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Monsieur Rambuteau no contestó

Monsieur Rambuteau permaneció en silencio de regreso a su casa en el interior del Porsche de Thierry. Luego habló con voz extraña

– Cierra nuestra cuenta conjunta, Thierry. Llevaba un tiempo intentando decírtelo-dijo-. Es más seguro si das salida a los fondos de otra manera

– ¿Por qué, papá?-preguntó Thierry

– Nunca se es demasiado precavido-dijo monsieur Rambuteau. Su tono de voz cambió-. ¿Te acuerdas de cuando dábamos de comer migas a las palomas en la place des Vosgues?

A Thierry le conmovió la dulzura en la voz de su padre

– Pero eso ocurrió hace mucho tiempo, papá. Yo era un niño pequeño.

– Te encantaba hacerlo. Todas las noches, después de cenar, me suplicabas que te llevara-dijo-. Me decías que eras el niño más felíz del mundo cuando esparcías migas de pan cerca de la estatua a caballo de Luis XIII

Thierry sonrió

– Hacía años que no pensaba en eso. ¿Qué ha hecho…?

Monsieur Rambuteau se había cubierto el rostro con las manos. Le temblaban los hombros

– Papá, ¿qué ocurre?-Thierry se acercó a él y le dio unas palmaditas en el hombro-. Volveremos a vivir tiempos felices.-Se refería a las frecuentes curas de recuperación contra el alcoholismo que su madre había pasado en la clínica suiza.

Claude Rambuteau asintió con la cabeza y se frotó los ojos

– Thierry, busca un sobre azul cerca de la fotorgrafía de maman.

Thierry lo miró curioso mientras su padre se dejaba caer en el asiento del copiloto

– En el cuarto de estar, ¡no lo olvides!-Ahora monsieur Rambuteau jadeaba

“Hijo mío-gorjeó mientras Thierry detenía el coche y se hacía a un lado

Thierry rebuscaba frenético en el interior de los bolsillos de su padre

– ¡Claro, no te preocupes…! ¡Papá!-gritó Thierry

Pero Claude no podía oírlo mientras Thierry aceleraba a través de las calles medio vacías hacia la entrada de urgencias del hospital St. Catherine.

Miércoles por la tarde

Aimée se cambió de ropa y se puso unos pantalones de lana bien planchados y un impecable cardigan de cachemira. Se anudó al cuello el fular de seda de Hermés, otro de los tesoros que había encontrado en el rastro. Tomó más aspirinas a la vez con una generosa dosis de Ricard- La cabeza le ardía pero el hielo había evitado una hinchazón importante. El viejo latido había remitido y si volvía, bebería más vermut. A la vuelta de la esquina de su casa, se subió al autobús que llevaba al Palais Royal.

El bufete del notaire Maurice Barrault estaba situado a pie de calle en lo que una vez había sido un Hôtel particulier en la rue du Temple. Renovado probablemente durante los setenta, habían dividido el salón de altos techos para realizar despachos. Tal y como Aimée percibió con desagrado, se había perdido la mayor parte del encanto, pero no las corrientes de aire.

– Monsieur Barrault está reunido-le informó una cortante voz de secretaria detrás de una montura metálica de diseño.

– ¡Vaya! ¿Qué hago?-suspiró Aimée-. Se supone que van a leer hoy el testamento de mi tía. ¡Tiene que ser hoy!

– Lo siento. ¿Quiere que le dé otra cita?-La secretaria apartó unos ficheros a un lado del escritorio y sacó un dietario

Aimée se pasó los dedos por la peluca de lacio y largo cabello negro

– Pero tengo un billete para el TGV a Burdeos para dentro de dos horas

Captó con la mirada las fotos de bebé enmarcadas que adornaban la mesa de la secretaria. Los franceses adoraban a los niños y les demostraban excesivo cariño y atenciones

– ¡Mi bebé de un añito ha cogido difteria! El médico teme que se complique con neumonía

La mirada de preocupación de la secretaria asomaba detrás de sus gafas de metal

– Entiendo. Dígame su nombre, por favor-dijo

– Céline Rambuteau-dijo-. Nathali Rambuteau era mi tía

– Veré si puedo hacer algo.-La secretaria dio unos golpecitos a la silla junto a su mesa y en su voz se precibía ternura-. Calmez-vouz.

La secretaria desapareció tras un tabique de madera. Aimée oyó que se abría una puerta y luego un chasquido al cerrarse. Se levantó rápidamente y echó un rápido vistazo al fichero con alrededor de quince expedientes legales apilados junto a ellos con la etiqueta “Para transcribir”, al tiempo que echaba pestes. El testamento se encontraba probablemente justo sobre la mesa del abogado y nunca podría echarle un vistazo.

Vio que colgaban unos ficheros del cajón abierto de la secretaría. Bajo el fichero “Archivar en la sección para trámite de declaración de herederos”, había una carpeta a la que no habían empujado lo suficiente. La miró furtivamente y se sobresaltó excitada. En el centro había una ficha con la etiqueta “Nathalie Rambuteau”.

Junto a ella el teléfono sonó ruidosamente sobre la mesa. Ella dio un bote. La luz roja parpadeaba. No iba a tener tiempo de sacar la ficha de Nathalie Rambuteau. Le temblaban las manos. Sabía que la secretaria estaría de camino para contestar.

De repente, la luz dejó de parpadear y se apagó. Aimée tomó aire. Extrajo con destreza la ficha, tiró de la cubierta y echó un rápido vistazo a las hojas. Pasó las páginas rápidamente, buscando algo que tuviera que ver con Thierry. Escrituras y material legal. Nada sobre Thierry. Escuchó que se cerraba una puerta y unos tacones, tras el tabique de madera. ¿Qué historia le había hecho creer Rambuteau? ¿Había mentido para extraviarla de la verdadera pista?

Grapado en la parte trasera del testamento había un sobre con las letras “Thierry Rambuteau” escritas en caligrafía afilada. Aimée tosió para ocultar el ruido que hizo al desprenderlo y deslizarlo en su bolsillo. Al mismo tiempo que la secretaria doblaba la esquina del tabique, Aimée dejó caer el testamento en la carpeta que colgaba.

– me temo que se ha producido una complicación, madame Rambuteau.-La secretaria parecía preocupada-.El testamento de su tía tiene que ser validado legalmente

– Pero ¿por qué?-dijo Aimée

– Monsieur Barrault quería habérselo dicho, pero, por desgracia, está reunido. Le llamará más tarde

– ¿Qué tiene que ser validado?-Aimée enarcó las cejas

– Mis disculpas si todo esto le resulta inesperado…-comenzó a hablar la secretaria

– Lo que no me parece es profesional.-Aimée se levantó, se ajustó el pañuelo de seda y se dirigió a la puerta-.Necesito una explicación

La secretaria le obstruyó el paso, pero evadió su mirada

– Monsieur Barrault está reunido con un vicepresidente del Banco de Francia. Le llamará en cuanto acabe y se lo explicará

Aimée estuvo a punto de montar una escena y empujar las altas puertas de roble, pero se detuvo. Se le encendió la luz de por qué un testamento necesitaba validarse.

– Mi tío ha muerto, ¿verdad?

Loa ojos de la mujer iban de un lado a otro nerviosos y luego asintió

– Lo siento, monsieur Rambuteau ha sufrido un infarto después del funeral. Ahora se bloquea la lectura del testamento hasta que las propiedades de su tío sean sometidas a un procedimiento sucesorio

Aimée volvió a sentarse, conmocionada

– Siento que se haya enterado por mí.-La secretaria se inclinó y le acarició el brazo. Tenía una mirada amable-. Lo siento de veras.-La mujer interpretó que la sorpresa de Aimée se debía al dolor

– ¿Un infarto?-Aimée movió la cabeza de un lado a otro

– Justo después del funeral, cuando volvía a casa. ¡Y justo acaba usted de verlo en el cementerio! ¡Menudo susto!

– Y mi pobre primo, Thierry… ¡Tengo que ir con él!-Ahora más que nunca, tenía que descubrir la identidad de Thierry

La secretaria elevó las manos

– Por favor, no deje que monsieur Barrault se entere de que se lo he dicho. Mi trabajo…