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– ¿La siguió?-preguntó Aimée

– Durante la ocupación, estuvo aterrorizada. Estaba llena de celos y de odio hacia mí. Como era joven, no me di cuenta; creía que Lili me estaba abandonando cuando se escapó de París

Movió la cabeza

“Pero ese día nos encontramos por sorpresa en el zapatero. De alguna forma tuve el coraje de decirle quién era. Hablamos por primera vez de judía a judía. Entonces me contó lo de Laurent

– ¿Lo de Laurent?-dijo Aimée. Se encontraba confundida

– Tenía miedo de Laurent-dijo Sarah

Aimée negó con la cabeza

– ¿Quién es Laurent?

– ¡Ese alborotador de la clase de madame Pagnol de hace tantos años!-dijo Sarah-. Había rumores de que informaba sobre los padres de los niños que no le gustaban. Un tipo despiadado. Lili dijo que lo había reconocido y había ido a hablar con Soli Hecht

Aimée se levantó y comenzó a andar de un lado a otro, aplastando con sus zapatos de salón de tacón alto, trocitos sueltos de plástico y de botones tirados en el suelo.

– Quiere decir que Lili reconoció a Laurent. Ahora… ¿en el presente?

Sarah se frotó sus ojos cansados

– Soli Hecht la aconsejó que no se lo dijera a nadie-dijo-. Hasta que pudiera encontrar pruebas. Documentos o algo que tuviera que ver con al portera. Que le ayudara a demostrar que él no era el que decía ser. Revelar su identidad.

– Espere un momento,. ¿Quién es él?-dijo Aimée. Recordó las últimas palabras de Soli: “Lo…l´eau”-. ¿De quién está hablando?

Sarah se encogió de hombros

– No lo sé

– Déjeme que me aclare-dijo Aimée levantándose de nuevo-. Lili, con la ayuda de Soli Hecht, estaba a punto de sacar a la luz a Laurent, un antiguo colaboracionista que había ocultado si identidad. Pero ¿por qué no iba a decirle a usted quién era él?-Aimée comenzó a andar de un lado a otro

– Lili se estaba poniendo nerviosa y actuaba como si no me conociera-dijo Sarah-. En ese momento se dio la vuelta bruscamente y dijo que la estaban siguiendo. Luego, después de que yo recogiera la ropa de la tintorería, la vi. Me agarró, no sé por qué, y se escapó antes de que pudiera hablar con ella

– Entonces fue cuando se cayó el botón del traje de Chanel y quedó enganchado en su bolso-dijo Aimée acelerando el paso-. ¿Tuvo lugar la conversación en el zapatero?

– No, en la calle, cerca de la esquina del callejón-dijo Sarah

– ¿A qué hora?

– Justo antes de las seis, creo

– Corre usted mayor peligro del que pensaba-dijo Aimée incapaz de dejar de pasearse. Ya tenía las piezas para encajar el rompecabezas

– ¿Por qué?-balbuceó Sarah-. ¿Se trata de mi hijo?

– Eso es otro asunto. Aborrece el hecho de que usted sea judía, porque eso significa que él también lo es

– ¿Me persigue Helmut?

Claro, ahora todo tenía sentido. Hartmut era Helmut Volpe

– No, él me dijo que estaba usted en peligro. Está intentando salvarla. Y Lili también intentaba salvarla-dijo Aimée

– ¿A qué se refiere?

– Salvada de Laurent. ¿Nolo ve?-dijo aimée intentando controlar su nerviosismo, pero las palabras salieron disparadas-. Piense cómo cambió Lili mientras usted hablaba con ella. Cómo hacía ver que no se conocían y se fue alejando poco a poco. El estaba ahí, en algún sitio. Ella lo hizo para que él no supiera quién era usted-Aimée se sentó junto a Sarah-. Se lo prometo, ¡no va a encontrarla!

VIERNES

Viernes por la mañana

Las pesadillas de Hartmuth estaban llenas de pinzas para el hielo y de bebés que lloraban. El sueño lo había atrapado.

Alguien tocó suavemente a la puerta de la suite adjunta. Sería Ilse. Se puso un albornoz y se acercó hasta la puerta arrastrando los pies

– Mein Herr-dijo Ilse cuyos ojos brillaban mientras recorrían la habitación con rapidez-, ¡ya está usted de vuelta! Miré ayer, pero su habitación estaba vacía. ¡Le hemos echado en falta!

Hartmuth esbozó una sonrisa forzada

– Se trata de esta comida francesa tan elaborada, Ilse. No estoy acostumbrado. Si no doy un paseo, me resulta muy pesada para el estómago

– Jawolh, tiene usted razón. Yo misma-se acercó a él furtivamente-echo en falta nuestra comida alemana. Es sencilla, sí, pero buena y nutritiva-Continúo hablando sin perder ni un segundo-. No me importa decirle, mein Herr, que monsieur Quimper y el ministro Cazaux son de la vieja escuela. Debido a su sinceridad, todos los delegados se han mostrado de acuerdo esta noche en firmar el tratado. Pero, por supuesto, eso ocurrirá mañana en la ceremonia. Y con su firma para que sea por unanimidad.

– ¿A qué hora es la ceremonia, Ilse?-dijo en tono más profesional posible.

– A las siete de la tarde, mein Herr-dijo sonriendo-. A tiempo para que salga en las noticias del canal internacional de la CNN. Pensé que era un buen toque.-Avanzó pesadamente hacia la puerta-. Unter den Linden.

El tratado era prácticamente un hecho.

Viernes al mediodía

Aimée llamó a la puerta dos veces, y luego una vez más. Javel, vestido con una camiseta interior hecha jirones, abrió la puerta despacio.

– Estoy ocupado-dijo sin sonreí-. No hay nada más que decir.

Aimée puso el pie en la puerta

El se mantuvo a un lado del pasillo sin demasiadas ganas

– ¿Conduce esta puerta a la tienda?-dijo Aimée señalando una puerta húmeda y mohosa

El asintió, achicando los ojos

Aimée subió los tres escalones rápidamente y empujó la puerta antes de que él pudiera detenerla

– ¡Eh! ¿Qué hace?-dijo

Para cuando él hubo subido los escalones con dificultad, ella ya había vuelto a salir y había pasado junto a él, a toda velocidad por el estrecho pasillo.

El la alcanzó en la sala de estar y consiguió articular palabra

– No es usted más que una detective aficionada y meticona que no hace más que correr en círculos-dijo

Aimée lo miró fijamente

– Usted lo oyó todo, ¿no es así?

– ¿De qué está hablando?-preguntó él enfadado, agarrándose al respaldo de su única silla

– En esta tienda y en la rue Pavée. El sitio está tan cerca que seguro que lo alcanzaría de un escupitajo-dijo

El farfulló con la mirada huidiza

– ¡Nada de esto tiene sentido! ¡Todos ustedes son iguales!-Cerró apresuradamente el cajón de la mesa de pino de la cocina y se desplazó hasta la mecedora

– ¿Es por eso por lo que decidió usted tomarse la justicia por su mano y convertirse en la vigilante de un crimen de hace cincuenta años?-dijo ella.

Era obvio que ocultaba algo. Ella se acercó furtivamente a la mesa y abrió el cajón empujando el oxidado tirador.

– ¿Qué está haciendo? ¡Quítese de ahí!-aulló él

Aimée palpó por debajo de las servilletas bordadas a mano por Arlette y alcanzó la parte de atrás del cajón. Sacó una bolsa de hilo de tejer

– ¿Por qué lo ha guardado?

– ¿Guardado? ¿El qué?-repuso él

– La bolsa de Lili con su labor-dijo ella mientras la sacaba del cajón

– La… la encontré-replicó él

– El miércoles usted oyó la conversación de Lili y Sarah cuando hablaban del pasado-dijo ella-. Por lo que usted pudo oír, dedujo que Lili había matado a Arlette hace cincuenta años. Después de que Sarah se marchara, se encaró con Lili. Lili negó con vehemencia haberla matado, pero dijo de Arlette que era una chantajista ladrona y oportunista, que se lo había buscado. ¿No es así?-Se detuvo y miró a Javel a los ojos, que brillaban de odio-. O algo parecido. Buscó usted en el bolsillo lo único de lo que disponía-dijo, sacando un estrecho cordón de zapatos de su propio bolsillo-. La siguió y la estranguló con uno como este cogido de su taller. Para terminar, grabó la esvástica para que pareciera obra de los neonazis.