– ¿Ya no son pareja? -dijo Balilty, con un placer que se percibía incluso tras el tono de interés que puso en su pregunta.
– Más o menos -dijo Yigal Hion.
– ¿Pero Jalal y usted sí son pareja? -continuó Balilty.
– Danny -le avisó Michael-, no se trata de eso ahora. Ahora se trata de un asesinato y de la desaparición de una niña. ¿Conocía a Zahara Bashari? -le preguntó a Jalal.
– Estuvo revisando la instalación eléctrica conmigo en su casa -se apresuró a contestar Yigal Hion-. Ya se lo he dicho, trabaja conmigo, y yo hago todos esos trabajos en el barrio, todas las reparaciones eléctricas, todo. Le puede preguntar a cualquiera, todo el mundo me conoce.
– Entonces, la conocía -le dijo Michael a Jalal-, ¿conocía a Zahara?
– No, no la conocía, sólo estuve con ella una vez, y nunca hablé con ella -dijo Jalal, secándose la frente.
– Y a Nesia, ¿cuándo vio por última vez a Nesia?
– Ayer por la mañana, en la tienda -dijo Jalal-; hasta la saludé.
– ¿Pero qué está pensando? -estalló Yigal Hion-, ¿cree que Jalal le haría algo a mi hermana pequeña? ¿Que nos partiría el corazón a mí y a mi madre?
– ¿Y usted tenía relación con su hermana pequeña? -preguntó Michael al hilo de eso.
– ¿Qué quiere decir? -Yigal Hion se quedó estupefacto-, ¿es mi hermana, no? Somos una familia, como se suele decir, los vínculos de sangre son irrompibles, ¿no?
Michael no dijo nada, y Balilty continuó mirando a los dos hombres que estaban sentados uno al lado del otro encima de la cama.
– ¿Qué pasa?, ¿está insinuando algo? -exigió saber Yigal Hion, haciendo el amago de levantarse-, ¿cree que Jalal le ha hecho algo y yo le estoy encubriendo?
– Siéntese, siéntese, no se excite -le increpó Balilty-, nadie insinúa nada, estamos investigando. ¿No le parece bien?
– ¿Y Peter? -preguntó Michael.
– ¿Peter, qué? -preguntó Yigal-, ¿quiere decir si Peter le haría algo?
– Le vi hablando con ella -explicó Michael-, tenía una relación especial con ella, ¿no?
Yigal Hion se ruborizó.
– ¿Cree que a Peter le interesan las niñas pequeñas? -preguntó con un gesto de repugnancia-, ¿cree que es un pervertido a quien le interesan las niñas como… como si…? Ustedes no entienden a Peter -dijo con tristeza-, simplemente es una persona con sentimientos, sentía compasión por Nesia, siempre hablaba de lo sola que estaba y todo eso, y por eso entabló relación con ella. ¿Qué pasa?, ¿es que todo el que entabla relación con una niña es un pervertido?
– ¿Podría explicarnos qué pasó ayer con ella? -preguntó Michael.
– ¿Con quién? ¿Con Nesia? Ya se lo dije a él cuando estuvimos en la comisaría -señaló hacia Balilty-, ya se lo dije: cenamos para celebrar Sukkot, Peter y yo, y mi madre y Nesia, y eso es todo. Mis dos hermanos no estuvieron, ellos… Bueno, no importa.
– Su hermano Moshé tiene un pasado delictivo -señaló Balilty-, tenemos un buen expediente suyo.
– Porque le enredaron; Moshiko vale mucho, se ha metido en líos pero no por su culpa… Bueno, eso no viene al caso -soltó Yigal Hion-, ahora le estoy respondiendo a él a otra cosa, ¿no? -Michael asintió con la cabeza-. Cenamos cuscús y todas esas cosas que le gustan a Peter. Nesia había adornado la sukká antes. Y después Peter y yo nos fuimos. No pasó nada hasta que mi madre me llamó a las cinco de la madrugada y me dijo que Nesia no había dormido en casa.
– ¿Pasó algo por la tarde? ¿Algo fuera de lo habitual? ¿Estaba rara, su hermana? -preguntó Michael.
– Nada. No pasó nada. Todo como siempre. Nesia no habla mucho nunca, a veces se podría pensar que es muda o algo así. Bueno, es una niña muy… Está sola, no tiene amigos ni nada. Estaba como siempre.
– A lo mejor discutió con su madre -sugirió Balilty con impaciencia y mirando de reojo a Jalal, a quien le temblaban las piernas y se tapaba la cara con las manos, como queriendo desaparecer.
– No discutió ni nada parecido -contestó Yigal Hion furioso-, era fiesta, ¿por qué iba a discutir?
– De hecho usted no está muy unido a su hermana pequeña -señaló Michael-, no sabe mucho de ella.
– Bueno, y qué, yo ya no estaba en casa cuando nació, no tenemos mucha relación -Yigal Hion estaba desconcertado-; es una niña, ¿qué hay que saber? Peter hablaba algo con ella, con él tenía alguna que otra conversación.
– ¿Y usted no hablaba con ella? -Michael se dirigió a Jalal.
El joven tensó los labios como en una especie de sonrisa irónica, pero en sus ojos había el mismo temor.
– ¿Yo? -dijo Jalal con sorpresa-, yo no. Ella no venía a casa, y tampoco en la calle… Si me la encontraba, nos saludábamos, eso es todo.
– ¿Y salvo en la tienda no la vio? -aclaró Balilty.
– No la vi, de verdad que no -protestó Jalal-, yo sólo estaba allí, en la casa, esperando a que no hubiera tanto… a que la policía… Para que no me cogieran -murmuró, y se secó las mejillas con las dos manos.
– Vale -dijo Balilty, y le lanzó a Michael una mirada interrogativa.
– Ahora le llevaremos al Migrás Harusim -dijo Michael, y Jalal inclinó la cabeza como quien ha recibido la sentencia.
– ¡Pero él no tiene nada que ver! -gritó Yigal Hion-. No ha hecho nada, nada. Créame, no se mezcla con nadie, sólo quiere vivir en paz, trabajar, salir adelante, vivir, ¿lo entiende? ¿Por qué no hacen la vista gorda?
– Lo entiendo muy bien -dijo Michael con una tranquilidad que encubría la opresión que sentía-, pero también usted tiene que entender que no podemos saltarnos las normas…, que no podemos hacer como que no sabemos que es un palestino de los territorios sin permiso para estar dentro de la línea verde.
– Y menos ahora, con todos esos desórdenes -añadió Balilty-, ¿cómo vamos a soltar a alguien que ha transgredido la ley? Si al menos…, si al menos tuviera alguna información esencial relacionada con Nesia o con el asesinato de Zahara Bashari…
Los ojos de Balilty se entornaron como los de un comerciante mizrají que ha empezado a regatear un precio y está esperando una contraoferta. Jalal negó con la cabeza.
– Ojalá supiera algo -murmuró-, ojalá. Lo que daría porque no me metieran ahora en la cárcel; lo daría todo.
– Ni siquiera puede inventarse algo -suplicó Yigal Hion-, mírenle, es completamente honesto, no puede ni darles algo para que le dejen libre. Se pasará dos años encerrado. Le caerán dos años por falsificación de documentos y por errores de procedimiento y por lo que sea. ¡Y más ahora! Con todos esos desórdenes. Y después le mandarán de vuelta a Ramallah, y ya nada le podrá ayudar.
– Lo lamento -dijo Michael, sintiéndolo de verdad-, no tenemos forma de pasar esto por alto.
Tampoco Balilty parecía especialmente contento. Se notaba que Jalal también le había conmovido, por su sinceridad y su sumisión o por esa belleza ante la que era tan difícil quedarse indiferente.
– Ahora no puedo ir con él, por lo de Nesia -dijo Yigal Hion con la voz rota delante del coche patrulla. Su voz se convirtió en un susurro cuando se dirigió a Michael-: ¿Podrían asegurarme que no le van a torturar? ¿Que no…? ¿Que al menos no sufrirá demasiado? Es un chico muy delicado.
– Todo irá bien -dijo Balilty, le susurró algo al policía que estaba sentado al volante y, antes de cerrar la puerta del coche, se inclinó hacia Jalal y le dijo-: Con recomendaciones al tribunal se puede reducir, a veces incluso te puede caer sólo un año. ¿No es así, Ohayon? -Michael movió la cabeza ligeramente y después siguió con la mirada el coche patrulla que se alejaba calle abajo.
– Ni un mes le reducirán -dijo Balilty cuando desapareció por la esquina-, le echarán directamente dos años, ningún tribunal podrá ayudarle. ¿Y qué te voy a decir? Parece de fiar, ¿pero quién no parece de fiar? Sus mayores asesinos parecen de fiar, también se expresan muy bien, hasta que hacen explotar un bulto en un autobús lleno de niños.