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Contuve la urgencia de dar mi opinión. Era tan difícil que casi dolía.

– Podríamos…, podrías hacer eso. Tal vez preguntarle a tu padre si puede sugerirnos algún sustituto.

Advertí que Lucas pasaba por delante de la puerta… por segunda vez. Quiera Dios que no interrumpa una conversación. Cuando lo llamé, asomó la cabeza.

– Estoy lista si tú también lo estás.

Desapareció y volvió enseguida, empujando una silla de ruedas.

– Mejor que no la use -dije.

– Si quieres intentar caminar, muy bien. No obstante, si te desmayas a mitad de camino de la puerta de entrada, puedes volver a despertarte en esta cama, recuperándote, mientras yo entrevisto a Weber en Miami.

Lo miré con enojo e hice una seña para que acercara la silla. Adam rió.

– ¡Ah…! -dijo Adam-. Antes de que me olvide, ¿qué quieres que hagamos con esa motocicleta?

Lucas me ayudó a sentarme en la silla de ruedas.

– Yo esperaría. Está lejos de ser un gasto necesario…

– Dile a tu amigo que sí -dije a Adam. Enseguida miré a Lucas-. Tú la quieres. Sé que la quieres. Coge la moto y si no quieres usar el dinero de tu seguro, considéralo como un regalo de Navidad anticipado. Sé que no tienes un sitio para trabajar en ella todavía, pero lo tendrás tarde o temprano.

– Seguro que temprano -dijo Adam sonriendo. Luego miró por encima de mi hombro a Lucas, y la sonrisa desapareció-. El, eehh, mercado inmobiliario es favorable en este momento, quiero decir. Siempre hay poca demanda en otoño, de modo que tal vez encontréis un lugar.

– No hay prisa -dije-. Todavía estamos acomodándonos.

Adam volvió a mirar a Lucas y yo giré la cabeza tratando de interceptar la mirada que se intercambiaban, pero desapareció antes de que pudiera captarla. Lucas alargó un brazo para coger su cartera.

– Deja que yo lleve eso -dijo Adam-. Tú lleva a la chica, yo cargaré el equipaje. -Una breve sonrisa-. No es exactamente lo más justo, pero no voy a seguir haciendo siempre los peores trabajos. Ya veréis. -Me miró-. En cuanto llegue a casa le preguntaré a papá sobre esos nigromantes que pueden reemplazar a Arthur. Lo tendré todo listo para nuestro próximo encuentro.

Sonreí.

– Estupendo. Lo dejo en tus manos, entonces.

* * *

Adam nos acompañó al aeropuerto, donde le agradecimos toda su ayuda y le prometí tenerlo al tanto del caso. Después nos despedimos y subimos al avión.

Sumamente inapropiado

Para volver a Miami tomamos el jet de la Camarilla Cortez. Del mismo modo que internarse en su hospital, utilizar su avión era una cuestión de seguridad contra, bueno, seguridad. ¿Corría yo mayor peligro en su avión o en un vuelo comercial? No me habría importado arriesgarme y viajar en un avión normal. Y no porque esperara que me atacasen durante el vuelo los sicarios de los Cortez, sino porque no iba con mi carácter hacer alardes cuando se trataba de mi salud. Lucas no coincidió conmigo y, considerando que aún no podía permanecer bien sentada durante más de unos minutos, probablemente tenía razón.

De vuelta en Miami, Benicio se afanaba por hacer las paces con Lucas del único modo que le era posible: organizando las cosas para que pudiésemos ver a Weber. Aunque su custodia estaba a cargo de los Cortez, cada camarilla le había asignado un guardia. Este grado de cooperación podría resultar satisfactorio si no fuera porque lo hacían sólo para salvaguardar su propio interés en el prisionero. Nadie, ni siquiera el hijo de un CEO, podía acercarse a Weber sin contar con la aprobación de todas las camarillas.

Pensé que nuestra solicitud era muy simple. Habíamos prometido someternos a todas las precauciones de seguridad. Estábamos del mismo lado. Además, si no hubiera sido por nosotros, Weber no estaría detenido. No obstante, y ello pronto se hizo obvio, eso más que una ventaja fue probablemente más bien un inconveniente. La Camarilla Cortez marcó un buen tanto cuando encontramos a Weber, y las otras camarillas parecían rechazar nuestra solicitud por puro despecho.

* * *

Pasamos el día siguiente en la clínica, trabajando sobre los detalles del caso, mientras Benicio ejercía su influencia sobre las camarillas en beneficio nuestro. Lucas se las había arreglado para conseguir los ingredientes de un emplasto curativo y un té reparador. Yo misma los preparé, y él no se opuso -ambas cosas eran magia brujeril, requerían encantamientos efectuados por una bruja, y aunque él conocía los procedimientos, mi habilidad era mayor. Y no se trata de una declaración egoísta: las brujas son mejores cuando se trata de magia brujeril, del mismo modo que los hechiceros son mejores cuando se trata de magia hechiceril. Ésa era también mi primera prueba de campo de un hechizo curativo más poderoso que yo había aprendido del grimorio de tercer nivel que yo había conocido esa primavera. Lo lancé sobre el emplasto, donde se suponía que no sólo aceleraría la curación, sino que también actuaría como un analgésico tópico de fuerza moderada. Para mi deleite, funcionó aún mejor de lo que yo esperaba. Hacia el final del segundo día, yo ya había dejado la cama, vestía mi ropa normal y, más que un paciente, me sentía una persona bajo arresto domiciliario.

El padre de Dana no había llegado todavía. Hablar con Randy MacArthur parecía ser casi imposible. En cuanto a la madre de Dana, bueno, cuanto menos pensara en ella, tanto mejor, porque en caso contrario corría yo el peligro de perder la estabilidad. Mientras estuve en la clínica, adopté el papel de visitante sustituto de Dana. Ella estaba lejos de tener conocimiento de mis visitas o interés, pero yo las hacía igualmente.

* * *

Esa noche convencí a Lucas de que me encontraba lo suficientemente bien como para salir a cenar. Para que la salida durara cuanto fuera posible, pedí postre. Después, dejamos correr el tiempo mientras tomábamos café.

– Tu padre realmente parece estar tratando de ayudarnos en este tema -dije-. Tú ya no crees que tuviera algo que ver con el operativo, ¿verdad?

Lucas tomó un sorbo de su café.

– Digamos simplemente que si bien no descarto la posibilidad de que haya tenido algo que ver, admito que reaccioné en exceso. Estabas herida, yo asustado, y me lancé contra el blanco más oportuno. Lo que pasa es que… tengo con mi padre algunos graves problemas de confianza.

Le contesté con una sonrisa irónica.

– ¿En serio? Nadie lo diría.

Antes de que Lucas pudiese continuar, sonó su teléfono móvil. Después de dos «no», un «gracias» y un «allí estaremos», cortó.

– ¿Hablando del diablo? -pregunté.

Asintió con la cabeza.

– La respuesta todavía es no. Aún peor, parece probable que el no sea permanente. Han adelantado el juicio, y se realizará mañana.

¿Qué?

– Dicen que han cambiado la fecha porque ambas partes están listas antes de lo esperado, pero tengo la sospecha de que nuestros esfuerzos sostenidos por obtener una audiencia han ayudado para que tomaran esa decisión.

– Así que nos impiden que lo veamos adelantando el juicio. -Me moví hacia atrás y me apoyé en la silla, ocultando una mueca porque el movimiento tiró de mis desgarrados músculos de la zona estomacal-. De modo que así son las cosas. Nos han jodido.

– Aún no. Como apuntó mi padre, si a Weber lo encuentran culpable, siempre queda la posibilidad de una apelación. La presente situación nos permitirá oír todo el caso. Si la parte acusadora presenta pruebas concretas que vinculen a Weber con los ataques, podremos considerar innecesaria una apelación.