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– No, no se lo he mencionado -dijo Lucas, con frialdad en la voz-. Pero gracias por hacerlo por mí. -Se volvió hacia mí y bajó la voz-. Después te explico.

Terminamos el desayuno en silencio.

* * *

– ¿Qué casa? -pregunté yo antes de que terminara de cerrarse detrás de nosotros la puerta de nuestra habitación del hotel.

– Creo que te he hablado de un acuerdo potencial con mi último cliente, que, como se sentía en deuda conmigo…

– ¿Qué casa? -dije, tirando mi bolso en el sofá-. La versión abreviada.

– Es comprensible que estés molesta…

– Demonios, sí, estoy molesta. Estás haciendo planes a largo plazo para nosotros dos ¿y me los tiene que contar tu padre?

– No es lo que parece. Cuando me llamó la primera vez a Chicago, quería hablar sobre nuestro apartamento. Le parecía que no estaba bien que yo esperara que tú y Savannah vivierais allí sólo porque yo me negaba a sacar dinero de mi fondo fiduciario. Le dije que el apartamento era un arreglo a corto plazo. No le pareció nada bien, de modo que le dije que tenía un dato sobre una casa en Portland.

– ¿Por qué no me lo dijiste a mí? No hemos discutido este punto, Lucas. -Me dejé caer en el diván y me friccioné las sienes-. Si tenías la intención de darme una sorpresa…

– No, desde luego que no. Nunca me tomaría una libertad como ésa. Una vez que termináramos con este asunto que nos ocupa ahora, mi plan era enseñarte la casa y, si te gustaba, entonces habría sido tuya al precio que me habían ofrecido, tanto si elegías compartirla conmigo como si preferías no hacerlo.

– ¿Cómo si prefería…? ¿Qué diablos significa eso?

Se sentó en el diván a mi lado, cerca pero sin tocarme.

– Te lo habría dicho, pero quería terminar con esto primero. No parecía justo que discutiéramos planes a largo plazo ahora, cuando estás teniendo las primeras impresiones de lo que implica una vida conmigo…, los… problemas familiares.

– ¿Así que crees que voy a dar media vuelta y salir corriendo?

Dibujó una sonrisa irónica y dijo:

– Me sorprende que no lo hayas hecho ya.

– No, estoy hablando en serio. ¿De verdad es eso lo que crees? ¿Qué me importas tan poco que yo…? -Me cambié de sitio en el diván, apartándome de él-. Yo ya sabía de tus «problemas familiares» cuando empezamos a salir juntos, Lucas.

– Sí, pero puedes no haber estado preparada para el impacto que podría tener en nuestras vidas. Yo comprendería perfectamente…

– ¿Lo comprenderías? -dije, poniéndome de pie de un salto-. ¿Comprenderías que abriese la puerta y me fuera? ¿Que dijera «Discúlpame, pero esto no es para mí»? ¿Del mismo modo que comprenderías si me enseñases esa casa y yo dijera «La acepto…, pero dónde vas a vivir tú»?

– No quiero presionarte, Paige. Claro que no quiero que me dejes, y sí que tengamos esa casa para los dos, pero si no es eso lo que tú quieres… -Alargó la mano para agarrarme del brazo, pero yo me retiré.

– No tienes ni idea de lo que siento por ti, ¿verdad?

Como vaciló en contestar, me dirigí a la puerta. Entonces me detuve, con la mano en el picaporte. No podía hacer eso. No en aquel momento.

– Vamos -dije-. Tenemos trabajo por delante.

* * *

Las fotos de Miami de la Camarilla le habían proporcionado a Lucas media docena de posibles hoteles, que ahora teníamos que comprobar. En cuanto a nuestra riña, ninguno de los dos la mencionó, aunque el pesado silencio que reinaba en el coche dijese por sí solo que ambos estábamos pensando en ella. Por más que yo deseara resolver ese problema y olvidarme de él, me dije a mí misma que era mejor no hacer caso de momento. Ya habría tiempo de aclarar las cosas.

Cuando comprobamos la cuarta posibilidad, encontramos una correspondencia. Un hotel de medio precio, de cinco pisos, con una vista hacia el sur que se correspondía con la descripción de Faye.

Estábamos caminando por un callejón lateral, dirigiéndonos hacia el frente del edificio, cuando sonó el móvil de Lucas.

– Era Osear -dijo cuando hubo cortado-. Faye está despierta y muy alterada. Lo único que él logra entender es que quiere verme… inmediatamente.

– Maldición -dije.

– Si tiene más información que darnos sobre el caso, casi con seguridad se relaciona con la ubicación de Edward, que probablemente acabamos de encontrar, por lo que la información de Faye resulta bienvenida pero potencialmente innecesaria. A estas alturas… -Miró el hotel-. Lamentaría enormemente retirarme, aunque fuera por poco tiempo, dejando la mejor pista que hemos encontrado hasta ahora.

– Yo podría ir a ver a Faye -dije-. Pero si Edward está en este hotel, preferiría apoyarte.

– Y yo preferiría que estuvieras conmigo dándome apoyo.

– ¿Y si enviamos a Jaime? Es buena para tratar con la gente, y da la impresión de que ha tenido alguna experiencia con el tipo de enfermedad que tiene Faye, con su abuela.

– Buena idea.

Lucas llamó. Jaime estaba todavía en la cama, pero una vez que se hubo despertado lo suficiente como para comprender lo que se le pedía, aceptó hablar con Faye. Si lo que ella le decía resultaba importante, me llamaría enseguida. De modo que Lucas apagó su móvil, yo puse el mío para que vibrara, y entramos en el hotel.

* * *

– Sí, cómo no -dijo el joven empleado del mostrador, moviendo la cabeza mientras miraba la foto que Lucas le mostraba-. Habitación trescientos diecisiete. Es él.

– ¿Aún sigue aquí?

– Sí.

– ¿Ha ido a alguna parte esta mañana?

– No por esta salida. -Miró su reloj-. Y no tan temprano. Por lo general sale alrededor del mediodía, y vuelve después de mi turno.

Lucas anotó un número de teléfono.

– Si baja, espere hasta que se haya marchado, y entonces llámeme inmediatamente a este número. Pero solamente después de que se haya marchado. No haga nada que pueda resultarle sospechoso.

– Por supuesto. -La cabeza del muchacho se sacudía de arriba abajo-. Por supuesto.

* * *

Lucas se acercó a las puertas delanteras, serio.

– ¿No es hora de llamar al equipo de asalto? -pregunté.

– Me temo que tenemos una preocupación más inmediata. En este mismo momento el empleado está llamando por teléfono a Edward, advirtiéndole de que estamos aquí.

– ¿Qué?

Lucas dio la vuelta a la esquina del edificio, caminando tan rápido que tuve que trotar para mantenerme a su lado.

– Le dije que éramos de la agencia nacional de seguridad, y que necesitábamos encontrar a ese hombre inmediatamente. Lo primero que debería haber pensado, dado el clima que se vive actualmente, es «terrorista» pero no hizo ninguna pregunta, aun después de que yo le dijera que no despertase las sospechas del hombre, dando a entender que es peligroso. Nos dice lo que queremos saber y nos saca del lugar con rapidez para poder llamar a Edward, y recibir cualquier recompensa que Edward le habrá ofrecido por advertirlo de cualquier peligro.

– Y una vez que Edward recibe esa llamada, coge sus cosas y escapa.

– Precisamente. Ahora… -Se detuvo a mitad de camino entre el frente del hotel y la puerta lateral-. Quiero que te quedes aquí. Que lances un hechizo de ocultamiento. Si sale, no hagas nada. Déjalo ir, pero observa hacia dónde se dirige, y entonces avisame. Estaré cerca, vigilando esa puerta.

Moví la cabeza diciéndole que sí, pero Lucas ya había echado a correr, dirigiéndose hacia la parte de atrás del hotel. Me quedé de pie apoyada en la pared opuesta a la del hotel, y me escondí tras un hechizo de ocultamiento.