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La mañana del miércoles anterior, el día en el que asesinaron a Lili, la tarjeta mostraba un pago por gasolina en la autopista A2 cerca de Amberes, en Bélgica. Le daba tiempo a conducir hasta París a última hora de la tarde. Repasó el resto con el cursor y estaba a punto de rendirse, cuando solo por asegurarse comprobó la actividad de su pasaporte. Ahí estaba. Entrada en Estambul, Turquía, el sábado de hacía una semana y no existía registro de la vuelta. Aunque la mayoría de los países no sellaban el pasaporte al partir, pensó que no había duda sobre por qué estaba bronceado la primera vez que lo vio en las oficinas de Les Blancs Nationaux. También se podía tratar de una posible coartada.

Tomó un trago de la botella de agua y llamó a Martine en Le Figaro.

Martine la hizo esperar un momento y se dirigió a ella por teléfono

– Esto es lo que he encontrado. Como si de una pieza de relojería se tratara, todos los meses se produce un ingreso en la cuenta de la DFU. Es decir, la Deutsche Freiheit Union, los fascistas que hacen salir a los turcos de sus casas incendiándolas. ¿Por qué estás investigando a este tipo? Solo es curiosidad

– Es sospechoso del asesinato de una mujer judía-replicó Aimée.

– Deja que lo adivine-Martine bostezó-. En realidad es judío

Aimée se atragantó y casi deja caer la botella de agua

– Es un punto de vista irónico en el que yo no había pensado

Ahora Martine se encontraba despierta.

– ¿De veras? Solo estaba bromeando; le daría una excusa para sentirse jodido

– ¿Tanto como para estrangular a una mujer y grabarle una esvástica en la frente?-dijo Aimée

– ¡Dios! Me lo contó Giles, está en su reportaje de la edición vespertina del domingo. ¿Crees que los hizo?

– Martine: esto es entre tú y yo. Nada de Giles-dijo Aimée con rotundidad. Mientras hablaba tecleó el nombre de Claude Rambuteau en el ordenador-. ¿Por qué iba el padre de Thierry…?

– Un momento, Aimée. ¿Quién es su padre?

– Según la solicitud de Thierry para American Express, su padre es Claude Rambuteau-dijo al tiempo que descargaba la información desde su pantalla.

– ¿Te preguntabas por qué iba a tener una cuenta conjunta con su hijo Thierry y por qué iba a recibir dinero de la DFU?-preguntó Martine

– Por ahí iba, si-dijo Aimée-. Mejor voy y se lo pregunto

La lluvia salpicaba sobre los adoquines mientras Aimée corría hacia el número doce. Pulsó el portero automático junto al nombre borroso de Rambuteau, se ajustó la falda larga de lana y se remetió el pelo peinado con pinchos debajo de una boina de lana a conjunto.

Se materializó la silueta de una figura más bien pequeña, recostada contra la puerta de cristal esmerilado. Un hombre fuerte, bajito, con pelo cano, gafas oscuras y vestido con un moderno chándal, entreabrió la puerta

– ¿Sí?- Permanecía parcialmente entre las sombras de la puerta

– Soy Aimée Leduc, de Leduc Investigation-dijo entregándole su tarjeta-. Me gustaría hablar con Thierry Rambuteau

– No está, no vive aquí, ¿sabe?-dijo el hombre. Ya lo había cogido en una mentira

– ¿Puedo entrar un minuto?-dijo sin alterar la voz. Tenía la boina empapada

– ¿Hay algún problema?-dijo

– No exactamente. Estoy trabajado en un caso y…

– ¿De qué va todo esto?-la interrumpió él

– A Lili Stein, una anciana judía, la asesinaron cerca de aquí. Una sinagoga local ha contratado mis servicios.-Ella echó un vistazo hacia el interior del pasillo. Del perchero del vestíbulo colgaba un abrigo militar de cuero negro-. Ese abrigo es de su hijo, ¿verdad? Deje que hable con él.

El negó con la cabeza

– No está. Ya se lo he dicho

– Me gustaría aclarar algunas cuestiones, Monsieur Rambuteau. Usted puede ayudarme.- Se acercó a él-. Me estoy mojando terriblemente y le prometo que me marcharé después de hablar con usted.

– Solo un momento-dijo él encogiéndose de hombros.

Echó a andar por delante de ella, arrastrando los pies y la condujo al interior de un comedor de diario inmaculadamente limpio. Sobre una larga mesa con tablero de melanina se encontraba dispuesto un único servicio. Junto a una bandeja con dibujos de girasoles, taza y platillo a juego y un vaso de vino vacío, había frascos de píldoras multicolores. El aroma de unas rosas amarillas emanaba de un jarrón envuelto en plástico de burbujas junto a la ventana.

El hombre le indicó con un gesto que se sentara en un sofá al lado de la ventana. Se inclinó hacia adelante y se quitó las gafas oscuras. Desde la cocina le llegaba el monótono tictac del reloj. Montones de papeles y una caja de cartón llena de recortes de prensa amarillentos se extendían por el suelo.

Aimée abrió su mojada mochila y sacó una libreta empapada

– En este papel mojado se correrá la tinta. ¿Le importaría que le pida un poco de papel seco?-dijo Aimée apurada

Monsieur Rambuteau dudó un momento

– Encima de esos montones tendrá que haber algún folio. Estaba escribiendo una lista- señaló

– Merci.- Se estiró para llegar a la pila más cercana. El folio vacío estaba sobre ella. Lo cogió junto con una carpeta para apoyarlo

El retorcía nervioso los nudillos de su dedo anular

– ¿Está usted investigando al grupo de Les Blancs Nationaux?- Su voz o ocultaba una nota de angustia

– Estoy explorando todas las posibilidades-replicó Aimée con calma

Rambuteau dejó escapar un suspiro y descansó las palmas sobre la inmaculada mesa blanca situada frente a Aimée

– Mi mujer acaba de fallecer.-Señaló una fotografía en un marco de plata situada sobre una alacena con el frente de cristal-. Debo ir al Père-Lachaise; hoy es su funeral

– Lo siento mucho, Monsieur Rambuteau-dijo ella

En la foto, una mujer con delgadas cejas perfiladas, vestida con pantalones brillantes de cuero y un jersey con pedrería, aparecía con un corte de pelo tipo casquete. Sus ojos aparentaban sorpresa, lo cual Aimée atribuyó a un lifting.

– Son sus cosas-dijo él señalando los montones de papeles

– Sé que no es un buen momento, así que seré breve-dijo ella-. ¿Conocía su hijo a Lili Stein?

– A veces mi hijo se deja llevar. ¿Se trata de eso?-dijo

– Se lo diré de otra manera, Monsieur Rambuteau: su casa no está lejos de la tienda de la víctima en la rue des Rosiers. ¿Conocía Thierry a Lili Stein?

– Yo no sé si la conocía o no. Pero lo dudo

– ¿Por qué lo dice?-dijo Aimée

– No podía, digamos, tener contacto con los judíos-dijo Monsieur Rambuteau

– ¿Podría llevar sus sentimientos hasta el extremo?

Monsieur Rambuteau desvió la mirada sobresaltado

– No. Nunca. Le he dicho que puede dejarse llevar, pero eso es todo. Es culpa mía, en realidad. Yo lo he animado. Bueno, al principio me alegré de que se metiera en política. Una buena causa

Obviamente, de casta le venía al galgo. Aimée se esforzó por hablar en un tono neutro

– En su opinión, ¿una buena causa incluye grupos a favor de la supremacía aria?

– Yo no he dicho esos-dijo con un carraspeo-. Al principio, Thierry y yo hablábamos sobre su ideología. Hay algunos puntos de su programa, se esté o no de acuerdo, que tienen sentido. Está claro que no disculpo la violencia, pero, que yo sepa, Thierry no ha tenido nada que ver con ellos últimamente. Su campo es la filmación.

– ¿Diría usted, Monsieur Rambuteau, que la educación de su hijo se produjo en un ambiente políticamente conservador?-dijo

El enarcó las cejas y se encogió de hombros

– Digamos que servimos le sucre à droite, y no à gauche.