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¿Y qué me dices de todas esas historias sobre gente que se está muriendo y son capaces de aparecerse ante sus seres queridos en el preciso instante de la muerte? ¿O personas que han estado muertas durante un segundo y describen la experiencia extracorporal de elevarse hacia el techo y contemplarse a sí mismos acostados en la cama? La luz blanca al final del túnel. ¿Es tan absurdo pensar que tu conciencia, en el momento final, el momento de la muerte, puede concentrar toda su energía y voluntad con el fin de realizar un acto dramático, una especie de despedida final?

La voz de Cleaver descendió un tono y alcanzó un nivel de intimidad.

– En realidad, Felicity, tú lo has visto. Has visto la medición objetiva del ánima. Lo viste con Elmore, quien se apareció ante nuestra amiga en la otra habitación.

– Lo que yo vi fue que Elmore se apareció ante ella en el momento en que estaba muriendo. Ella lo vio. ¿Y por qué no? Ambos se amaban profundamente.

– ¡Exactamente, Felicity! Lo que Myra vio fue el ánima de Elmore. Y yo soy la primera persona que ha demostrado que existe. Y no sólo demostrado, sino que he documentado, medido, localizado el lugar que ocupa en el cerebro. Sé dónde reside, en un punto subcortical no más grande que su meñique, la amígdala cerebelosa. La amígdala cerebelosa y el hipocampo, los centros de la emoción y la memoria. Y eso es el ánima, lo que hace de nosotros seres diferentes y especiales: nuestros recuerdos y emociones unidos, creados de nuevo constantemente.

»Es un trabajo de pioneros. Porque… bueno, piensa en ello: ¿cómo puede un científico abordar el tema de la conciencia? La conciencia es esquiva. Como examinadora última de todo lo demás, ¿de qué modo puede examinarse a sí misma? ¿Has intentado alguna vez apuntar tus pensamientos exactamente como se están produciendo sin dejar ninguno fuera? Es imposible, igual que tratar de atrapar un relámpago en una botella. De modo que debemos encontrar indicios de la conciencia. Debemos dejar polvo en el suelo para conseguir las pisadas de un fantasma. Construir espejos. Y eso es precisamente lo que he estado haciendo todos estos años: inventando experimentos para capturar el reflejo, para ver dónde ha estado el fantasma y qué es lo que puede hacer.

– ¿Y es lo que está usted haciendo en la otra habitación, con Myra?

– Eso es todo. Sólo estoy controlando sus sueños, tratando de capturar su conciencia mientras vaga libremente. No le hace ningún daño. No le estamos provocando los sueños, del mismo modo que no provocamos la muerte de Elmore. Simplemente aprovechamos el viaje.

Se levantó y le hizo señas de que lo acompañase a la habitación contigua. Myra continuaba inmóvil en la cama. Cleaver se dirigió a los monitores.

– Ahora está soñando -dijo. – ¿Cómo lo sabe?

– Porque su electroencefalograma está activo. Sólo cuando una persona sueña, su electroencefalograma es el mismo que cuando está despierta. Ahora quiero que le eches un vistazo a esto.

Pulsó algunos botones del ordenador e hizo girar varios diales y en una pantalla apareció un corte transversal del cerebro de Myra. La vista era cenital, de modo que parecía la carne de una nuez abierta por la mitad.

– ¿Ves eso?

Cleaver señaló una zona donde unos puntos negros estallaban como si fuesen proyectiles. Hizo girar otro dial y se convirtieron en colores brillantes, azul, verde y amarillo. Era un elemento marcador que circulaba por el suero intravenoso.

– ¿Qué es?

– Es una pauta particular de actividad cerebral que he podido reconocer. Atraviesa varios centros cerebrales profundos. Esta pauta varía ligeramente de una persona a otra, pero en cada individuo es siempre la misma. Puedes ver que incluye un gran número de neuronas. Siempre se activan siguiendo la misma secuencia.

¿Cuando ella está soñando? -Sí.

– ¿Y eso significa que su…, cómo la ha llamado… ánima está fuera de su cuerpo?

– No, no del todo. Aún está enraizada en su cerebro. Pero es capaz de extenderse mucho más allá de la mente despierta y experimentar cosas fuera del cuerpo. Es como un perro que se mueve sujeto a una correa… hasta la muerte. Luego la correa desaparece.

Felicity miró la pantalla, fascinada.

– Freud pensaba que los sueños eran producto de la mente inconsciente. La metáfora era algo que subía como unas burbujas hasta la superficie desde las profundidades. Pero es mucho más que eso. Es como meterse en un enorme lago y ser consciente de todo lo que hay en él. Algunas de esas cosas son maravillosas y fascinantes, y otras son peligrosas y monstruosas. Ahora te mostraré algo más.

Acto seguido, Cleaver pulsó un botón y apareció un negativo en blanco y negro de la imagen que había en la pantalla. Lo deslizó hacia un tablero luminoso junto a otra imagen de un escáner cerebral; parecían asombrosamente similares.

– La imagen de la izquierda corresponde a Myra cuando vio a Elmore en el momento de su muerte. Es lo que las personas que tratan con la muerte todos los días, las personas de los hospicios, llaman una visitación. La otra corresponde a Myra soñando. En ambas, su conciencia se encuentra en un estado de gran excitación. ¿Alcanzas a apreciar cuán similares son ambas imágenes?

– Sí. Es interesante. -Y muy importante. -Sí, lo comprendo.

– Bien, ahora ya sabes lo que estoy haciendo. Y tienes que entender lo que estamos haciendo con estas personas, Myra, Elmore y los demás. No los tratamos como conejillos de Indias. Están viviendo sus vidas como deberían hacerlo, sólo que lo están haciendo… espero que esto que voy a decir no suene demasiado cursi.

Cleaver dudó un momento.

– ¿Qué? -le preguntó ella-. ¿Qué es lo que están haciendo?

– Lo están haciendo en el altar de la ciencia.

Felicity apartó un mechón de su amplia frente, un gesto característico que Cleaver, de pronto, encontró atractivo. Su rostro estaba ligeramente sonrojado. Parecía sentir que había llegado el momento de marcharse. Cuando llegó a la puerta, con una mano apoyada en el pomo, se volvió para mirar a Cleaver directamente a los ojos. -Gracias -dijo.

– No hay de qué. Yo debería dártelas a ti. Ella salió y cerró la puerta.

Cleaver acabó su café y comprobó el monitor. Luego fue hasta uno de los armarios con suministros, llenó una jeringuilla, se acercó a la cama de la anciana y levantó su frágil muñeca, dejando al descubierto el antebrazo. Clavó la aguja en la piel. Luego se deslizó detrás de la cama y manipuló una válvula, cerrando el oxígeno. Un momento después, Myra se agitó ligeramente en la cama y levantó la barbilla. Luego la cabeza cayó sobre el pecho y permaneció completamente inmóvil. Cleaver la observaba atentamente. Después de unos instantes, volvió a abrir la válvula del suministro de oxígeno y, gradualmente, Myra volvió a la vida.

Regresó al ordenador y pulsó un botón. El negativo que apareció esta vez tenía un aspecto diferente. Las explosiones eran más grandes y se habían desplazado a una esquina opuesta del cerebro inferior. Colocó el negativo en el tablero iluminado, abrió un cajón y sacó otro escáner cerebral, que colocó junto al anterior. Era muy parecido. Cleaver comparó ambas imágenes ávidamente, la que había sacado del cajón y que había tomado a Elmore en el momento de su muerte, y la otra, tomada a Myra hacía apenas unos minutos. Eran muy parecidas, realmente muy parecidas. Dos cerebros diferentes que habían registrado la misma actividad en las mismas regiones.

Otro hito.

Se preguntó qué habría pensado Felicity de eso. Si hubiera estado allí para formularle alguna de sus preguntas. «¿Y qué demuestra eso?» Podría haberle contestado: «Ése es el aspecto que tiene el cerebro cuando muere».

Y si ella hubiese insistido, preguntándole: «¿Y qué le ha hecho a Myra?», él podría haberle contestado, con la conciencia tranquila, «Nada del otro mundo. Puedes ver que respira normalmente. Simplemente se ha sumergido… en un lago muy grande».