Hartmuth solo los miraba con atención
– Por favor, vuelva a ponerse la camisa: hace mucho frío aquí fuera-dijo Aimée. Ya lo tenía. Necesitaba tiempo para comprobar si estos hombros concordaban, pero después de leer la carta de Sarah sabía que lo harían
Thierry miraba a Hartmuth fijamente
– ¿Quién eres y qué quieres?-preguntó Hartmuth. Su mirada era fría
– No sé lo que quiero-dijo Thierry
Aimée dio un paso adelante
– Es su hijo
Hartmuth abrió unos ojos como platos, mudo por la sorpresa
– No lo entiendo-comenzó Hartmuth-. ¿No s-será una br-broma?
– Más bien un estrambótico tiro por la culata. Mancillando, en el sentido ario-Thierry dejó escapar una amarga risa
– Pretendes que…
– Monsieur Griffe, si es que ese es su nombre, quiero respuesta-dijo Aimée-. Siéntese
Thierry lo forzó a sentarse en el banco. Su mirada nunca abandonaba el rostro de Hartmuth
Hartmuth movía la cabeza hacia delante y hacia atrás sin dejar de mirar a Thierry
– ¿Qué descabellada idea estáis intentando demostrar?
– Tenía que asegurarme de que usted perteneció a las SS-dijo ella
– Mi expediente está limpio-repuso Hartmuth-. ¡Esto es absurdo!
Aimée le lanzó la hoja de papel azul descolorido cubierta con la caligrafía angulosa
– ¿No le había prometido que tendría algo interesante que leer?-dijo-. Lea esto
Hartmuth lo leyó despacio. Su labio inferior titubeó una sola vez. Volvió a leer la carta sin moverse
– ¿Quién te ha dado esto?-preguntó Thierry
– Su madre adoptiva lo dejó para que fuera leído con su testamento
– Pero ¿por qué habéis venido a mi?-Le tembalaban las manos al volver a abrocharse el abrigo de cachemira
– Díganoslo usted-dijo ella
Thierry, con los brazos cruzados, miraba a Hartmuth con atención. El único sonido les llegaba del roce de la gravilla cuando Thierry cruzaba las piernas una y otra vez. En algún lugar del Marais, se escuchó doblar una campana, sonoro bajo el aire helado. Hartmuth permanecía mudo, casi paralizado.
– Tuvo que asesinar a Lili Stein porque le reconoció-dijo Aimée-. ¡De la época en la que usted detuvo a su familia y a todos los judíos del Marais!
Hartmuth se levantó
– Voy a llamar a un guardia
Aimée lo cogió del brazo
– Cincuenta años más tarde, Lili ve su foto en un periódico y sabe quién es
– ¡Te lo estás inventando todo!-dijo él
– Lili no pudo olvidar su rostro. Usted tiró la puerta abajo y sacó a sus padres a rastras de la cama
– Ya l-le he d-dicho q-que no fue así-tartamudeo Hartmuth
Ella se dio cuenta de cómo apretaba y aflojaba los puños
– Accidentalmente, le reconoció en el callejón detrás de su hotel.-Aimée acercó su cara a la de él y al hacerlo lo empujó hacia atrás-. O puede que le siguiera la pista. Ella grita “Carnicero nazi”y “Asesino”. Quizá trata de atacarle, se asusta y se escapa. Pero usted la sigue y tiene que mantenerla callada igual que a la portera. Mantener su pasado oculto
– S-solo la vi una vez-dijo él
Aimée se quedó helada. Así que era verdad. La idea que había esbozado era la correcta
– En 1943. La seguí hasta su apartamento-dijo. Sus ojos se empañaron
– Cuénteme qué ocurrió-dijo Aimée
– Tenía miedo de que Lili pasara información-dijo él-. Seguirían el rastro hasta mí. Pero encontré a la portera, molida a palos
Aimée sintió un escalofrío.
Las huellas de sangre bajo el fregadero eran suyas-dijo señalando sus manos-. Esos guantes ocultan sus huellas dactilares, y evitan que nadie descubra quién es usted. ¡Usted es el lacayo de la Gestapo que no podía hacer que llegaran a los hornos todo lo rápido que Eichmann deseaba!
Hartmuth se desprendió despacio de sus guantes de cabritilla y mostró sus manos llenas de cicatrices en el aire frío. La arrugada carne se contraía formando extraños dibujos sobre sus palmas ajadas. Los dos últimos dedos de la mano izquierda eran muñones
Cortesía de los campos de petróleo de Siberia, mademoiselle.
Aimée desvió la mirada, incapaz de ocultar sus sentimientos. La quemadura de la palma de su mano parecía pequeña en comparación con su deformidad.
– ¡Pero eran las huellas de sus botas!-insistió-. Lavó sus botas en el fregadero, ¿no?
Un breve silencio. El bajó la mirada
Después de lo que ocurrió, sí. Regresé
– ¿Regresó?-dijo ella
– Sabía que sería fácil sobornar a la portera. Pero era demasiado tarde.
– ¿Quién la mató?-preguntó Aimée
– Vi como Lili saltaba por la ventana, sobre el tejado y se escapaba. Yo solo protegía a Sarah
– Protegía a Sarah… ¿Igual que tachó su nombre en las páginas de los convoyes, y luego añadió la “A” para que pareciera que había sido enviada a Auschwitz?-dijo ella
– ¿Quién eres?-exigió Hartmuth
Thierry estaba sentado inclinado hacia adelante, estudiando a este hombre.
Sus ojos no abandonaban el rostro de Hartmuth
Ella ignoró la pregunta
– Sarah está en peligro-dijo él con voz temblorosa-. No sé cómo ayudarla
– Ella ignoró la pregunta
– Sarah está en peligro-dijo él con voz temblorosa-. No sé cómo ayudarla
– Ella conocía a Lili Stein
Un suspiro
– Sí
– ¿Mató a Lili como venganza porque a ella la desfiguraron durante la liberación?
– N-no-gritó
– ¿No sigue siendo simpatizante de Alemania después de haber sido colaboracionista y de haberse acostado con usted?
– N-no, eso n-no es así. Tienes que encontrarla. Antes de que lo hagan ellos-dijo Hartmuth elevando la voz
Aimée se mostró sorprendida
– ¿Quién?
– Los del Gobierno alemán…-dijo bajando la cabeza
– ¿Por qué iba a creerle? Usted estuvo en la Gestapo. Nunca tendré suficientes pruebas para juzgarle por crímenes de guerra. Los Hombres Lobo borraron su pasado, hicieron resucitar una identidad nueva a partir de un hombre muerto. Eran maestro en eso. Pero en el fondo sé que las ratas como usted viven en agujeros a lo largo y ancho de Alemania
El se frotó el brazo y habló con vos monótona
– Yo supervisaba a la policía local francesa. Ellos hacían redadas de judíos en los negocios y en los pisos de todos los edificios de esta zona. Yo trabajaba con el Direktor de la Antijudische Polizeei en la Kommandatur. Marcábamos los nombres de las páginas cuando se cargaban los convoyes. Y por lo que respecta a deportarlos…- Se detuvo y bajó la voz-. Yo no sabía lo que querían decir Auschwitz y Treblinka. Lo averigüé más tarde. Sarah se escondía de mí, pero yo la encontré y la salvé. Todo lo demás… Yo fui un hombre sumergido en una ola que arrasó generaciones. Yo no maté a Lili. Solo hematado a una persona y fue durante el combate cuerpo a cuerpo en Stalingrado. Un joven ruso me apuntó con un Pitchfork y yo le disparé. Lo veo cada noche cuando intento dormir. Junto con otras cosas
– Thierry es hijo suyo, ¿verdad?-dijo Aimée
– No lo sé. Esta carta está escrita por Sarah, pero ella dijo… Esos ojos, s-sí… esos ojos son suyos.-Se ahogaba-. ¡Me d-dijo que habíamos t-tenido un hijo que murió siendo recién nacido! Me cuesta creer…
– ¿Qué estoy vivo?-Thierry estaba de pie ante él
Aimée vio algo en el cambio experimentado por Hartmuth
– Gott im Himmel! Yo no lo sabía, no lo s-sabía-dijo. Le comenzaba a temblar la cabeza-. ¿Eres mi h-hijo?
– ¡Mentiras! ¡Todos me han mentido!-dijo Thierry. Tenía el rostro contorsionado por el odio-. Tenía derecho a saberlo
Aimée vio la confusión en el rostro de Hartmuth. Se preguntaba si realmente sería hijo suyo. Suyo y de Sarah, concebido hacía cincuenta años en las catacumbas