0212323 Brandy
Moya 14 Nast semidemonio AB
0213782 Sarah
Dermack 15 Nast nigro TN
030832 Michael
Shane 16 StC semidemonio CA
036012 Ian
Villani 14 StC chamán NY
Criterios B: residencia con progenitor(es) = S; status marital de los padres IN (D,V,S); el empleado es padre custodio = S; ocupación del padre = guardaespaldas; departamento = CEO.
ID Nombre Edad Camarilla Estado civil del padre
018211 Jacob
Sorenson 16 Cortez viudo
039871 Reese
Tettington 14 St. Cloud divorciado
A la altura de mi codo había un trozo de papel que tenía escritos tres nombres: los de los adolescentes asesinados de las otras camarillas, la única información que sobre ellos teníamos. Yo había memorizado ya esa lista, pero de cualquier manera volví a mirarla ahora, movida por la necesidad de estar segura de que no estaba imaginando nada. Leí los nombres.
Colby Washington.
Sarah Dermack.
Michael Shane.
Cogí el teléfono móvil y llamé a Lucas.
Un mensaje de esperanza
Maldición -exclamó Adam cuando le expliqué lo que había encontrado-. Bueno, las camarillas pueden encender su silla eléctrica. Caso cerrado.
– Una solución económica y eficaz -dijo Lucas-. Pero creo que, en un caso que pueda tener una conclusión capaz de alterar la vida, o ponerle fin, no es injusto que el acusado pueda contar con algunos lujos, tales como un juicio.
– El tipo hizo listas de jóvenes de las camarillas, y la mitad de ellos están muertos. Al demonio con el debido proceso. Dios mío, yo mismo lo freiría y les ahorraría a las camarillas el coste de la electricidad.
– Aunque valoramos tu entusiasmo, creo que empezaremos por hablar con Weber…
– ¿Interrogarlo? Vamos, yo he aprendido con Clay algunas cosas muy interesantes sobre la tortura y podría…
– Empezaremos por hablar con él -repitió Lucas-. Sin el incentivo añadido del rigor físico, mental o parapsicológico. Mencionaremos los archivos…
– ¿Y qué le diremos? ¿Tiene usted una explicación razonable de por qué hemos encontrado listas de chicos muertos en su ordenador? ¿Listas confeccionadas antes de que murieran? Sí, estoy seguro de que hay una lógica…
Le puse a Adam una mano en la boca.
– Así pues, hablaremos con Weber. ¿Esta noche?
Lucas miró su reloj.
– Son más de las doce de la noche, no quiero asustarlo.
Adam me quitó la mano de su boca con un gesto airado.
– ¿Asustarlo? ¡El tipo es un asesino en serie! Yo propongo que lo asustemos hasta que se cague y…
Lancé un hechizo de inmovilización. Adam quedó congelado en la mitad de la frase.
– Iremos a verlo por la mañana -dijo Lucas-. Para asegurarnos, sin embargo, de que no ocurra nada mientras tanto, sugeriría que volviésemos a su casa, confirmáramos que todavía está allí, e hiciéramos guardia hasta la mañana.
Estuve de acuerdo, y entonces levanté el hechizo de inmovilización y cerré mi ordenador portátil. Mientras Adam se recuperaba, me miraba con ira. Lo detuve antes de que pudiese quejarse.
– ¿Vienes con nosotros? ¿O te resultará demasiado duro soportar nuestra falta de iniciativa asesina?
– Voy. Pero si vuelves a usar un hechizo de inmovilización conmigo…
– No me des razones para hacerlo y no lo haré.
– Recuerda con quién estás hablando, Sabrina. Un toque de mis dedos y podría impedir que volvieras a utilizar un hechizo de inmovilización con nadie más.
Reprimí la risa y abrí la boca para responder, pero Lucas me interrumpió.
– Otro detalle, antes de que salgamos -dijo-. Mi padre ha dejado más de media docena de mensajes en mi teléfono, pidiéndome información actualizada. ¿Debería dársela?
– ¿Crees que es seguro? -pregunté.
Lucas dudó, y luego dijo que sí con la cabeza.
– Mi padre puede ser sobre protector, pero ciertamente confía en mi juicio y en mi capacidad para defenderme. Si yo le digo que deseamos hablar con Weber antes de llevarlo detenido, lo aceptará. Le pediré que reúna un equipo de captura.
– ¡¿Qué?! -exclamó Adam-. ¿Ni siquiera vamos a capturar a ese tipo?
– El equipo de la Camarilla está entrenado para manejar esos asuntos, y yo les dejaré cumplir con su trabajo.
Adam suspiró.
– Bueno, creo que por lo menos impedirle que escape no está tan mal.
– ¡Dios mío! -dijo Adam, echándose hacia atrás en el asiento del conductor-. ¿Cuánto tiempo llevamos sentados aquí? ¿Por qué no aclara todavía?
– Porque no son más que las cinco de la mañana.
– De ninguna manera. Tu reloj debe de estar parado.
– ¿No te sugirió Lucas que trajeras una revista? Dijo que iba a ser aburrido.
– Dijo tedioso.
– Que significa aburrido.
– Entonces tendría que haber dicho aburrido. -Adam dirigió una mirada burlona a Lucas, que estaba sentado junto a él observando con binoculares la casa de Weber.
– Aburrido significa algo que es monótono -dijo Lucas-. Tedioso implica no sólo de larga duración sino también muy monótono, cosa que según creo, estarás de acuerdo conmigo en que se aplica a esta situación.
– Ah, ¿sí? Luego recuérdame que coja mi diccionario de bolsillo la próxima vez que me arrastres a una de estas… tediosas… aventuras.
– ¿Arrastrarte? -preguntó Lucas arqueando una de sus cejas-. No recuerdo haberte agarrado de un brazo.
– Bueno, supercerebro -dijo Adam-. ¿Por qué no me bajo del coche y echo una mirada de cerca? Y así me aseguro de que sigue allí.
– Está allí -aseguró Lucas-. Paige lanzó hechizos perimetrales a ambas puertas.
– Sí, bueno, no quiero ofender a Paige, pero…
– No lo digas -dije yo.
Adam abrió la puerta del conductor.
– Voy a comprobarlo.
– No -replicamos Lucas y yo al unísono. Adam vaciló, con la puerta todavía abierta, y añadí-: Cierra la puerta o pondremos la prueba mi capacidad de lanzar hechizos.
Refunfuñó, pero la cerró. Pasaron otras dos horas. Dos horas durante las cuales tuve razones suficientes, por lo menos cada diez minutos, para desear que hubiésemos dejado a Adam en su casa. Finalmente a las siete y media una luz se encendió en el dormitorio de Weber. Adam se lanzó a abrir la puerta. Lucas alargó una mano para detenerlo.
– No vamos a saltar sobre él en el momento en que se levante de la cama -afirmé-. No hay prisa.
Adam rezongó y se enderezó en el asiento.
Habíamos preparado nuestro plan de acción antes de irnos de la casa de los Vasic. Yo había recordado lo que había dicho la pandilla de punks del callejón al vernos, lo cual me recordó también mi propia impresión la primera vez que Lucas apareció en el umbral de mi casa, elegante y con una seriedad funeraria con su traje de grandes almacenes. Con la ropa adecuada y un par de libros que tomamos prestados de la biblioteca de Robert, nos pusimos en marcha.
Lucas y yo dimos a Adam el tiempo que necesitó para escabullirse tras la casa y cubrir la puerta de atrás, y entonces nosotros subimos los escalones del frente. Lucas tocó el timbre de Weber. Dos minutos después, salió a abrir un hombre delgado y de cabello oscuro. Weber respondía en todo a la fotografía de empleado de la Camarilla Cortez, incluyendo la camisa negra.