Выбрать главу

Pero, precisamente cuando las cosas debían ir con más fluidez, había problemas de red. Aquí y allá, el servicio resultaba lento y fluctuante hasta el punto de ser inutilizable. Hacía que todos tuviesen mal aspecto. Scooch-a-mout todavía seguía junto a la biblioteca, abrazado al pilar que había «caminado». Si mantienes una postura heroica tanto tiempo acabas pareciendo un idiota. Huynh comprobó la situación del robot. Hacía casi siete segundos que no se producía una actualización Scoochi. Ésa no era forma de conducir un robot.

Huynh —› Hanson: ‹ms› Eh, Sheila. ¿Quién conduce a Grandioso Scooch-a-mout?‹/ms›

Hanson —› Huynh: ‹ms› Ni idea. Lo ha hecho muy bien, pero ahora ha perdido el norte. Da igual, ya estamos acabando. Simplemente toma el control y llévatelo. No hace falta que tenga un aspecto estupendo.‹/ms›

Luego se puso a mandar mensajes a todo el turno de noche, intentando recoger y llevar a la gente y las cosas a su sitio.

Huynh llevó su elevador hasta el robot de Grandioso Scooch-a-mout. Se colocó detrás e intentó pensar en alguna buena forma de sacarlo de allí. Las neblinas de su robot Mind Sum ya no se ajustaban; quedaban fatal. Bueno. Tomaría el control de Grandioso Scooch-a-mout y haría que los dos robots se saludasen y luego se irían. Quedaría bien, aunque no fuese perfecto.

Quizá no importase. Los problemas de red estaban empeorando mucho. Se producían latencias extrañas, incluso quizá particiones reales. Partes de la audiencia virtual se ejecutaban en caché. Los saltos unitarios seguían funcionando en su mayoría, pero para la comunicación enrutada había problemas. Huynh se desplazó un metro a un lado y logró encontrar una buena fuente diagnóstica. Se producían fallos de certificado al más bajo nivel. Nunca había visto algo parecido.

Incluso la red de localizadores está fallando.

Como agujeros en una alfombra raída, a su alrededor crecieron los agujeros de realidad normal, comiéndose los efectos y la multitud, dejando al descubierto los ejércitos patéticos de robots de laboratorio. Donde había habido cientos de miles de jugadores había zonas de hierba oscura y humanos reales, de pie y conmocionados.

—¡Tim! ¡Tu elevador! —El grito era un sonido real de Sheila Hanson, que estaba a muy poca distancia de él.

Huynh volvió a mirar la biblioteca. ¡Había perdido el contacto con el Mind Sum! Corrió hacia el robot. El elevador había seguido avanzando autónomamente un par de pasos. Pero no estaba sobre el suelo plano del laboratorio y la red de localizadores fallaba. El robot había derribado una de las piedras ornamentales que rodeaban la terraza. Desequilibrado, enviaba peticiones de localización en todas direcciones. Pero la red había caído y el elevador tenía problemas. Sus sistemas de a bordo estaban diseñados para compensar las inestabilidades: el modo de fallo consistía en dejarse caer bajando el centro de gravedad y proyectar miembros estabilizadores. Eso habría sido efectivo en el entorno diáfano de los laboratorios. Pero, ahí fuera, su arremetida le llevó al borde norte… y no había red de localizadores para advertirle del desnivel. Los miembros estabilizadores quedaron al aire y el elevador se despeñó por el borde.

Hubo gritos.

Huynh corrió al campo de batalla robótica. Todas las imágenes épicas desaparecieron, pero los robots todavía tenían coordinación local. Se apartaron de su camino. Él apenas se dio cuenta. Sólo prestaba atención al elevador. En aquel momento disponía de contacto directo. Repasó las cámaras del elevador… y se mareó. Había alguien atrapado debajo. Descendió y se arrodilló al lado. La mujer estaba atrapada, gritando. El elevador le había aplastado la pierna hasta la rodilla.

Alguien se le situó al lado. Sheila. Se metió bajo las palas del elevador y agarró la mano de la mujer.

—Te sacaremos de aquí. No te preocupes. Te sacaremos.

—¡Sí! —dijo Tim. Ya tenía todo el control. Entre su propia visión y la de las cámaras veía cómo había caído y dónde estaba atrapada la mujer. Mantén la calma y todo saldrá bien. El elevador apoyó el peso sobre rodillas que no tocaban a la mujer. Eran soportes sólidos, ninguna sorpresa. Desde debajo de las palas oía a Sheila consolando a la mujer.

Vale, simplemente desplaza el peso, haz que se siente. Fácil…

Se oían otros gritos y el sonido de gente corriendo.

Smile —› Huynh: ‹ms› ¡Ayúdanos, Tim! ‹/ms›

Huynh miró por una cámara situada al otro lado del elevador: el robot que había sido Grandioso Scoochi-a-mout seguía de pie junto a la biblioteca, pero su centro de gravedad estaba absurdamente alto y alguien había deshabilitado todos los mecanismos de seguridad para hacerle empujar el pilar más cercano. Las patas del robot chirriaban contra el cemento de la terraza. Se oía el sonido de motores en modo de emergencia, pero siguiendo un ritmo de apagado y encendido que resultaba hasta musical. El robot parecía un niño intentando mantener derecha una estantería.

Huynh giró la cámara para mirar mucho más arriba… al saliente del sexto piso, casi directamente por encima de su cabeza. Había huecos en el cemento y puntos donde los pisos se ladeaban y vibraban. Era un edificio con capacidad para autoestabilizarse, incluso para moverse un poco. Pero esa capacidad no disponía de información de localización. Al igual que el elevador de Timothy Huynh, la biblioteca hacía lo posible por seguir en pie… y, en su enorme escala, estaba cayendo.

31

Bob voló sobre el campus de la UCSD. Su dardo de aterrizaje iba tan despacio y tan en silencio como las municiones de red que llovían del cielo. Se trataba de un asalto clásico de superioridad de red, sin ninguna defensa significativa. Había muchas cosas que hacer y sólo segundos para hacerlas, pero durante esos momentos disfrutó de un paradójico sentido de la seguridad. Había muy pocos lugares en el mundo moderno donde un humano pudiese sentirse tan autosuficiente, aunque fuese temporalmente, como al mando de un asalto como ése. El grupo de Bob disponía de su propia red, de sus propias fuentes energéticas, de sus propios sensores. Aunque desaparecieran los analistas remotos, sus marines seguirían pudiendo actuar.

Por el momento, miles de nodos de asalto anidaban en árboles y arbustos, se fijaban a vehículos y se empotraban en los edificios. Incluso antes de aterrizar ya habían declarado su primacía sobre todo el hardware civil que todavía seguía en funcionamiento. La toma de control era casi completa. Bob ya tenía acceso a casi todos los controladores integrados de la zona. En combate, a menudo esos sistemas locales eran irrecuperables. Allí hubo unos cuantos segundos de intenso interrogatorio, la autoridad del DSI se validó y él tuvo el control. Los coches y los vestibles, los sistemas médicos, los puntos de vista y sistemas financieros y policiales respondían todos. La policía y los servicios de rescate se reconectaban a través de la red de combate. Ya podía oír sus voces retomando las operaciones. Con un poco de suerte, no se perderían vidas y todo quedaría en un muy extraño y calamitoso apagón de red. Dejarían la red de combate en el lugar, igual que en una operación en el extranjero. A lo largo de los días siguientes la irían reemplazando… no por medio de órdenes administrativas sino por reafirmación gradual del sistema civil.

Nada de eso importaba en realidad.

—Los laboratorios. ¿Han respondido?

—Sí, señor. —Fue la respuesta de Patrick Westin. Estaba sobre el terreno con el primer pelotón, cerca de la entrada principal de GenGen—. Tenemos acceso a la seguridad secundaria de los laboratorios. Está de acuerdo con la principal en afirmar que el subsuelo está protegido, que no hay rastro de alterac…