Scott se negó a ser entrevistado y esto fue advertido por un investigador médico experto, quien anotó en una casilla del formulario pertinente que el «familiar más cercano se mostró reacio a cooperar». Todos los que estuvieron presentes en ambas operaciones, incluida Kate, fueron citados para que redactasen un detallado informe que sería dado a conocer a su debido tiempo. Habría que elaborar nuevas directrices para cubrir situaciones similares; por el tono de las preguntas formuladas, Kate estaba segura de que acabarían siendo ineficaces. Brewster se encargó de dejar muy claro que apoyaría sin reservas a su personal, incluyendo a Saramaggio, cuya contrición sorprendió a todo el mundo y quien solicitó, y le fue concedida, una licencia de dos semanas. Todos estuvieron de acuerdo en que merecía la pena continuar trabajando en las áreas de cultivo e implantación de, células madre reproductivas y de cirugía asistida por ordenador, a pesar de la «reciente tragedia».
No se dijo prácticamente nada acerca de la visita nocturna que habían hecho Kate y Scott al pabellón de observación y tampoco sobre el papel de Kate en todo el asunto. Estaba claro que no habría ninguna represalia pública contra ella, y Kate pensó que, al no presentar cargos, podían estar tratando de comprar su silencio. No podía imaginarse asistiendo a Saramaggio en otra operación. Ellos quizá querían olvidar, pero ella, no.
Kate encontró a Gully solo, bebiendo café en la sala de cirujanos, una pequeña habitación con sillones y mesas dispares y lámparas situada en la cuarta planta. Comenzaron a hablar y ella se dio cuenta de que se estaba desahogando con él. Pero sus dudas respecto a la muerte de Tyler no encontraron unos oídos comprensivos.
– ¿Qué hay de extraño en ello? -dijo él-. Para empezar, se trataba de una operación experimental. Todos conocían el riesgo implícito de usar ordenadores para ayudar al chico.
– ¡Ayudar! Ahórrame esa clase de ayuda. Acabar con alguien sería más correcto.
– Venga, no seas tan dura.
– ¿Por qué no se realizó una investigación rigurosa sobre lo que ocurrió realmente? ¿Quién sabe por qué falló el jodido invento? Todo parece indicar que fueron los ordenadores los que le provocaron la muerte.
– ¿Cómo puedes decir eso? Ese chico habría muerto mucho antes si esas máquinas no lo hubieran mantenido con vida. Por favor, no dejes que la ira te nuble el pensamiento. No te metas en más problemas. Estabas haciendo un buen trabajo aquí y todos te apreciamos mucho. Gully bebió un trago de café.
Kate no se había calmado.
– No lo sé, todo este asunto me huele mal. Creo que los ordenadores no funcionaron como estaba previsto. Esas máquinas son responsables de la muerte del chico, ¿no lo comprendes?
Pero Gully se limitó a encogerse de hombros y se volvió. Su rostro parecía afligido, pero su gesto delataba una brusquedad que no habría mostrado dos semanas antes, pensó Kate.
El funeral se celebró por la tarde en una funeraria de la avenida Amsterdam, un lugar que parecía una cadena de montaje con tres salas de servicios funerarios separados, de modo que para encontrar la sala correcta, los deudos tenían que leer primero las letras reemplazables de plástico blanco colocadas en un tablero de anuncios de terciopelo negro.
Asistió una cantidad de gente sorprendentemente grande, incluyendo a la mayoría de los compañeros de Tyler en el Horace Mann. El servicio fue breve. El ataúd de Tyler estaba cerrado debido a los daños sufridos en la cabeza y el rostro o, como le había explicado a Kate el dueño de la funeraria, a «dificultades en la restauración». El ataúd era una simple caja de madera. Scott delegó en Kate la tarea de elegirlo; en realidad había dejado casi todas las decisiones a los demás. Se encontraba en un estado difícil de definir, no aturdido, sino distante, como si sus emociones finalmente se hubieran desconectado.
Kate permaneció a su lado durante el servicio y no pudo evitar pensar en la última vez que había estado sentada junto a él, durante la reunión de la junta que determinaría la suerte de Tyler. Habían sucedido muchas cosas desde entonces. Parecía que habían pasado años. Scott había colocado un pequeño paquete envuelto junto a él, sobre el banco de madera. Kate miró a la gente que entraba y advirtió un gran contingente de personas de su misma edad que tenían un aspecto bastante bohemio, de artistas. Compañeros fotógrafos de Scott, supuso. Lo miraron con aflicción y tres o cuatro de ellos se acercaron y le susurraron palabras de consuelo al oído o apoyaron las manos en sus hombros. Uno se inclinó y lo abrazó con fuerza. Había una familia de tres personas, con un chico de la edad de Tyler, sentados en la fila contigua a la de Scott, al otro lado del estrecho pasillo. Los tres parecían muy afectados, especialmente el muchacho, vestido con un grueso traje negro, que tenía la mirada perdida en algún punto delante de él y las mejillas encendidas.
Un puñado de gente del hospital también asistió al servicio. Había algunas enfermeras que habían atendido a Tyler, sentadas juntas, y Gully y otro cirujano. Brewster, con aspecto solemne y oficial, eligió un lugar en la parte de atrás, lo bastante cerca como para que se notase su presencia pero no tanto como para molestar. Saramaggio, quien parecía estar esperando a Scott en la entrada y luego lo miró sin decir nada cuando pasó a su lado, se sentó en la última fila, claramente consternado. A Cleaver no se lo veía por ninguna parte, lo cual no sorprendió a Kate en absoluto.
Lo que sí eligió Scott fue la música. La primera selección fue You Can't Always Get What You Want, de los Rolling Stones, luego Like a Rolling Stone, de Bob Dylan y, finalmente, Free Fallin de Tom Petty, todas canciones que habían tenido algún significado para Tyler. Las había estado escuchando durante años, le dijo Scott a Kate, sin prestarles demasiada atención con su padre y luego, súbitamente, haciéndolas suyas con esa manera voraz que tienen los adolescentes de apoderarse de las cosas.
Sólo hubo un par de oradores antes de que Scott tomase la palabra. Uno era un profesor que habló de Tyler como estudiante, la inteligencia que chisporroteaba en sus ojos, el humor, la curiosidad y el amor por el latín, las ciencias, la mitología griega y la biología y el aprendizaje por el aprendizaje mismo. «Tyler amaba la vida -dijo el profesor-. Se abría a ella y quería beber profundamente de su copa.»
El otro orador fue un monitor de los Cub Scout que dijo que Tyler lo había probado todo, piragüismo, tiro con arco, fotografía, pintura, esperando hasta estar preparado y luego lanzándose a fondo a disfrutar de ello. En béisbol había jugado de exterior izquierdo, cantando fragmentos de arias durante los tiempos muertos, lo que le valió el apodo de Fígaro. Por la noche, sentados alrededor del fuego, había hipnotizado a los otros chicos contándoles historias terroríficas que parecían surgir de una fecunda e insondable imaginación.
Luego Scott se levantó para hablar. Al principio su voz era débil pero, a medida que hablaba, fue cobrando fuerza. Explicó historias de Tyler cuando era pequeño y luego de cuando fue mayor, historia tras historia. Casi al final, todos los que estaban allí sintieron que había recibido el mayor homenaje, y los pocos que no lo conocían pensaron que habían perdido la oportunidad de conocer a una persona extraordinaria. Por último, Scott se refirió brevemente al accidente y luego pareció dirigirse en especial a los médicos y a otros que se habían preocupado por él.
– En estos últimos días he pensado mucho en las operaciones que le han practicado a mi hijo, aquellas que fueron necesarias en un intento por salvarle la vida y también en aquellas a las que fue sometido por razones adicionales. La diferencia, si es que hubo alguna, a veces no fue fácil de distinguir. La experiencia fue realmente dura, tal vez dura para él y también dura para todos los que lo amábamos. Recientemente he tenido palabras muy fuertes para con los médicos, y no pienso retractarme de ellas. Pero quisiera que ellos supieran, todos los que se preocuparon por Tyler, que aprecio lo que hicieron por él y que lo entiendo. No está mal querer intentar una operación que no se ha llevado nunca a cabo para aliviar el sufrimiento humano a largo plazo, aunque a corto plazo signifique una experiencia penosa para los primeros individuos que son sometidos a ella. Por favor, no quiero que piensen que no sé reconocer este hecho, incluso en medio de mi ira por todos los días que Tyler pasó en el hospital y por el desenlace que tuvo este desdichado asunto.