las cosas.
—Cierre por fallo —dijo.
—¿Todo? ¿Detenido? —Carlos estaba aterrorizado.
—¡Sí! —El dolor del pecho de Tommie iba en aumento. Tranquilo, ¡me gustaría vivir lo suficiente para descubrir qué está pasando!
La voz de la silla de ruedas dijo:
—Incluso si no podernos llamar, alguien se dará cuenta.
—Quizá no. —Tommie se esforzó por respirar. Si el apagón era extenso y desigual, con la apariencia de un desastre natural… bien, podría estar ocultando algo realmente importante que sucedía bajo tierra.
—Y no podemos hacer nada —dijo Winston.
—Quizá no. —Xiang repetía las palabras de Tommie, pero su voz era pensativa, distante. Iluminó la mochila—. Me lo he pasado muy bien en la clase de taller. Hoy en día se pueden fabricar cosas muy interesantes.
Tommie logró decir:
—Sí. Y todas cumplen la ley.
X. Xiang soltó una risita.
—Hecho que puede volverse en su contra, sobre todo si las partes desconocen la situación del todo.
Muchos de los viejos amigos de Tommie decían lo mismo; sólo solía ser hablar por hablar. Pero lo estaba diciendo X. Xiang.
Sacó un aparato de aspecto tosco. Parecía una lata de café de antaño, abierta por un lado. Sostuvo la lata de café encarada a la página visor. —Muchos dispositivos siguen funcionando, pero no encuentran nodos suficientes para seguir una ruta. Sin embargo, hay una enorme base militar justo al norte de aquí.
Desde la silla de ruedas, Lena intervino:
—El campamento Pendleton está a unos cincuenta kilómetros de distancia en esa dirección. —Quizás había hecho un gesto, pero Tommie no pudo verlo.
Xiang pasó la lata de café por el cielo sin estrellas.
—Esto es una locura —dijo Winston—. ¿Cómo puedes saber que hay nodos en tu línea de visión?
—No lo sé. Vaya lanzar una señal contra la neblina del cielo. Estoy llamando a los marines. —Luego le habló a su página visor.
Bob Gu y sus marines pasaban más tiempo entrenándose que en combate o de guardia. Los directores de entrenamiento eran famosos por idear emergencias imposibles… para luego superarlas con algo todavía más increíble.
Esa noche, el mundo real era el entrenador más loco.
Alice había pasado a cuidados intensivos. Bob podría haber ido con ella… pero fuera lo que fuese que la había afectado era una acción enemiga, y no sería la última.
La pantalla de análisis había producido nodos nuevos y una docena de asociaciones lejanas: la Crédit Suisse AC acababa de colapsarse, un importante desastre para Europa. Las revocaciones de certificados incluso tendrían consecuencias en California. Bob prestó más atención. El colapso de la Crédit Suisse había sido tan repentino que tenía que tratarse de un ataque sofisticado. Bien, ¿de qué se suponía que nos distraía?
La guardia terrestre combinada del DDD/DSI había entrado en acción. La acción de esa noche podría ser algo nuevo, un Gran Terror que recorría simultáneamente Estados Unidos y la Alianza Indoeuropea, aprovechando los huecos creados por las soberanías nacionales. Mirando el análisis, Bob sólo veía los perfiles más claros, pero era evidente que las agencias de inteligencia de Estados Unidos, la Alianza y China colaboraban para cazar la fuente de la amenaza.
En el suroeste del territorio continental de Estados Unidos, su nueva jefa de analistas hacía lo que podía. Su equipo de analistas seguía cojo, pero los chicos hablaban mucho. Las estructuras de conjeturas y conclusiones crecían. La nueva jefa habló.
—Coronel, la tormenta de revocación es muy intensa en la UCSD. La pantalla de tráfico mostraba que la manifestación alrededor de la biblioteca se había detenido por completo. Los nuevos fallos no se debían a la saturación de la ruta troncal. Los participantes perdían la certificación a millares. Millones de programas de soporte habían sido obstaculizados. Aunque sólo fuese por aquel hecho, quedaba demostrado que la masiva implicación extranjera en la fiesta de aquella noche no había sido un espejismo de los analistas. Lo que fuera que hubiese golpeado Europa tenía mucho que ver con lo que sucedía en el campus.
Pero los laboratorios biológicos todavía aparecían en verde. Incluso la participación del turno de noche en la manifestación de la biblioteca había sido para mejor. Quizá la productividad y el rendimiento bajasen durante aquel turno, pero eso no era más que un asunto comercial. Lo cierto era que la salida del personal humano había simplificado la situación del laboratorio. Allí sólo quedaban sistemas automáticos… y todo funcionaba bien.
—El FBI vuelve a solicitar permiso para ocuparse de la situación.
Bob cabeceó, irritado.
—Denegado. Como antes.
Mmm. Cada vez más participantes en el disturbio perdían la certificación. Tres analistas del servicio de mantenimiento del sur de California informaban de fallos de infraestructura en la zona del campus. ¿Por qué iba la infraestructura local a depender de certificados de la Crédit Suisse?
—La correlación de los fallos de sistemas con la tormenta de revocación es del noventa y cinco por ciento, coronel.
No me digas. Incluso si los laboratorios estaban limpios, allí se estaba produciendo una interferencia mortal. Bob tecleó la orden que llevaba sopesando desde hacía varios minutos.
—Que los analistas actualicen la contingencia nueve y que me den un punto de lanzamiento —dijo.
Hubo una pausa mientras la guardia mundial combinada DDD/DSI revisaba su petición. Desde el desmoronamiento de Alice, su guardia estaba siendo vigilada muy de cerca.
Pero cinco segundos después tenía el permiso.
Bob apenas se dio cuenta de que la protección antiaceleración se inflaba. Él sería el último en salir, así que tendría mucho que mirar.