– ¿Podría ponerme en antecedentes sobre los puntos sobre los que mi socio y usted han negociado hasta ahora?
Después de una hora de negociaciones, René y ella bajaron por la escalinata de mármol, parcialmente triunfadores.
– Sólo una prórroga de siete días.-Miró a René pesarosa-. Necesitamos tres meses.
– Incluso con el anticipo de Hecht, no nos llega. Por supuesto, si los impagados saldaran sus cuentas, lo conseguiríamos.-René sonrió-. Pero tendríamos más posibilidades si compramos lotería.
Cerca de la salida de place Baudoyer, se sentaron en el banco de madre. René sacó su omnipresente ordenador portátil. Aimée dudó un momento ¿podría confiar en René?
Años después de la bomba, todavía se despertaba gritando como resultado de la misma pesadilla. Se veía reptando sobre los resbaladizos adoquines cubiertos de sandre entre los cristales rotos de la place Vendôme. Su padre le exigía enfadado que se diera prisa y compusiera sus chamuscados miembros para no llegar tarde al banquete de su premio.
– ¡Vite, Aimée, rápido!-decía su boca derretida y quemada-.¡No tengo ninguna intención de perdérmelo!
Se despertaba aterrorizada y echaba a correr por el frío y oscuro apartamento.
Solo una vez, en que había bebido demasiado Pernod, le había contado a René lo de la bomba y sus pesadillas. En este momento tenía que hablar con alguien en quien confiara.
– Necesito una caja de resonancia-dijo ella-. ¿Puedes escucharme?
El asintió y dejó sin abrir el portátil.
– Pensaba que nunca ibas a preguntármelo.
Le contó a René casi todo lo sucedido desde que Soli Hecht había entrado cojeando en su despacho. Ya le había contado su encuentro con Lili Stein.
– Me pregunto si Foborski asiste a la sinagoga del Templo de E’manuel, la que supuestamente me ha contratado-siguió hablando Aimée-. O si lo hace Abraham Stein.
– ¿Y? – díjo René-. No me imagino a Stein pidiendo a un feligrés de la sinagoga que te deniegue una prórroga en el pago de los impuestos.
– No, claro que no- dijo Aimée moviendo la cabeza-. Sólo que es extraño que Foborski no tuviera los impresos.
– Deja que te ayude.
Ella negó con la cabeza.
– Te estoy reservando para las tareas informáticas.-Sus habilidades como pirata informático eran lo mejor que ella había visto nunca, además de las suyas propias. Vio el rechazo en la miraba baja de René
– ¿Es porque soy pequeño?
– vale ya- Lo de tu tamaño lo superamos hace tiemplo. Eres mi mejor amigo.
– Y lo tuyo no es el tacto, Aimée-dijo René-. Aunque también tú seas mi mejor amiga. ¿Crees que si fuera alto podría ayudarte?
– Alors! Esto no tiene nada que ver con tu tamaño, René. El homicidio de Lili Stein no tiene que ver con nuestros habituales delitos corporativos.
.No me dejes fuera, Aimée
– Lo juré sobre la tumba de mi padre- repuso ella bajando la cabeza- Ahora ya te lo he soltado.
– juraste entregar algo a Lili Stein. Lo hiciste. Recuerda, soy cinturón negro-Le dio un codazo, orgulloso-.Y un buen apoyo
– No haces más que recordármelo-suspiró ella
– ¿Qué pasa con Soli Hecht?
– Dijo que nada de contactos
– Ven conmigo al gimnasio. Necesitas dominar todos los golpes de defensa personal posibles-
– Non merci-Le apretó la mano-. Voy a ver a Morbier. Ya tendrá el informe forense.
– ¿Qué es eso que tienes en tus uñas?
– ¿Te gusta? Se llama “decadencia urbana”. Mañana voy a una reunión de Les Blancs Nationaux
– ¿Por qué?
– Si asesinaron a Lili Stein…
– Necesitas que te cubran con esos tipos, Aimée-interrumpió él
Ella dudó Quizá no fuera una mala idea. Pero si era un montaje…Decidió que no lo expondría al peligro
– Te llamaré si te necesito.-Lo besó en las mejillas-. Presiona al contable de Eurocom, hazlo sudar. Te veo luego en el despacho.
Para ser un viernes por la tarde, la comisaría de policía parecía estar tranquila. Unas pocas mesas estaban ocupadas y la televisión atronaba con una vieja reposición de Hunter. La cabeza de Morbier apareció tras su escritorio al ver que Aimée se acercaba.
– he perdido el gancho de mis tirante-dijo, sonriendo avergonzado.
– prueba este.- Aimeé se quitó uno de los imperdibles de los vaqueros y se lo entregó-. Tengo muchos
Morbier se subió los pantalones y los sujetó con el imperdible.
– Aunque solo sea por eso, no voy a hacer ningún comentario sobre tu aspecto.-Sonrió y se sentó pesadamente en el escritorio.
Su padre habría dicho algo así.
– Verás, Morbier-comenzó ella-. Necesito un favor.
– Vale, ya sé que eres ya una gran chica-dijo él con excesiva formalidad-. Nuestra investigación permanecerá en lo estrictamente profesional-dijo guiñando un ojo.
Ella controló el impulso de hacer que se tragara el cigarrillo que le colgaba de la comisura de los labios. De repente jugaba a ser duro y a seguir todas y cada una de las reglas. Inmediatamente después se convertía en un viejo miedoso paternalista, incapaz de expresar sus sentimientos. Ella deseó que pudiera decidirse de una vez sobre el papel a jugar y que lo hiciera.
– me gustaría que me pasaras los registros telefónicos de Les Blancs Nationaux, las llamadas que han hecho y que han recibido-dijo ella-. Quiero saber con quién hablaba Rambuteau cuando yo estaba en el despacho.
– Rebobina: ¿quién es Rambuteau?
– Un nazi renacido que podría estar tendiéndome una trampa
– ¿Por qué?
Ella dudó
– Lo sabré cuando me infiltre en la reunión de Les Blancs Nationaux
Arqueó las cejas
– ¿Cómo has conseguido una invitación? No dejan entrar a cualquiera: el nivel de escoria es muy alto.
Ella se lo contó
– Quizá no debieras ir
– Ya es un poco tarde
Emitió un silbido
– Podría ser una trampa.
– Exacto. ¿Podrías conseguirme los números de teléfono?
Morbier apretó los labios
– Antes de hacer nada, sorpréndeme contándome el motivo real por el que te has mezclado en este jaleo Stein
– Quizá si creyeras en la actuación de la policía en el barrio y te hicieras amigo del rabí del Templo de E’manuel-dijo ella sintiendo cómo se le tensaban los hombros- no me habría llamado para hablar de los robos de Lili en las tiendas.- Se detuvo y se dio cuenta de que tenía que tener más cuidado: ¿Qué ocurriría si Morbier se le ocurría contactar con el rabí? Cambió el enfoque de la conversación-. Me gustaría ver el informe forense.
– A mi también-gruño Morbier-. De alguna manera, se encuentra perdido en el trayecto entre la Brigada de Investigación e Intervención, la Brigada Criminal y la Comisaría-dijo -Ya sabes, la típica rivalidad entre nuestro sistema de justicia a tres banda. Cualquiera de los otros dos preferiría dejar que alguien escapara antes de dejar que lo atrapáramos en la comisaría.
Para evitar que descargara su frustración en ella, intentó mostrarse comprensiva.
– ¿Por qué no trabajan juntas todas las ramas?-suspiró ella
– Las radios de nuestros coches patrulla ni siquiera tienen conexión entre ellas. La teoría de Napoleón sobre la división sigue evitando que nos unamos, en algún momento, para derrocar al gobierno
Ella sonrió
– Una idea interesante que explica el trabajo chapucero de la policía
– Supuestamente, los federales de la BII están llevando a cabo una operación encubierta-dijo él poniendo los ojos en blanco
Ella presentía que él se estaba calentando y lo comprobó lanzándole unos cuantos cebos en su dirección
– Por lo que a mí respecta, son todos unos payados. Pero tú nunca me has oído decir eso
– En otras palabras, que tenga cuidado con no pisar a nadie en su territorio-dijo ella.