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El se detuvo a pensar

– El Bar Mitzvá de la hija de Ital es la semana que viene. Maman dijo algo de unos zapatos. No estoy seguro

– ¿Qué más hizo?

– Los miércoles organizaba la basura para que yo lo dejara en el patio y luego venía

Aimée estuvo a punto de que se le cayera la cucharilla. Los hombres de Morbier habían encontrado signos de forcejeo cerca de la basura

– Su madre ya había bajado al tragaluz

Stein movió la cabeza

Maman nunca entraba ahí. Se negaba

Algo se iluminó en su mente: la cercanía de la tienda de Javel, el tragaluz donde habían encontrado a su prometida, y donde ahora había restos de sangre de Lili Stein cincuenta años más tardes. Todo apuntaba a Javel

Se dispuso a explorar una fea avenida

– Monsieur Stein…

– abraham-dijo él, sonriendo por primera vez

– D’accord. Llámeme Aimée.- Esto lo ponía todo más difícil. Qué mala suerte. Le gustaba este hombre, sentía como suyo su dolor-. No se ofenda, por favor. Lamento preguntarle esto. A muchas mujeres que confraternizaron con los nazis las marcaron con esvásticas sobre la frente después de la liberación. ¿Podría existir alguna relación?

Abraham suspiró

– Yo también he oído eso. Pero está claro que maman no era una colaboracionista. Más bien al contrario, los señalaba con el dedo, tal y como me contó una vez

Entrecerró los ojos con dolor y escondió el rostro entre sus manos. Aimée se acercó a él y le acarició el brazo. Esperó hasta que dejó de temblar y le dio una servilleta

Escolares riéndose por nada pasaban volando por la calle empedrada y dejaban atrás la terraza casi vacía. Buscó dentro de su mochila y sacó lo primero que tocó con la mano. Era una attugada copia de The Hebrew Times en la que había envuelto el abrigo de Lili Stein

Contuvo la respiración. En una caligrafía angulosa estaba escrito “Cochon assasin” (cerdo asesino) sobre una pequeña fotografía y el artículo que la acompañaba. Alisó el periódico. En ese escrito habían resaltado a los políticos y a los ministros con gruesas líneas de color rojo. Aimée no podía distinguir las caras, pero sí los nombres

Le dio el periódico

– Su madre escribió esto, ¿no?

– Ah, sí. Maman despotricó sobre ello una noche. Un nazi mentiroso que se pavoneaba con sus botas negras: lo sabía todo sobre él. Siguió hablando así, pero cuando le pregunté los detalles, se calló. Se negó a hablar de ello. No era fácil tratar con maman-sonrió-. Pero la familia es la familia, ya sabe.

Aimée sonrió como si lo supiera, pero no

El continuó hablando

– La semana pasada, Sinta se dio cuenta de que maman salía mucho.-Abraham hizo una pausa para beber agua mineral-. Sinta recuerda que dijo que los fantasmas ya no la iban a hacer echarse atrás.- Hizo una nueva pausa, como si dudara

– Siga, abraham.-Se preguntaba de qué tenía miedo

– Antes dudaba de usted, Aimée.-El bajó la mirada-.Echele la culpa a mi anticuada forma de pensar sobre las mujeres. Pero ahora, haga bien o mal, estoy preocupado por usted.

La conmovió esta preocupación y no supo que decir

Abraham hablaba en un tono de voz mesurado

– Las últimas palabras que recuerdo que maman dijo fueron que iría a donde Ital un poco más tarde, como si esperara algo

Aimée sintió un conflicto en su interior, ya que quería decirle a Abraham que su madre la esperaba a ella. Pero si lo hacía, eso podía poner a Abraham en peligro sin que se acercara al asesino de Lili

Abraham siguió hablando

– Luego maman dijo que esa noche yo tenía que retirar los tablones de su ventana

Ella se incorporó en la silla

– Y ¿qué quiso decir con eso, Abraham?

– No lo sé-dijo él

– Está claro que le sorprendió como algo extraño-dijo ella- ¿Qué cree que quiso decir?

– Con maman nunca se sabía…, pero puede que se sintiera culpable

– ¿Culpable? ¿De qué?

– Es solo una sensación que tengo-dijo-, sin un fundamento concreto, parecía molesto

– Tengo que volver.-Dejó caer unos francos en la mesa y marchó deprisa. Ella se levantó sintiéndose más confundida que antes y volvió a poner el periódico doblado con cuidado dentro de la mochila. ¿Qué tenía que ver la ventana condenada con la foto que ella había descifrado?

Aimée se detuvo en el quiosco de la esquina cerca de su despacho en al rue du Louvre. Maurice, el dueño, la saludó con la cabeza. Tenía bigotillo y brillantes ojos de gorrión.

– ¿Lo de siempre?-dijo

Ella sonrió y puso unos francos sobre un grueso montón de periódicos

Era veterano de la guerra de Argelia y gestionaba varios quioscos, pero eso no impedía que no le importara ocuparse de Miles Davis ocasionalmente

Ella tomó el periódico y subió los escalones altos y gastados que conducían hasta su piso. Mientras subía se preguntaba por qué Lili tenía que sentirse culpable por el asesinato de Arlette que supuestamente ni siquiera había visto. Y, si había reconocido a un viejo nazi, ¿por qué no había hablado de él?

De vuelta a la oficina, entró en su ordenador y en el de René. Sabía dónde tenía que mirar. Los archivos que no habían sido destruidos por los alemanes habían sido centralizados. Desde el terminal de René accedió al Memorial yad Vashem en Jerusalén y descargó el fichero R.R.SS, Sicherheits-dienst memorandum 1942-45. Mientras los documentos se mostraban, los gruesos rayos negros, símbolo de la Gestapo, adornaban la pantalla del ordenador.

En su terminal, eludió un enlace de rastreo y descargó Grouper y realizó una búsqueda con el término: Griffe, Hartmuth, el nombre bajo la fotografía del periódico sobre la que Lili había escrito. Una agradable voz robótica y digitalizada dijo que el tiempo estimado de descarga era de cuatro minutos y veinte segundo.

La pantalla de René mostraba un lago informe en alemán titulado Nachtrichten-Nebermittlung y fechado el 21 de agosto de 1942. A pesar de sus rudimentarios conocimientos de alemán, podía hacerse una idea general del tema. Dirigido a Adolf Euchmann en Berlín, el tema del informe era “Abtrasport von Juden aus frankreich nach Auschwitz”, El transporte de los judíos franceses a Auschwitz). Según la aproximada traducción de Aimée, en octubre no se había realizado provisión alguna para el traslado de los judíos a Auschwitz y el jefe de la Gestapo preguntaba a Eichmann por lo que debía hacer.

Vaya, aquí tenemos a un ferviente nazi, pensó.

En agosto ya estaba preocupado por el hecho de conseguir suficiente gente para las cámaras de gas en octubre. Un pelota de Adolf, probablemente se quedaba despierto por la noche preocupándose por la posibilidad de tener hornos vacíos. El informe lo firmaba R.a. Rausch, Obersturmführer. Otras dos firmas, las de K. Oblath y H. Volpe aparecían como subordinados Si-Po, sicherheitspolizei und Sicherheitsdienst, responsables de las redadas contra los judíos.

De vuelta a su terminal, comprobó la existencia de una respuesta a su búsqueda en el Grouper. Tras un zumbido, se escuchó una versión reggae de 2001: Una odisea en el espacio. Parecía ser que hoy el acceso a Grouper llegaba vía servidor ecléctico. Viejos informes de guerra soviéticos alumbraron la pantalla. Recorrió los nombres de los tres de la Gestapo que encontró: Rausch, Oblath y Volpe. Todos aparecían como fallecidos. Qué extraño.

Siguió buscando y los encontró a todos ellos como muertos en la batalla de Stalingrado de 1943. Aimée se preguntó por que enviarían en 1943 al frente a Rausch, el jefe de la Gestapo

Comprobó otros memorandos del archivo. Rausch todavía firmaba informes que deportaban a judíos de París en 1944, pero había aparecido en las listas de fallecidos en 1943. Aimée se incorporó en el asiento y dejó escapar un silbido.