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– Pero ¿qué es lo que han hecho?

– Yo te voy a contar lo que han hecho -le dijo Balilti-: los han robado… Han cogido los camiones de la fábrica…, los han cargado con botellas vacías… Han vaciado todos los almacenes de la fábrica… Cuando los chóferes han llegado a la fábrica ya no había nada, ni camiones ni…

– ¿Y dónde están ahora? -le preguntó Natacha.

– Van a ponerse en algún cruce…, todavía no se sabe cuál… Quieren tirar todas esas botellas en algún cruce, bloquear las carreteras; en resumen… problemas.

– ¿Y nadie puede detenerlas? -preguntó Natacha.

– Todavía no las han detenido, por cuestiones organizativas…

– ¿Está Dani Benizri con ellas?

– ¡Cómo va a estar con ellas! ¿Qué te crees, que se va a arriesgar por ellas?

Natacha se encogió de hombros y optó por callarse.

– ¿Harías tú una cosa así? -le preguntó Schreiber-. ¿Irías con ellas?

– No lo sé -dijo Natacha-, pero esto sí que da para un buen reportaje, eso seguro.

– No le haga caso -le dijo entonces Schreiber a Michael-, la ambición le ha hecho perder el juicio.

10

– Pero ¿qué es lo que tengo que hacer, ponerme a hablar así, sin más? ¡Qué difícil! Con esta grabadora delante… Aunque, bueno, no importa… Es que me cuesta hablar ahora… Desde que me he despertado esta mañana he tenido un mal presentimiento. Y ya le he dicho antes que tengo la sensación de que han pasado días o semanas desde esta mañana… Y mire que no ha pasado ni una noche. Tan sólo unas pocas horas. Pero si todo ha sucedido hoy mismo. Desde el principio he tenido la sensación de no querer empezar el día. Hay veces en que abres los ojos por la mañana y, antes de darte cuenta de nada, te sientes como después de un sueño…, de una pesadilla… Además anoche soñé algo…, no recuerdo qué… Es que últimamente me cuesta… Antes, me dormía enseguida, todos lo sabían: a Aviva, dadle una cama y una almohada, y al instante la veréis dormida como un niño de días. Desde pequeña. Pero lo de Tirtsa y Mati Cohen me ha afectado mucho, y no puedo… No es que yo fuera una persona muy próxima a ellos, pero ya sabe usted cómo es esto, las personas trabajan juntas durante años… Con Tirtsa, que estuvo aquí desde los comienzos de la televisión, lo mismo que yo, llevaba ya casi veinte años, porque entré aquí con veintidós… Y de repente se mueren, de golpe; yo no… Además, todas esas habladurías sobre Tirtsa, de que si ha sido un accidente, de que, si no, no la dejan a una estar tranquila. Antes de verlo, al ultrarreligioso ese de la cara quemada, de pie, al lado de mi mesa… No sabe cuánto odio que la gente entre así, sin llamar… Estaba sentada de espaldas a la entrada, hablando por teléfono, y al hacer girar la silla, lo vi ahí, ya a mi lado. Nadie puede entrar en el despacho de Tsadiq sin que yo lo vea, nadie. Porque su despacho no tiene ninguna otra entrada… O por lo menos ninguna otra entrada que se haya usado hasta que… Bueno, ya sabe… Todo pasa por mí. Absolutamente todo; las llamadas telefónicas y las citas. No me había levantado de la silla en toda la mañana, todavía no me había tomado ni siquiera un café… ni había ido al baño… Porque hoy, encima, tenía que salir antes…

»Pero es que ya no entiendo nada, pero lo que se dice absolutamente nada… No comprendo cómo ha sido posible que entrara alguien tan…, tan deforme, con semejantes quemaduras, porque es que tenía la cara llena de manchas, y las manos, el cuello; y ¿cómo es posible que nadie lo haya visto? Nadie recuerda nada… ¿Cómo es eso posible? Pero ¿nadie se fijó en él? La única respuesta que me dan es que es invierno y todo el mundo va muy tapado, pero ¿y las manos? Desde que le vi las manos ya no he podido calmarme. ¿Y la cara? ¿Se imagina usted el susto que me he llevado? Con ese abrigo largo y negro, la barba, el sombrero, todo, absolutamente todo… como los ultrarreligiosos de Mea Shearim. Mientras que la voz… Ha hablado como uno de nosotros, sin ningún acento de la Diáspora… Tenía una voz muy bonita, sin nada de yidish, sin acento, con un hebreo completamente israelí, y pasó por delante del vigilante de seguridad, lo sé porque me llamaron desde abajo y me dijeron: «Aviva, aquí hay un hombre que dice que está citado con Tsadiq». Y sí, estaban citados. Yo misma lo había anotado. Tsadiq me había dicho que escribiera S y yo no le había hecho preguntas. Lo anoté y punto. Después desapareció y tampoco lo vio nadie. Ni siquiera ustedes. ¿Lo han visto, lo han encontrado? Pero si es lo que yo digo: desapareció.

»Es que hoy ha sido el día de los desaparecidos: a todos les ha dado por desaparecer. Basta con que necesitara a alguien, para tener la seguridad de que no iba a estar. Y eso ha empezado ya de buena mañana, lo de las desapariciones. Primero nos informan de la desaparición de las mujeres de esos obreros con las botellas: desaparecen los camiones y desaparecen las mujeres. ¿Había oído usted antes algo parecido? Como en Nápoles. Una vez estuve en Nápoles, sólo por un día, pero nunca lo olvidaré, porque estuve con uno que… No voy a decir nombres porque todos lo conocen… Y no puedo decir que sea un tacaño, porque por otro lado…; pero sí, en definitiva es un tacaño. Pero eso no importa, el caso es que está casado, que es un tacaño y que estábamos en el sur de Italia, en Nápoles. Habíamos ido de fin de semana… Pero ¿por qué hablo ahora de eso? Ah, sí, por lo de las obreras, porque al final ha resultado que han sido ellas las que han cogido los camiones y han tirado las botellas. Lo mismo ocurrió en Nápoles, había huelga de trenes… El caso es que allí cada uno hace lo que le da la gana. ¡Y los semáforos! ¿Un semáforo en rojo? No le obliga a uno a detenerse, sino que es una simple invitación que se hace a los conductores… Así que esta mañana ya hemos empezado con lo de los camiones, que si los habían robado, y después, uno por uno, nos han ido informando sobre lo que estaba pasando en todos los cruces importantes del centro del país, que si el de Check Post, que si el de Glilot, que si la entrada a Tel-Aviv, que si la de Jerusalén, y Dani Benizri sin localizar. Desaparecido. Sin dejar rastro. Les ha llevado cuatro horas dar con él, y eso que es su hombre, el que vela por esos obreros… Ni siquiera ahora sé dónde ha estado, y eso no ha sido más que un aviso de lo que iba a venir después. Un primer aviso.

»Después Tsadiq que me dice: «Aviva, avísame a Beni Meyujas». Y me pongo a buscarlo. ¡Dónde no lo habré buscado! Pero nada. El hombre ha desaparecido, y ni siquiera Rubin sabe dónde pueda estar, y eso que es su mejor amigo. Eso antes de…, antes de que… ¿Puedo tomar un poco de agua? Perdóneme, pero con tantas pastillas, ya ni sé lo que… Y cada vez que veo… No tiene importancia, porque el caso es que Beni desapareció antes de, ya sabe… Perdóneme que llore… pero trabaja una con alguien durante años y años, y de repente, todo se acaba… Todavía no me lo puedo creer… Encontrar así a Tsadiq, que no es cualquier… ¡Estamos hablando del director de la cadena! Dentro de…, con toda esa sangre…, degollado. ¿Cómo puede alguien hacerle eso a una persona? ¿Cómo es posible? Toda una vida, y de repente… ¿Ha visto usted cómo le han cortado el cuello? Siento estar tan afectada, pero es que era un buen hombre, no de esos que… No importa, dejémoslo. Se lo juro, le juro que nada más abrir los ojos esta mañana, he tenido el presentimiento de que iba a tener un mal día. Es que hay personas que lo notan; ¿usted no cree que hay gente que lo nota? No todo el mundo, pero hay personas que son muy sensibles, que captan las vibraciones; yo soy de ese tipo de… Llámelo como quiera… pero yo he notado algo… Para empezar, hoy he llegado a las siete y media, porque Tsadiq… Perdone, pero tengo que tomar un poco más de agua. Tsadiq me había pedido que viniera temprano porque tenía prevista la reunión semanal con los directores de los distintos departamentos y se esperaba tener problemas porque… Pero eso ahora ya no importa. Pero como me lo pidió, y Tsadiq y yo… tantos años juntos… Yo lo conocía… No quiero que piense que había nada sucio entre nosotros, porque entre nosotros jamás hubo nada… ¿Cómo se lo diría?… Al principio su mujer tenía miedo de que yo fuera su secretaria, y venía por aquí a comprobar que… Ya sabe usted cómo son estas cosas, no sé cómo decirlo, pues que no soy fea, y su mujer… En fin, que soy muy resultona con los hombres, aunque con Tsadiq nunca tuve nada que…; ¿me entiende? Pero nos conocíamos desde hacía quince años, yo ya había sido la secretaria de otros tres directores antes que de él, y nunca tuve ningún lío con ninguno de mis jefes… Es una cuestión de principios, porque una cosa así no puede traer más que problemas… A Tsadiq, además, lo conocía ya de antes, de cuando era un simple cronista… Esto… estuve… Bueno, no tiene importancia… El caso es que me pidió que estuviera a las siete y media, en pleno invierno, con todo oscuro fuera, con la lluvia y todo lo demás, por la radio avisaban ya de los embotellamientos pero todavía no habían dicho nada de lo de las mujeres de la fábrica, y encima mi coche, que arrancaba y se calaba, hasta que un vecino me echó una mano; a pesar de todo llegué a las siete y media, en punto, puede usted comprobarlo en mi tarjeta de entrada en la que aparece la hora: las siete y treinta y siete. Llegué un poquito tarde, aunque conozco un camino… en el que no hay atascos. Sin embargo, comprendí que no podría entrar en la ciudad, por lo de las botellas. Pero dígame, ¿cómo lo han hecho? Así, a medianoche, ellas que ya no son ningunas niñas, llevarse todos esos camiones… Las felicito, ¿qué otra cosa puedo decir? Me quito el sombrero ante ellas. Y tirar todas esas botellas de cristal y hacerlas añicos en los cruces más importantes, de verdad que me descubro ante ellas, es igual que en Nápoles… Aunque ahora no van a tener más que problemas… Llegué a las siete y media y fuera estaba completamente oscuro, llovía, hacía frío, y aquí, usted ya lo sabe, aquí siempre hay alguien, y no sólo el retén de seguridad y los radioescuchas…, también en la cafetería… Fui a buscar un café y una sufganiyá bien recientita, no para mí… yo no… yo estoy a dieta, se la llevé a Tsadiq; aunque tampoco le hubiera venido mal perder unos kilos… Pero dejemos eso… porque ahora ya… Lo siento, no quisiera estar llorándole a usted aquí, pero no me puedo dominar, deben de ser las pastillas o el sedante que me han inyectado; porque me han puesto de todo… Se lo estoy contando con todo detalle, como usted me ha pedido, aunque me cuesta mucho concentrarme… Pero para mí es muy importante poder ayudar…