Yeager estaba de pie en un extremo de la zona seca, al lado de un montón de hierbas pisoteadas, aparentemente esperándola con paciencia. Zoe echó a andar despacio hacia él, con las rodillas dobladas.
Se oyó un ruido en los matorrales e inmediatamente él se dio la vuelta en aquella dirección.
– ¿Zoe?
Ella tenía las manos demasiado llenas de barro para poder reprimir el siguiente acceso de risa. Se tragó la risa lo mejor que pudo, pero Yeager debió de oír algo porque se dio la vuelta en dirección a donde estaba ella. Aquello era perfecto para sus planes. Zoe se detuvo a un par de pasos de Yeager, plantando los pies en el grueso barro e intentando respirar con calma. Luego alargó una mano muy lentamente y la acercó hasta la cintura de los tejanos.
Tenía que ser muy rápida.
Tomó aliento y lo agarró de la pretina de los tejanos. Tiró de ella y luego le metió la mano llena de barro por el vientre hasta llegar a su…
Yeager la agarró de la cintura en un abrazo embarrado, pero de hierro.
Zoe gritó.
– ¡Eh! ¿Estás buscando algo? -preguntó él.
Zoe intentó apartarse de él echándose hacia atrás, pero sus pies no podían moverse hundidos como estaban en el barro. Sus bruscos movimientos hicieron que Yeager se abalanzara sobre ella. Al momento, los dos estaban intentando encontrar un apoyo para sus pies, mientras Yeager aún mantenía las manos alrededor de su cintura y Zoe las suyas metidas en…
Zoe cayó sobre el barro.
Yeager cayó encima de ella.
Zoe se quedó de espaldas en el barro, aturdida -con Yeager tumbado a su lado y rodeándole la cintura todavía con un brazo-, mientras seguía con una mano metida bajo sus calzoncillos y los dedos alrededor de su…
Ella se quedó mirando a Yeager. Los cristales de sus gafas estaban llenos de barro y todo él parecía el monstruo del lago Ness. El silencio entre los dos se hizo tenso y traicionero.
Zoe tragó saliva.
– ¿Te has metido un plátano ahí o es que estás contento de verme?
Yeager se echó a reír a carcajadas. Y ella tampoco pudo suprimir un loco ataque de risa. Rodaron a lo largo del huerto embarrado, riendo como un par de niños histéricos bajo un sol tan caliente como frío era el barro. En cierto momento se detuvieron retorciéndose y Zoe se dio cuenta de que su mano estaba ya fuera de los pantalones de él, de modo que utilizó los dos brazos para estrujar a Yeager contra ella, con una mejilla apretada contra el latido rítmico de su corazón.
Yeager la rodeó también con un brazo y la apretó contra su pecho. Ella alzó la vista. Yeager todavía seguía sonriendo, pero Zoe pudo ver una línea limpia que se deslizaba por una mejilla, abriendo un surco entre el barro de su cara. Puede que se hubiera puesto a llorar de tanto reír.
Quizá simplemente estaba llorado.
Zoe se frotó la mejilla contra la mugrienta pechera de la camisa de Yeager y decidió que era mejor no preguntarle cuál de las dos cosas era cierta.
Capítulo 12
Deke abrió la puerta del apartamento de Yeager sin molestarse en llamar.
– Me acabo de enterar de que has recibido la carta de la NASA.
Yeager no dejó lo que estaba haciendo -que era nada, a menos que estar tumbado en la cama con la CNN como sonido de fondo fuera hacer algo- y gruñó para darle a entender a Deke que le había oído.
– Me parece que las noticias no eran buenas. -La puerta de entrada se cerró con un portazo y Deke entró en la habitación-. ¿Por qué no me has dicho nada?
Yeager se encogió de hombros.
– Sabías la respuesta desde que te dije que había apelado la decisión de Houston.
¿Qué sentido tenía seguir dándole vueltas a aquel asunto? El veredicto, que era el mismo de la primera vez, ya estaba empezando a hacer una madriguera bajo su piel. Nunca más volvería a ser astronauta. Se había pasado dos días encerrado en su habitación intentando hacerse a aquella idea.
– Zoe me dijo que viniera a ver cómo estabas.
Zoe. Oh, sí, había algo más que estaba empezando a metérsele debajo de la piel. Alguien. Zoe. La había estado evitando, y se había pasado la mayor parte del tiempo en el patio de su apartamento, escuchando los sonidos de la isla. Durante el día se encontraba bien, incluso tranquilo bajo la brisa fresca, oyendo el canto de los pájaros y el romper de las olas estrellándose contra los acantilados lejanos, pero por la noche… Por la noche buscaba lugares fríos lejos de sus sábanas e intentaba no dormir, porque cuando lo hacía empezaba a soñar; soñaba con volar o, lo que era peor todavía, soñaba con tener a Zoe en la cama, a su lado, con una mejilla apoyada sobre su pecho y una mano alrededor de su cintura. Igual que al final de su pelea de barro.
En aquel momento, al tenerla entre sus brazos, sintió algo nuevo y extraño, algo que no le había gustado en absoluto. Habían caído al suelo juntos, entrelazados en un abrazo casi íntimo, y Yeager sintió hacía ella una cercanía que nunca antes había sentido por mujer alguna. ¿Cómo podía haber sido así cuando los dos estaban completamente vestidos y cubiertos de barro? Solo pensar en ello hacía que le doliera todo el cuerpo, como si tuviera todavía pegado a la piel el barro seco de dos días antes.
– Quiere saber cómo estás -dijo Deke.
De repente, una burbuja de airado resentimiento le retorció las entrañas. De modo que ella quería saber cómo estaba. Muy bien. Aunque lo que de verdad quería era meterse en sus pensamientos. También lo había intentado dos días antes, y ahora él tenía que demostrarle que allí no iba a ser bien recibida.
Las mujeres no eran para él más que una diversión, ¡por el amor de Dios!, nada más que eso. Así era y así le gustaba que fuera.
No sabía de dónde habría sacado Zoe la idea de que él estaba interesado por ella, pero había llegado el momento de hacerle saber que el juego había terminado y ver si podía tener así un poco de paz en lo que le quedaba de estancia en aquella isla.
Deke abrió la puerta del pequeño frigorífico de la cocina americana y Yeager oyó un estallido del aire cuando su amigo destapó una botella de cerveza.
– Pásame una cerveza -le dijo Yeager.
La reconfortante humedad de la botella fría le acarició la palma de la mano y Yeager se incorporó para echar un largo trago. Sí, el problema con Zoe había sido haber hablado demasiado de sentimientos y no haber «sentido» nada. Se sonrió recordando el día que habían estado en el acantilado, el inolvidable sabor de su boca y el calor que ascendía por entre sus muslos cuando él la tocó allí. Una ligera presión en aquel botoncito y ella había reaccionado con una pasión caliente e inesperada.
Aquel recuerdo era realmente caliente. ¿En qué demonios había estado pensando aquel día para comportarse como un buen chico? Alguna estúpida y desacertada idea de ramos de flores y colchones con edredones de plumas había hecho que se detuviera, pero si hubiera seguido y se lo hubiera montado con ella allí mismo, ahora no se sentiría en aquella desagradable situación. Y si en algún otro momento Zoe hubiera intentado analizar su cerebro con sus rayos X, él simplemente podría haberle hecho ver cuál era la parte de su cuerpo que necesitaba de toda su atención.
Deke echó un vistazo a las bolsas vacías de la comida basura con la que Yeager se había alimentado durante su encierro para no encontrarse con Zoe.
– También me ha dicho que quiere saber si necesitas algo -le comunicó su amigo.
Yeager echó otro largo trago de cerveza fría. ¡Oh, claro!, había algo que sí necesitaba para que las cosas volvieran a la normalidad de una agradable comida casera; y para llegar a eso tenía que pasar antes por hacer algo íntimo con ella. Algo que Yeager había estado deseando hacer desde el primer momento que se había cruzado con Zoe.