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– Alors!-repuso Morbier-. ¡Alguien se tropieza delante de un autobús y me llamas a la comisaría! ¿Alguien ha visto como lo empujaban? ¿Qué me dices? También nos vendrían bien un criminal y un motivo. Voilà, entonces ya tienes algo.

– Solo estaba compartiendo información.-Cortó la comunicación.

No le gustaba nada todo esto. No le había gustado desde el principio. No olía nada bien, como diría su padre. Entró en la plaza asfaltada del Centro para preguntar si Soli había estado allí o si alguien había notado algo. Sobre el monumento habían sido grabados los nombres de campos de la muerte. Los miró entristecida al ver la larga lista: Auchwitz, Belzec, Bikenau, Chelmno, Revensbuck, Sobibor…Muchos lugares de los que nunca había oído hablar.

Sobre una placa apoyada debajo estaba escrito: “No olvidar nunca”. En letra negrita.

“No olvides nunca”. Eso es lo que había dicho Lili Stein a su hijo, Abraham. ¿Qué quiso decir Lili? Aimée se preguntaba si eso era lo que la había matado.

El interior del edificio de cinco pisos mezclaba la arquitectura de los años cincuenta con anónimas características de alta tecnología. Sensores de alarma último modelo y cámaras de alta definición se encaramaban en las hornacinas de mármol por encima de ella. De la pared de la austera recepción colgaba un directorio con los servicios del Centro en diferentes idiomas.

Una joven bajita con una gruesa trenza morena que le caía por la espalda de su camisa vaquera, salió a saludarla. La etiqueta rezaba “Solange Goutal. Administrativo”

– ¿En qué puedo ayudarla?- Tras las gafas sin montura sus ojos estaban hinchados

Aimée le mostró su carnet

– ¿Sabe que Soli Hecht se ha visto implicado en un accidente delante de este edificio?

– Vaya, sí-Dijo Solange. En su rostro se leía la angustia-. He hablado con él cuando salía

Aimée esperaba que no se le notara la sorpresa

– ¿Cuándo ha sido eso?

– ¿Es usted de la policía? Muéstreme su carnet de nuevo-dijo Solange.

Aimée mantuvo una sonrisa profesional. Podía ser que esta mujer fuera la última persona que había hablado con Soli antes del accidente.

– Soy detective privado. Estoy investigando el asesinato de una mujer judía cerca de aquí.

– Por supuesto, quiero ayudar, pero ¿qué relación puede haber?-dijo Solange. Sacó un mouchoir de encaje del bolsillo y se sonó ruidosamente la nariz.

– Mi trabajo consiste en eliminar las coincidencias para encontrar pistas sólidas y poder reconstruir un caso-diojo Aimée, frustrada al ver que Solange era de las curiosas.

Solange arrugó los ojos.

– Ya veo.-Pero Aimée veía que eso no era así-. Unos vándalos prendieron fuego la semana pasada a nuestra estrella de David. Les Blancs Nationaux no lo han reivindicado, pero no me sorprendería que fueran ellos.

– Es difícil saberlo- Aimée apretó los dientes, pero siguió sonriendo. Quería que esta mujer contestara sus preguntas, no que le planteara más-.Hábleme de Hecht.

Bueno, necesitaba ayuda para bajar las escaleras debido a su artritis.-Señaló la escalinata curvada de mármol-. Le he ayudado a ponerse el abrigo. Si podía, yo siempre ayudaba a Soli. Su trabajo es muy importante.-Sonrió con tristeza.

– ¿Ha visto usted el accidente?

Se sorbió la nariz intentando no llorar

– Yo estaba de espaldas, desactivando el sistema de seguridad-dijo ella-. He oído el chirrido de los frenos y luego un golpe seco. He salido corriendo, pero…-Cerró los ojos

– ¿Desactivó usted la alarma después de que saliera Soli Hecht?-dijo Aimée. No tenía sentido-. ¿Por qué?

– Cuando Soli está involucrado en algún proyecto, trabaja aquí a cualquier hora. Cerramos los viernes a mediodía para el Sabbat. Sin embargo, hoy he venido a terminar un trabajo para los actos en recuerdo de los deportados. Soli ha llamado a la oficina, así que he desactivado la alarma y lo he dejado entrar. Luego la he reactivado, pero se ha quedado muy poco tiempo. Para dejarlo salir he tenido que volver a desactivarla. Al hacerlo, se me ha olvidado desactivar el código de alarma de su oficina

– Pero yo acabo de entrar-interrumpió Aimée

– Culpa mía.-Solange movió la cabeza-.Se suponía que tenía que haber vuelto a activar el proceso. Pero es difícil acordarse

– ¿El tiene acceso especial?-preguntó Aimée

– ¡Claro!-Solange parecía sorprendida-.Soli consiguió el permiso del distrito cuarto para este solar. Su fundación conserva una oficina en el piso de arriba. Ya que los judíos vivieron y murieron en el Marais, aquí debe mostrarse su historia, tal y como él siempre dice. Pero hacía meses que no le veía. Esta semana ha sido la primera vez en mucho tiempo

Sorprendida, Aimée se dio cuenta de que esta información cuadraba si es que su reciente contacto con Lili tenía que ver son su trabajo en el Centro

– ¿En que se encontraba trabajando?- preguntó, intentando mantener su excitación a raya

– Eso es información confidencial-dijo Solange. Echó un vistazo a su reloj-. Tengo que cerrar el Centro

– ¿Hay alguien en su oficina con quien pueda hablar?-preguntó Aimée

– Solo Soli podría decirle algo de eso. Hoy no hay nadie más

¿Por qué se negaba Solange a hablar? Al parecer, habían atentado contra la vida de Soli, así que ¿por qué preocuparse por la confidencialidad?

– Solange, necesito saber algo del trabajo en el que estaba involucrado

– Ya le he dicho que es confidencial-cortó ella

Hecht había entregado cincuenta mil francos para encontrar al asesino de Lili Stein, y ahora lo habían herido. Tenía que haber alguna relación con la fundación Hecht, pero ella no podría averiguarlo si esta rastrera con trenza continuaba bloqueándole el camino

– Más vale que su director sea de más ayuda.-Se inclinó acercándose más a Solange

– Está ocupada con el homenaje a los deportados en el monumento, pero estará aquí el domingo.-Solange se echó hacia atrás hasta apoyarse contra el mostrador de madera de la recepción al que habían sacado brillo.

– Y ¿qué que pasa si Soli no llega a mañana y usted ha obstruido mi investigación? ¿Le gustaría tener eso sobre su conciencia?

A Solange le temblaba la barbilla

– No soy yo la que pone las reglas, lo siento

– Contésteme a esto-dijo Aimée cruzándose de brazos-. ¿Hizo Soli hoy algo diferente a otros días?

Solange dudó por un instante mientras se retorcía los dedos

– Su artritis reumatoide había empeorado. Tenía dolores constantes-dijo, para después suspirar-. Por eso me pareció algo extraño

– ¿Extraño?-dijo Aimée, en alerta por el cambio de tono en la voz de Solange

– Que estuviera en la parada de autobús-dijo Solange de manera inexpresiva-. Me dijo que iba a coger un taxi para ir a casa

Aimée forzó los músculos de la cara para que se mantuvieran estáticos y pudiera ocultar así su excitación. El sentimiento sospechoso que le causaba Solange se evaporó

– ¿Ha comunicado el accidente a la policía?

– ni siquiera han respondido cuando los he llamado. Me dijeron que llamara a emergencias. Es un hombre especial. No me parece justo

En el exterior, Aimée miró la apagada mancha parduzca sobre la calle adoquinada. No tenía ningún sentido que Hecht, el cual sufría de continuos dolores, esperara en la parada del autobús cuando había dicho que cogería un taxi. De alguna manera tendría que retirar la tierra que cubría toda esta maraña, adoquín por adoquín si hiciera falta.

Viernes por la tarde

– ¿Dices que Soli Hecht está en coma?-preguntó Aimée a Morbier de pie frente a su escritorio-. ¿Despertará?

– Traumatismo severo. Lesiones internas.- Morbier se encogió de hombros-. Pero no soy médico.