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– Todo empezó con ese maldito salmón en conserva

– ¿Qué quiere decir?-preguntó sorprendida

– Estaba metido en el armario de su ropa. Por todos los sitios-dijo él

– ¿Mercado negro?

Javel se volvió y alcanzó su copa. Ella le sirvió otra despacio. Las palabras de Rachel Blum daban vueltas en su cabeza

– Arlette vendía comida del mercado negro. Era una BOF, ¿verdad?-dijo

El levantó la mirada aturdido

– Hace años que no oigo esa palabra- suspiró-. Pasó gasolina, relojes, hasta medias de seda. Yo le dijo a Arlette que era demasiado peligroso

– ¿Le ayudaba Lili?-dijo ella

La saliva formaba burbujas en las comisuras de sus labios

– ¿Dónde estaba Lili? ¿La vio usted?

– Intenté disculparme-dijo encogiéndose de hombros-, pero había tantas huellas de sangre… Por todos los sitios

– ¿Por qué tenía usted que lamentar algo? ¿Discutieron usted y Arlette?

El asintió

– ¿Subían las huellas escaleras arriba?-preguntó Aimée-. ¿Pensó usted que eran de Lili?

Enarcó las cejas

– Javeclass="underline" Lili vio lo que ocurrió ¿Por qué no se lo preguntó?

El movió la cabeza

– Había desaparecido. Había muchas huellas junto al fregadero

– ¿Lili no estaba allí? ¿Estaría escondida en algún sitio?

Entrecerró los ojos hasta formar pequeñas ranuras. Aimée tenía miedo de que estuviera a punto de desmayarse. Tomó un trago de Pernod para combatir el persistente olor a amoníaco de la arena para el gato

– Javel-dijo con voz sonora y cansada-, dígame por qué

– Se lo dijo al inspector.- Hablaba con mayor lucidez, sin ser consciente de las lágrimas que recorrián sus pómulos formando finas líneas de plata- Me golpearon con saña en la Double Mort. Me llamaron inválido. Dije que no podía levantarme y se rieron de mí. El primer inspector mostraba demasiado interés por un estraperlista colaboracionista.

– ¿Cómo se llamaba?-preguntó Aimée

– lartigue. Dicen que lo atropelló un camión nazi accidentalmente

– Lili sabía quién mató a Arlette, ¿no es así?-dijo ella

Empujó la copa vacía hacia ella y Aimée le sirvió más Pernod con un generoso chorro de agua

– Rachel dijo que Lili lo sabía-dijo Aimée-. Vamos, Javel, ¿quién más podría saberlo?

El se encogió de hombros y se inclinó hacia adelante

– Esa colaboracionista judía que se acostaba con un boche (asno)-susurró achicando los ojos-. Con su bebé bastardo.-Hundió los hombros-. Tenían los mismos ojos.

¿De quién hablaba?

– ¡Unos ojos demasiado azules para un judío!-repuso él

– ¿Cuándo la vio por última vez?-preguntó Aimée interesada

Su cabeza aterrizó pesadamente sobre la mesa. Se había desmayado. Cuando se puso a roncar, Aimée le arropó con la manta de ganchillo. Puso leche en un cuenco para el gato ausente, aclaró las copas en el mugriento fregadero y cerró la puerta tras ella sin hacer ruido.

Lunes por la noche

Le Renard, “el zorro”, era una reliquia de Les Halles de los cincuenta. De alguna manera se había escapado de la grúa y de la excavadora que habían campado a sus anchas en la rue du Bourg Tibourg cuando arrasaron el viejo mercado central de Les Halles. Allí, Violette y Georges servían su famosa soupe à l’oignon gratinée a las cinco de la mañana para los pocos pescaderos que aún ejercían su oficio en las cercanías.

Aimée había quedado en encontrarse con Morbier en ese lugar. Después de la información de Javel, contaba con conseguir la aprobación de Morbier para poner en marcha su plan.

Aimée había quedado en encontrarse con Morbier en ese lugar. Después de la información de Javel, contaba con conseguir la aprobación de Morbier para poner en marcha su plan

Penetró en la neblina formada por el humo de los cigarros y las sonoras carcajadas. Georges le guiño un ojo cuando se alisó el vestido negro, acomodó los dedos de los pies en el interior de sus zapatos negros de tacón y se ajustó el único collar de perlas bueno que tenía. Se deslizó al otro lado de la esquina de la barra para besarlo en las mejillas.

– ¡Eh! ¿Dónde has estado? El fisgoneo te ha mantenido demasiado ocupada como para darle a la lengua con los viejos flics?-bromeó Georges con cara seria

– En algún momento tenía que elevar mi nivel, Georges. Mi reputación estaba siendo mancillada- respondió ella con afecto

Morbier se encaramó junto a la barra mientras rebuscaba en los bolsillos del pantalón. Encontró un paquete vacío de Gauloises, estrujó el celofán y buscó en el abrigo

– ¿Hay alguna posibilidad de que este y yo recibamos algo de la cassoulet de Violette? Mientras hablaba dio un codazo a Morbier

– Voy a ver -dijo Georges con una sonrisa

Aimée se dirigió a Morbier

– Yo invito.-El fingió indiferencia

– ¿Y eso?

– Paga la empresa-dijo ella-. Bajo compra de información

El se rió y encendió un Gauloise sin filtro

Se abrieron paso hacia un reservado con asientos de ajado cuero marrón. Sucio pero cómodo, se trataba de una guarida de policías, con buena comida. Varias personas más de la comisaría inclinaron la cabeza y levantaron sus vasos de vino tinto a modo de burlón saludo cuando pasaron. Ella reconoció a algunos de la época de su padre. Una mesa de hombres con traje de raya diplomática discutía animadamente mientras sorbían el plato característico de George. Banqueros, agentes de bolsa, incluso algún que otro diseñador de moda famoso,se dejarìa caer por aqu… Muchas veces, Aimée había visto el Renault con chofer del primer ministro fuera, mientras {el entraba a comer algo. Así de bueno era

– No hay nada sobre el informe forense. La ficha de Lili Stein ha desaparecido.-Cortó un pedazo de crujiente baguette

– Necesito saber cuándo la mataron

– ¿Estás formulando una teoría que yo debiera conocer?

– Es solo una teorá-dijo Aimée

– ¿Cómo qué?-Levantó el borde del mantel y se limpió el bigote. Ella frunció el ceño y le tiró una servilleta de lino

– Nada apunta directamente a Les Blancs Nationaux. Las esvásticas que ví en la reunión, eran diferentes de la que había en…-Aimée hizo una pausa. Recordó las líneas carentes de sangre grabadas sobre la frente de Lili y escuchó la anodina voz del video sobre Auschwitz. Sintió que la invadía la ira

– ¿Ocurre algo?-dijo él

Ella se contuvo. La ira no le conduciría a ningún sitio

– No. El ataque más próximo, que aparecía en los videos que cogí prestados era quemar una estrella de David delante del Centro Judío

Solange Goutal, la recepcionista del Centro Judío, lo había adivinado

– ¿Qué cogiste prestados?- dijo él

Después de ver los videos, le alivió ver que Les Blancs Nationaux no habían grabado el asesinato de Lili. Pero eso no quería decir que no lo hubieran hecho. Solo que no había encontrado la cinta, si es que existía. No solo se ha acostado con Yves, sino que en lo más profundo de su ser, quería volver a hacerlo

– Como de una biblioteca-dijo ella. Todavía le dolía la espalda como si la hubieran pasado por encima grandes troncos rodando.

Morbier soltó un bufido

– Lo único que sé seguro es que son unos morbosos inadaptados-dijo él

– Inadaptados. Qué pintoresco-asintió Morbier-. Se imaginaron que eras un topo, y no están seguros de para quién

– Me apellido “misterio”, Morbier-repuso ella-. ¿Pillasteis a alguien en el control de alcoholemia?

– Cogimos a una de esas cucarachas por violación de la condicional. Eso es todo-dijo él

– Por lo menos no destruyeron una sinagoga a golpes-No hay duda de que los has hecho salir de su escondrijo, Leduc

Justo en ese momento apareció Georges con dos humeantes platos de soupe a l’oignon gratinée de fragante olor. Grandes y gruesos trozos de queso a medio fundir, colocados sobre un trozo de baguete, flotaban perezosamente en el centro. Desde hacía muchísimos años, esos enormes cuencos azules habían alimentado al amanecer a carniceros, pescadores, vendedores de verduras, de queso y de frutas.