»Después, serían las nueve, todos los que estaban citados para la reunión habían llegado ya, y yo entraba y salía, y no solamente para llevarles el café o cosas así, sino que siempre hay asuntos urgentes que atender al teléfono, porque los directores de los departamentos tampoco es que sean Dios, además de que los conozco a todos, así que yo siempre puedo entrar y salir… Por eso no me enteré muy bien de lo que estaban hablando, aunque cada vez que entraba captaba algo… Porque alguien que desempeña mi trabajo no es una simple… Puede que usted crea que una secretaria… pero es que yo no soy una simple secretaria… Yo… No importa…, puede usted preguntar sobre mí. No hay trabajo para el que no haga falta tener sesos… incluso para… Bueno, nada… El caso es que yo entraba y salía…, y oí algunos retazos de la conversación… Me enteré de lo que allí se hablaba en términos generales… Porque una buena secretaria tiene que estar lo más informada posible, ¿no le parece? Hablaban de Resurgimiento, esa nueva serie sobre la creación del Estado, una serie al estilo de La columna de fuego, su continuación. Diti, la directora de programación, decía que no se le estaba haciendo la promoción suficiente a la serie y se puso a discutir con Tsadiq, que le dijo: «¿Qué más quieres? Es dentro de tres semanas y lo estamos anunciando todas las noches. Es más que suficiente». Riñeron, bueno, no exactamente, más bien discutieron, pero poco a poco la discusión fue tomando… Pero eso no tiene importancia… El caso es que, en un momento dado, entré y me preguntaron: «Aviva -porque así es como me llaman-, dinos quién de los dos tiene razón. ¿La promoción que se le está haciendo a la serie es la suficiente o no?». Y yo… ¿qué podía decir yo? Si lo único que quiero es llevarme bien con todos. ¿Cómo voy a tomar partido? ¿Para meterme en un lío? Ah, no, de eso nada. Y después fue Nitsan, el encargado de la parrilla, el que empezó a quejarse de que donde antes estaba el programa de cocina habían emitido ahora los Simpson, y todo sin consultárselo a él, se quejó de que se rieran de él de esa manera, de que nunca lo avisaran con tiempo, y no sólo eso, sino que estuvieran maquinando emitir Ido y Einam, la película que dirigía Beni Meyujas, en prime time y empezar ya a promocionarla, y todo eso sin haberle dicho nada a él. Y la chica que se ocupa de que ya a las seis de la mañana aparezca en pantalla la programación de todo el día también se puso a discutir con ellos. Y… hay también una persona dedicada a sincronizar lo que se recibe del extranjero, a reescribirlo, y ése es un trabajo que tiene que ser hecho con mucha precisión, y también se habló de eso. Después se pusieron a tratar el tema de Ido y Einam, y entonces fue Rubin el que habló. Lo oí por casualidad, porque les estaba llevando más bebidas, y vi que había allí un religioso, con problemas de garganta, porque no hacía más que pedirme tés con limón, así que pude oír los gritos por lo de Ido y Einam, primero a Rubin; y luego proyectaron unas tomas y me llamaron para que les diera mi opinión. ¿Qué quiere que le diga? Impresionante, eso es indiscutible, absolutamente impactante. No entendí muy bien qué es lo que estábamos viendo, una especie de ceremonia, no sé si una boda o un sacrificio, porque había un cordero degollado, sí, un cordero. ¿Pasa algo? ¿He dicho algo raro? ¿Por qué me mira de esa manera? Degüellan un cordero y la chica se sumerge… No, no puedo hablar de eso, tanta sangre… también allí… Pero eso fue antes…, antes de… No importa… Me habían llamado para que les diera mi opinión, yo no soy una cualquiera sin criterio, soy una persona que tiene su propia opinión de las cosas y Tsadiq me valoraba mucho… Les dije que estupendo, que me parecía estupenda, y también les dije que, como habían invertido tanto dinero en ella, que sería una pena que… Pero entonces saltó Hefets y dijo: «¿Y el proyecto del avión de combate Laví, no lo interrumpieron después de haber invertido en él más de dos mil millones de dólares?». Y Rubin le dijo entonces: «¿No te parece buena? ¿Cómo puedes decir que esta película no es buena? ¿Cuándo ha hecho la televisión algo de este nivel?». Pero Hefets no cedía y le respondió: «Nosotros somos la televisión israelí, no la BBC, esto no es lo que el público quiere; lo que tú tienes que hacer es complacer al público, esto va a tener una audiencia nula». Y Rubin le contestó: «Hefets, por favor, pero si hemos invertido muchísimo tiempo y dinero». Y Hefets: «¡Y qué! ¿Desde cuándo se tiene eso en cuenta? Una película no es el proyecto del Laví, y hasta el proyecto del Laví fue interrumpido después de haberse gastado dos mil millones de dólares, ya te lo he dicho, así que esto también se puede detener». Como me ha dicho usted que hiciera memoria de todo, eso es lo que estoy haciendo, porque yo me acuerdo de todo, to-do. Si mañana me hace la prueba de preguntarme todo lo que usted ha dicho hoy, se lo podré repetir palabra por palabra. Después de lo último que dijo Hefets, todos se pusieron a discutir a gritos. Pero me di cuenta de que Tsadiq había sido convencido, no por Hefets, sino por Rubin, que Rubin había conseguido convencerlo, aunque en ese momento no dijo nada, sino que se limitó a mirar a Hefets y le dijo muy bajito, sin que casi nadie se enterara: «Si actuáramos según tus parámetros, lo único que tendríamos aquí todo el día serían informativos y Eurovisión», y Hefets, entonces, le contestó: «¿Le pasa algo a Eurovisión?». Y todo eso lo oí porque la puerta estaba abierta y yo no hacía más que entrar y salir, así que no la cerraba, pensé hacerlo, pero luego… Así que estuve escuchando, y al final, oí cómo Tsadiq empujó hacia atrás su silla, así, como haciéndose notar, se puso de pie y me dijo: «Aviva, búscame a Beni Meyujas, que quiero comunicarle que está autorizado para continuar con el rodaje de Ido y Einam»; y hubo quienes le aplaudieron, aunque no todos. Hefets no dijo nada, se quedó allí sentado con una cara de… También a Hefets lo conozco desde hace muchos años… Hemos pasado mucho juntos… Pero dejemos eso ahora… El caso es que me puse a buscar a Beni Meyujas. ¿Cómo que dónde? Pues por todas partes, en su casa, en el móvil, en casa de Hagar. Pero nada. En su casa no contestaba, al móvil tampoco, y ni siquiera Hagar sabía dónde estaba. Y si no lo sabía ella, ¿cómo iba a saberlo yo? Si ella es como su sombra, ¿no lo sabía usted? No importa, sólo que después, cuando empezó… todo el jaleo, antes de…, antes de que pasara lo que después pasó…
Entonces Aviva ocultó el rostro entre las manos, respiró profundamente y, tras retirar las manos, le dirigió una mirada llena de terror.
– Antes de ver a Tsadiq así, sobre la mesa, con la cabeza… con toda esa sangre y todo…
Michael se levantó y, en el vaso que tenía a su lado, le sirvió un poco más de agua mineral, luego le puso el vaso en la mano, le tocó el hombro y le ordenó, como haría con un niño asustado:
– Tómesela, beba un poco de agua.
Ella, muy obediente, dio unos cuantos sorbos, se limpió la boca con el dorso de la mano, levantó hacia él la cara y lo miró con unos ojos llenos de agradecimiento y deseosos de complacerlo; y a continuación retomó el hilo de sus palabras.