– Entonces me declaro culpable de este acto de corrupción y juzgo necesario… -ironizó el reportero, y se sentó rápidamente a una mesa en la que había un grupo de gente muy bulliciosa.
– Son los del Informativo Semanal de los viernes -dijo Tsadiq con cierto orgullo-; el Informativo Semanal es mi buque insignia, Arieh Rubin siempre participa, aunque hoy… Y ahí está Shoshi, la otra encargada del montaje, ¿la ves? Parece una mosquita muerta, pero los pone a todos firmes.
Michael miró a aquella mujer menuda y esbelta. A pesar de tener el cabello canoso, era joven, y cuando se acercaron a la mesa se dirigió a Tsadiq y dijo:
– Estamos hablando de ética, nos preguntábamos si alguien tendría reparos en participar en un recorrido por Jerusalén organizado por el alcalde.
Un reportero barbudo y con voz de bajo dijo:
– Yo me opongo, porque a nosotros no nos gusta tener cortapisas y no me veo capaz de hacer bien mi trabajo con el alcalde merodeando por el estudio…
– Pues yo no veo ningún inconveniente -concluyó la encargada de montaje-. Ven, Tsadiq, siéntate aquí un momento, querría pedir que nos enseñaran a utilizar ese nuevo método de audiometría, el people rating, con el que se medirá la audiencia.
– Ahora no -dijo el reportero de la voz de bajo acariciándose la barba-. Yo quería sugerir un recorrido por Sderot u Ofakim…, ciudades en las que nosotros…
Tsadiq se dejó caer sobre la silla.
– ¿Conocéis al superintendente Ohayon? -les preguntó, y todos lo miraron fijamente mientras alguien le ofrecía su asiento-. Dado que estáis aquí todos -continuó Tsadiq-, ¿os puedo hablar de algo que me preocupa? Algo que no paro de repetir como un loro: estamos utilizando material que no es nuestro. El último miércoles pusimos cuatro tomas de una película de Noemi Aluf, y ese material no es nuestro, hay que pedir permiso, porque, si no, tendremos que pagar miles de dólares.
– Supongo que lo hizo porque no sabía que no teníamos los derechos -dijo el barbudo-. Voy a traer sacarina. Y sólo quiero decir que yo lo vi y que parecía material sacado de un reportaje y no un documental realizado por alguien externo.
– ¿Y quién garantiza que sea un documental, que son tomas robadas? -argumentó el reportero de política nacional al tiempo que acercaba una silla y se sentaba entre Michael y Tsadiq-. Porque yo digo que no pertenecen a su película, sino que se trata de unas tomas parecidas sacadas de las noticias.
Tsadiq dejó caer su cabeza hacia atrás y dijo en un tono cansino:
– Está comprobado. Son unas tomas sobre las que no tenemos los derechos.
– ¿Dónde se ha comprobado? -insistió el barbudo.
– En la filmoteca… Además, ya lo habíamos hablado cuando pasasteis una secuencia de la última ceremonia de los Oscar.
Un grupo de niños con trajes folklóricos -de yemenitas, de judíos hasídicos- y una chica con un vestido de campesina rusa entraron en la cafetería, seguidos de Adir Bareket, que gritó:
– Niños, una sufganiyá y una bebida por persona, tres minutos, pipí y a volver, ¿entendido?
– ¡Sí! -gritaron los niños en un coro obediente. Y Tsadiq torció el gesto y dijo a los que se encontraban sentados alrededor de la mesa grande:
– No entiendo lo que estáis haciendo aquí, ¿la reunión final para el Informativo Semanal? ¿Aquí y ahora?
– No hemos podido hacerla antes a causa del funeral de Tirtsa, que ha durado toda la mañana, y yo además he tenido que ir a ver a Beni Meyujas…; no olvides que hemos pasado por muchas cosas juntos… Gracias a él conseguí este trabajo -dijo Shoshi-. Y como hemos pospuesto lo de la mañana pues ahora… aún no hemos hecho repaso del último Informativo Semanal.
Michael apartó la grasienta sufganiyá que le habían puesto y se tomó el café, que le pareció repugnante. Todos fumaban a su alrededor, a pesar de los avisos que prohibían fumar en la cafetería (pero nadie les llamaba la atención), así que se encontraba entre montones de nubes de humo que se dedicó a inhalar con gran placer. ¿Cuánto tiempo duraría esa sensación de falta de algo que tanto lo atormentaba? ¿Y por qué estaba allí, en lugar de esperar a Hefets en su despacho?
– ¿Se puede saber por qué el canal 2 ha sacado a la luz antes que nosotros lo de Irak? -se lamentó Tsadiq.
– Ya te lo he dicho mil veces -lo increpó Erez-, primero, porque el asunto de Irak no es apropiado para un programa tan variado como el Informativo Semanal, la gente no quiere más noticias, sino historias íntimas… Pero ¿qué es lo que ha pasado en Irak? ¿Uno de nuestros agentes ha sido arrestado?
– Y además -dijo el reportero de la voz de bajo-, ellos no tienen… técnicos que se echen a temblar por lo que pueda decir el sindicato Histadrut, porque trabajan con unos convenios de salarios fijos y licitaciones públicas que dan mucho poder a los técnicos…
– Pobre Mati Cohen -suspiró Shoshi-, ¿cómo es posible que…?
– Callaos un momento, silencio -gritó Tsadiq-, subid el volumen.
Michael levantó sus ojos hacia la pantalla.
«Han intentado impedir, y de todas las maneras posibles, que el siguiente reportaje se emitiera -dijo Keren-, y el motivo es que, aunque se ha hablado del tema durante años, ahora, por primera vez, disponemos de pruebas, nombres y cifras. Se trata de una exclusiva acerca de cómo se reparte el dinero de las subvenciones para las escuelas rabínicas. A continuación les ofrecemos un reportaje de Natacha Goralnik.» Y el rostro de Natacha copó la pantalla entera. Tenía una expresión seria, solemne, sin señal alguna de ese aspecto de huerfanita descuidada que la caracterizaba.
– Las escuelas rabínicas en Israel -dijo Natacha- obtienen subvenciones según el número de estudiantes que tengan. Pero ¿qué pasa cuando el presupuesto no es suficiente? Pues que inscriben en ellas a los muertos… Hasta treinta y siete hemos detectado y sus nombres aparecen en la tabla siguiente…
La tabla salió en la pantalla, junto a un dedo acusador.
– Tenemos aquí, por ejemplo -dijo Natacha-, al alumno con carnet de identidad número 073523471, que supuestamente reside en la calle Kanfey Nesharim 33 A, David Aharon, registrado en la escuela rabínica Uri Sión; alguien que en realidad falleció hace cinco años, y por el que durante todo ese tiempo, ¡cinco años! -recalcó Natacha-, esta escuela ha venido recibiendo una subvención. Idéntico es el caso de Hay Even-Shoshan, nombre y carnet de identidad en pantalla, y de Menashe Ben-Yosef, nombre y carnet de identidad en pantalla -y su voz se elevó llena de dramatismo-; hasta treinta y siete alumnos por quienes la escuela rabínica Uri Sión obtiene unas subvenciones mensuales a pesar de haber fallecido hace tiempo -y una lista de nombres apareció en la pantalla.
– Muy bien hecho, enhorabuena -se alegró Tsadiq-, muy bien hecho, esta chica es la bomba y pienso promoverla -dijo, en tono confidencial- Tenemos… No importa, ¿La has conocido? ¿Qué te parece? -le preguntó a Michael, y éste asintió sin decir nada-. Ven, vamos a las noticias, te haremos un treat, una visita por el estudio.
Michael lo siguió obediente, pero se detuvo ante la entrada del estudio, que era muy estrecha, porque prefería no tener que pasar entre quienes estaban sentados frente a la mesa principal y el puesto de control de la productora. Se quedó, pues, agazapado en un rincón, cerca de una sala contigua, mirando a los invitados de una emisión en directo, que estaban allí sentados, en una hilera de sillones pegados a la pared, esperando a que los llamaran para entrar en el estudio. Entre ellos se encontraba la ministra de Trabajo y Asuntos Sociales, probablemente por el tema de los obreros, y también el amigo íntimo de… Natacha salió del estudio exultante, todos le dieron palmadas en la espalda, y hasta los que estaban sentados al frente de la mesa de control se volvieron hacia ella y le sonrieron. Nadie estaba preparado para lo que sucedería a continuación, porque todo parecía bajo control, pero entonces empezó a sonar continuamente el teléfono, y Ganit a no dar abasto a contestar. En medio de la conmoción, nadie prestó atención a sus palabras, pero después de unos minutos la oyeron decirle a Tsadiq: