Выбрать главу

– Él dijo que la palabra «encuentro» era más adecuada que «conocimiento»

Eve rió.

– Muy propio de Lucas, ¿verdad? Él siempre tan preciso. -Se balanceó hacia atrás sobre los talones-. ¿Cuánto hace que ocurrió? Qué barbaridad, debe de hacer cuatro o cinco años. No tenía más de veinte años. Trató de llevarse algunos de mis grimorios. Pero lo pillé. Y lo zurré también.

– Eso me dijo.

Eve arqueó la ceja izquierda.

– ¿Lo reconoció? Bueno, eso es ser fuerte, ¿verdad? No poder derribar de un golpe a un enemigo, pero ser capaz de reconocer cuándo ha sido uno el que ha mordido el polvo. Es un buen muchacho. Bueno para Savannah, también. Los dos, vosotros, lo sois. -Pasó la mirada de mí a Lucas, y luego se sentó en el suelo y se recogió las rodillas con las manos-. Ay, ay, mierda, ¿qué es lo que vamos a hacer?

– Tenemos que volver.

– Vaya, estoy contigo en eso, pero es más fácil decirlo que hacerlo. Normalmente es un billete de ida, pero vosotros no tomasteis ese tren, de modo que tal vez podamos encontrar una manera… -Su cabeza se echó bruscamente hacia atrás y observó con enojo algo que estaba por encima de mi cabeza-. Maldición, eres peor que un sabueso. Me encuentras no importa dónde me oculte. -Sacudió las manos-. Fuera, estoy ocupada. Vete.

Giré el cuello para ver lo que ocurría detrás de mí, pero allí no había nadie.

– Por supuesto que la estoy ayudando a que salga de aquí -dijo Eve-. ¿Qué?, ¿quieres que a nuestra hija la críen los lobos?

Vacilé.

– ¿Kristof?

– Sí, ¿lo oyes?

Negué con la cabeza.

Eve rió.

– ¡Ja, ja! ¿Ha oído eso, poderoso señor hechicero de camarilla? Usted no puede siquiera proyectarse lo suficiente en esta dimensión como para que ella pueda oírlo. Yo, en cambio, entré directamente. Y a todo color.

– ¿Dimensión?

– Dimensión, nivel, estrato -dijo-, es complicado.

– ¿De modo que los verdaderos espíritus están todos en tu estrato? ¿El estrato en que está Kristof ahora?

– Noo, están repartidos por todas partes. Eso es lo malo, realmente. Uno pasa al otro lado pensando que va ver a todos los que se fueron antes, y no es así, porque no están todos en tu dimensión. Algunos de nosotros, las razas mágicas, podemos atenuar un poco los límites que separan uno o dos estratos, ver a través de ellos lo que ocurre del otro lado, como está haciendo Kristof ahora. Pero atravesar esos límites… -Sonrió, dirigiendo la mirada hacia donde estaba Kristof-. Eso sólo lo puede hacer un verdadero lanzador de hechizos.

– Entonces mi…, mi madre. ¿Está aquí?

Eve negó con la cabeza.

– Lo lamento, niña. No está en este estrato ni en el mío. Pero hay otros, por supuesto. Todavía no he podido encontrar el modo de ver a través de esos otros estratos.

Otra vez su mirada se dirigió hacia arriba.

– Sí, sí, graciosillo. Vete a buscar a otro a quien molestar. Tengo que hablar con Paige.

Una pausa.

– ¿Se va? -pregunté.

– Qué va, sigue ahí sentado. Aunque está en silencio, que es lo más que puedo desear. Ahora, veamos lo que tenemos aquí. Esa perra mujer vampiro, Natasha, se las arregló de algún modo para abrir un agujero en su estrato. No tengo idea de cómo lo hizo. Vaya, ni siquiera sabía que los vampiros tuvieran un estrato. Todo es muy extraño. Casi me hace preguntarme si las Parcas le permitirían abrirlo, para que pudiera chupar a su maníaco socio y llevarlo con ella al infierno.

– Ajá.

– Bonita teoría, pero no te ayuda, ¿verdad? La cuestión está en que vosotros caísteis en el agujero por accidente, y tenemos que hacer que regreséis. Ahora bien, puesto que vosotros irrumpisteis, este lugar debe de ser importante. Un portal, si te parece.

Miré a mi alrededor.

– Horrible lugar para quedarse, ¿verdad? -continuó-. Y ésa es probablemente la cuestión. Nadie viene aquí a hacer turismo.

– Entonces, ¿puedes abrirte camino?

Eve lanzó una mirada furiosa hacia algún punto detrás de mí.

– Acaba esa frase por tu cuenta y riesgo, Kris. -Ella hizo una pausa-. Eso es lo que pensaba. -Se volvió hacia mí-. De ninguna manera. Todavía no. Necesitamos un nigromante.

– Muy bien, sé precisamente dónde encontrar uno.

– ¿Jaime Vegas? -Eve hizo una mueca-. No es a quien yo escogería, pero supongo que cualquier nigromante nos servirá. Entre ella y yo, podríamos ser capaces de hacer un agujero en esta cosa, lo suficiente para que puedas pasar.

– Podamos pasar, Lucas y yo.

– Hummm, claro. Ahora bien, no puedo asegurarte que funcione, porque sé que no hay manera de que yo regrese permanentemente. Créeme que lo he intentado.

Miró a Kristof de repente y, por una milésima de segundo, capté en aquellos ojos un atisbo de algo que me produjo un escalofrío, y me recordó quién y qué era Eve. Lanzó una mirada furibunda a algo que había detrás de mí.

Sospeché que lo que había dicho Kristof, sea lo que fuere, tenía algo que ver con los intentos de Eve de regresar al mundo de los vivos. Por cómo lo dijo, sospeché que había estado tratando con enorme esfuerzo de volver a la vida y, por un momento, me pregunté por qué. Parecía suficientemente feliz y a gusto. No daba la impresión de que estuviera en ninguna clase de dimensión infernal. De modo que ¿por qué luchar por volver a la vida?

Mientras la pregunta revoloteaba todavía en mi mente, pensé en mi propia situación. Allí estaba, en la vida después de la muerte, y no me planteaba la posibilidad de quedarme ni por un segundo. ¿Por qué? Porque mi vida estaba en el otro lado, e independientemente de lo placentero que pudiera ser vivir en un mundo libre de dolor y malestar, quería terminar mi verdadera vida antes de embarcarme en esta otra. Pero esa vida real incluía a Lucas. Tenía que incluirlo.

– ¿Crees entonces que aunque tú no puedas volver… -dije-, crees que tal vez nosotros…?

– No lo sé, pero no te quepa duda de que lo intentaré. Eres un caso especial, así que tiene que haber una manera.

– Muy bien, hagámoslo entonces. Eres un espíritu, de modo que puedes entrar en contacto con Jaime…

– No es tan fácil. Primeramente tenemos que encontrarla.

– ¿Encontrarla? Está en Miami.

– Obstáculo número uno, aunque no es tan malo como parece. Miami existe aquí, también, sólo que no es verdaderamente… Bueno, es diferente. La distancia no es el problema. Todo es muy… relativo.

– Ajá.

Eve movió la cabeza.

– No puedo explicártelo. Ni siquiera yo lo entiendo del todo todavía. Pero está el obstáculo número dos… -Miró hacia abajo, hacia Lucas-. No podemos llevarlo.

– No pienso dejarlo aquí.

– Bueno, entonces tenemos un verdadero problema. Se despertará en uno o dos días, pero para entonces los Exploradores nos habrán encontrado, y una vez que lo hacen, los que son descubiertos adquieren residencia permanente. Ahora bien, podemos… -Se interrumpió y miró hacia arriba, a Kristof, y después afirmó con la cabeza-. Kristof se ofrece para quedarse aquí con Lucas.

Cuando vio que yo dudaba, volvió a mirar hacia Kristof.

– Le destruiste la vida a la pobre muchacha. Eso, Kris, no ayuda para que te tenga confianza. -Me miró a mí-. Está bien, Paige. Si Kristof dice que cuidará de Lucas, lo hará. No tiene nada que ganar si tú y Lucas no lográis volver con Savannah. Sabe que esto es lo que quiero, lo que quise desde el comienzo, que Savannah estuviese contigo. No volverá a interferir.

Eve se puso de pie. Apreté la mano de Lucas, le eché una última mirada, y después seguí a Eve a través de la llanura rocosa.