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– ¿Cómo explicó eso? -preguntó Michael, mientras se agitaban en su cabeza los detalles de la historia sobre la niña del campo de emigrantes de Ein Shemer.

– Lo mismo dije yo -dijo Balilty, y enseguida miró a su alrededor con temor y bajó el tono de voz-. Eso fue lo que le pregunté: «Señora Rosenstein», le dije, «¿cómo explica todo este asunto, que su marido haya comprado un piso?». Y ella me sonríe, pero sus ojos no sonríen, sólo sus labios, y me pregunta si quiero otro trozo de tarta. De la tarta, de eso habla conmigo, y después me vuelve a decir: «Si mi marido decidió eso, es lo correcto». Y yo le miro y me doy cuenta de que está destrozado, completamente destrozado, sin ocultarlo en absoluto, pero no sé por qué está así. Parece que es porque ella sabe algo que él no quiere que sepa… Pero no como si le hubieran pillado con las manos en la masa, no como si estuviese asustado, como si… como si lo sintiese… Le quería ahorrar algo, ¿me comprendes?

– Más o menos -dijo Michael en tono pensativo-. ¿Qué crees tú que le quería ahorrar?

– No lo sé, pero algo relacionado con Zahara Bashari; no algo convencional, no sé si entiendes a lo que me refiero. Aunque hubiera un romance, aunque perdiera el juicio, no es eso…

– ¿Crees que Zahara Bashari chantajeaba a Rosenstein?, ¿es eso lo que me estás diciendo?

– Eso es -el rostro del jefe de la unidad de información se iluminó-, eso es exactamente lo que estoy diciendo. ¿Tú también lo crees? Yo digo que le estaba chantajeando, pero no por un asunto amoroso.

– Pero qué es exactamente lo que no sabes -dijo Michael en tono pensativo, y por un momento dudó que tuviera alguna base real lo que se le había pasado por la cabeza.

– Aún no -precisó Balilty-, pero dame uno o dos días más y te diré lo que es exactamente; y es algo que no tiene que ver con el piso. Tienes que entender -bajó el tono de voz y empezó a susurrar- que no es lógico que una persona de ese tipo, un abogado astuto y todo eso, de repente le haga un regalo a una chica como Zahara. Y si hablamos con seriedad, de verdad no creo que fuera él quien la dejó embarazada: ese hombre hace ya muchos años que… ¿Cómo decirlo? Su polla se dedica sólo al dinero, no sé si me entiendes.

– Te entiendo, te entiendo -dijo Michael.

– Y todo el rato -dijo Balilty mirando hacia el patio delantero-, todo el rato tengo la sensación de que ella… -volvió a señalar con las cejas a Ester Hion- sabe algo. ¿Por qué no hablas con ella? -insistió-. Ahora, quiero decir, aprovecha el momento. Yo lo he intentado por la mañana… Ahora está aturdida por el tranquilizante que le han dado antes, por eso está tan tranquila; si la hubieras visto antes…, a las seis de la mañana, cómo gritaba. Pero hablar no ha hablado mucho, sólo le he preguntado, después de saber que trabaja con los Rosenstein, le he preguntado por su hija y se ha puesto pálida como… como… -Balilty buscaba las palabras-. Terriblemente pálida, se le fue toda la sangre de la cara, te lo digo yo, no fue sólo por lo que dije. Como es fiesta no puedo acceder al ordenador del Ministerio del Interior, pero mañana, lo primero que haré por la mañana…

– Mañana el Ministerio del Interior también está cerrado por las fiestas. ¿Qué vas a hacer? ¿Llamar al ministro para que lo abra?

– No te preocupes -se burló Balilty-, tengo contactos. Mis contactos me permitirán acceder mañana al ordenador, y entonces sabremos exactamente… Tendré que pagar por ello, me va a costar caro -murmuró mientras se sonaba la nariz-. Antes era… Pero ha ido perdiendo la figura. Que nadie se entere. Era un auténtico bombón. Ahora, aunque ella quisiera…, yo no podría, sencillamente no puedo… Pero a lo mejor salgo del paso llevándola a comer al puerto de Tel Aviv o a algún asador romántico. Así es, antes le gustaba hacer el amor, ahora le gusta comer. Ya no somos jóvenes… -miró al cielo-. Es muy tarde -dijo apenado-, ¿no estás muerto de hambre? ¿Te han ofrecido algo? ¿Un café al menos? -preguntó preocupado-. Los yemeníes son estupendos para esas cosas, no como los persas -volvió a mirar un momento la casa de los Bashari, la puerta de madera abierta de par en par y las persianas bajadas, y continuó diciendo-: Tengo la fecha de nacimiento de la hija de los Rosenstein.

– Entonces -dijo Michael acercando a Balilty hacia él-, cuando accedas al ordenador de Interior, aprovecha y saca también datos de Zahara Bashari.

– ¿Qué datos? -se sorprendió Balilty-. Tenemos todos los datos, a qué viene…

– No -explicó Michael, y ahora fue él quien miró a derecha e izquierda para cerciorarse de que no los oía nadie-, esa Zahara Bashari no, hay otra, la anterior Zahara Bashari -y con cuatro frases le contó al jefe de la unidad de información lo que había dicho el matrimonio Bashari-. También nació en el cuarenta y nueve, en el campo de tránsito de Eden, y me han contado que existe el certificado de defunción, pero yo quiero ver una copia…

– ¿Pero qué dices? -dijo Balilty sorprendido cuando Michael se calló-. Cómo puede ser que todo…, que haya alguna relación entre… ¿Crees que a aquella Zahara Bashari la cogieron para…? No puedo creerlo… -de repente se sobrepuso y, con energías renovadas, volvió a decir-: Tienes que hablar con ella, eso es lo primero, hazme caso -movió la cabeza en dirección a Ester Hion-, tienes que abordarla ahora que está sola, es el momento. Su hijo Yigal, el ínclito ese, se ha ido con su amigo a buscar a la niña con el grupo de Yair. Que no me lo pongan a mano… Y todos los demás se han ido a comer -dijo en tono apagado-. Sale olor a comida de todas las casas… Quien no está buscando, está comiendo, son más de las tres -y con renovado entusiasmo se apresuró a decir-: Tienes que abordarla ahora, a la madre, no esperes más, antes de que vuelva la vecina rumana con una nueva ronda de limonada -Balilty se calló, sus orificios nasales se abrieron y su cabeza se dirigió hacia uno de los pisos que tenían encima-. Aunque me he pasado por casa y he picado algo, aún tengo hambre -y volvió a olfatear-. Dime una cosa -dijo después de pensar un rato-, si raptaron a una niña de los Bashari y la dieron en adopción, ¿ellos no se lo notificaron a la comisión que investigó el rapto de niños yemeníes?

– No -dijo Michael-, lo pospusieron. Ella… ellos intentaron… Neimá Bashari intentó… Al principio pensó que era mejor no hurgar en eso, pero después creo que ellos pretendían…

– Pero le has pedido a Tzilla que te consiga el protocolo de la comisión, ¿no? -dijo Balilty tras un momento de silencio.

– No he tenido tiempo de ocuparme de eso -dijo Michael, y captó el tono turbado y de disculpa que había en su voz.

– Pero yo, por la noche, mientras tú estabas ocupado, tuve tiempo -Balilty le hizo un guiño-; ella consiguió parte de los protocolos y yo empecé a leerlos, no sólo porque tú lo pediste, sino también porque tuve… Antes de eso, ya te he dicho que tengo la sensación de que esto no acaba en el tal Rosenstein, de que hay ahí algo… ¿Te lo dije o no te lo dije? -y sin esperar respuesta continuó-: ¡Ahí hay alguna historia terrible! Algo imposible de creer, te lo digo yo, imposible de creer. Pero ahora es mejor que vayas a hablar con ella -se despabiló y miró a Ester Hion-; lleva veintisiete años trabajando allí, en casa de la señora Rosenstein; se lo pregunté cuando vino por el asunto de la niña y de inmediato me respondió: «Todos los días, excepto sábados y festivos». Veintisiete años, ¿te imaginas?, seis días a la semana. Tuve la sensación…, te lo digo yo, de que esa sabe todo lo que hay que saber. Pero, aunque estaba aturdida, no quiso hablar conmigo. Sabe algo, pero no quiere. Es decir, es fiel a su jefa, pero tú podrías sacarle algo. Tú -una expresión pensativa y conciliadora cubrió su rostro-, ese es tu terreno. Cada uno es bueno en una cosa. Yo soy bueno en información, por eso estoy en información, tú eres bueno en interrogatorios, tendrías que haber sido psicólogo. ¿Pensaste alguna vez estudiar psicología en vez de derecho? -apretó los labios con expresión airada y se pasó la lengua por el labio superior y luego por el inferior-. Volviste a la universidad a lo tonto, tendrías que haber estudiado psicología desde el principio. ¿Qué has sacado en claro de la carrera? Ahora eres abogado. ¿Cuánto dinero puede sacar un abogado que empieza? Un psicólogo es otra cosa. Ahora necesitarás mucho dinero, por esa casa que has comprado como si fueras…