Выбрать главу

Balanceó en el aire el cordón del zapato.

– Mire el plástico en los extremos que lo protege y que hace que sea más fácil pasarlo por los ojales. Ese trocito se desprendió cerca de Lili. EL otro extremo está en la bolsa de pruebas de la policía-dijo.

– Detenga esta fantasía-gritó él moviendo la cabeza de un lado a otro-. ¡Detenga todas estas mentiras!

– ¡Esto es lo que le pone a usted en la escena del crimen y le da un motivo!-continuó Aimée ientras sostenía en alto la bolsa de la labor de Lili.

El tenía el rostro rubicundo y jadeaba

– Pero mató usted a la persona equivocada. El asesino de Arlette había vuelto a París-dijo ella

Ella lo observó cuidadosamente

– Estaba usted a punto de matar a Hartmuth, solo…

– Mentiras, mentiras-gritó él

Cuando él la embistió con una vieja tubería que había cogido de detrás de la silla, ella estaba preparada. Rápidamente la apartó retorciéndola y le puso la zancadilla. El cayó al suelo con un ruido sordo y ella le sujetó las piernas inmovilizándolo de inmediato. Le estaba empezando a dar pena, cuando él comenzó a arrancarle mechones de pelo mientras se revolvía.

– ¡Amante de los judíos! ¡El asesino de Arlette sigue vivo!-dijo él luchando por coger aire

– ¿Va usted a resistirse continuamente?-dijo ella-. De acuerdo, hombrecillo, yo también sé luchar.-Dicho lo cual le pegó un puñetazo en la cabeza-. Esto es para que no haga usted que se me caiga más el pelo

Por lo menos ahora no se resistiría. L levantó e intentó colocarse el pelo, ya que tenía el aspecto del de un gallo. Se levantó las arqueadas piernas y comenzó a arrastrar torpemente por el pasillo al hombre semiinconsciente. Un golpe punzante hizo que perdiera el equilibrio y aterrizó bajo un viejo televisor. Se imaginó que los cuernos de la tele se le interpusieron al tambalearse y la hicieron caer, no podía moverse

– ¡Javel! ¡Javel!-balbuceó

Silencio. Luego el insistente tintineo de las campanas.

Aimée se preguntó por qué ni siquiera se habían molestado en poner el sitio patas arriba. Los ojos saltones de Javel miraban al techo fijamente. Su cabeza estaba ladeada como solo podía estarlo la de un muerto. Lo habían estrangulado con un cordón de su propio taller, exactamente igual que el utilizado con Lili. Habían intentado que pareciera un suicidio y lo habían colgado de una viga. La nota parecía lo suficientemente auténtica, teniendo en cuenta que posiblemente lo habían obligado a escribirla: “Me reuniré contigo, Arlette”.

Lo había oído gritar. Había recobrado el conocimiento y se había vuelto a desmayar. ¿Por qué no la habían estrangulado a ella también? En su cerechro permanecía un tintineo distante. Las campanas. Entonces reconoció el ruido. Las campanas de la puerta de la tienda que daba a la calle, querían decir que había clientes entrando y saliendo

– Il y a quel qu´un? ¿Hay alguien?-preguntó una voz. En ese momento se oyó el tintineo de las campanillas y el ruido de la puerta al cerrarse cuando se marchaba el cliente.

Salió de debajo de la mesa del televisor con dificultad y se sintió culpable. Otra vez. Había acusado a Javel y lo había golpeado justo cuando él comenzaba a contarle que el asesino de Arlette seguía vivo. El asesino había entrado por la puerta y probablemente se encontraba todavía allí mismo y se lo agradecía en silencio. En ese momento la envió al otro lado de la habitación, la golpeó e hizo añicos sus teoría. No solo había llegado al límite de la estupidez, sino que además había ayudado al asesino.

¿Pero por qué tomarse la molestia de que pareciera un suicidio? A no ser que el asesino hubiera estado a punto de cargarse a Aimée hubiera desistido cuando apareció un cliente, pero ¿entonces?… Puede que ahora el valiente y pequeño Javel se una a su Arlette después de todo este tiempo.

Había desaparecido la bolsa de red de Lili. Un hinchado gato blanco se movía sigilosamente y maullaba alrededor de sus tobillos como si fuera una boa de plumas

– Pobrecito, ¿quién te va a cuidor?-dijo Aimée acariciándole la cabeza. Atravezó tambaleándose la cortina de cuentas azules para ir a por lecha para el gato y se detuvo. ¿Qué llevaba Lili en la bolsa además de su labor? Javel habría escondido otra cosa que habría encontrado.

Comenzó a buscar sacando los cajones y desmontando los armarios de la cocina. Podría haberlo hecho parecer el crimen que ella se imaginó. Pobre del viejo Javeclass="underline" tenía pocas cosas y tiraba muy pocas cosas. Su único armario ropero contenía únicamente almidonadas camisas blancas sin estrenar y dos trajes mohosos. Un par de zapatos de piel de cordero hechos a mano, de lo que hoy en día muy poca gente se puede permitir el lujo de llevar, descansaban sin estrenar sobre la balda inferior. El armario del vestíbulo contenía un juego de cama sin usar, amarillento por los años y probablemente bordado por Arlette.

Buscó hasta en el último rincón del apartamento infestado de mugre. Nada, excepto los trastos de un viejo solitario.

Puede que Lili no llevara nada más en la bolsa… o que el asesino supiera lo que tenía que buscar y lo había encontrado. Frustada ante una nueva situación sin salida, se desplomó contar el armario. Las circunstancias del asesinato de Javel la dejaban perpleja.

Con toda probabilidad, él pasaba la mayor parte del tiempo en la tienda, así que decidió seguir allí la búsqueda. El aroma penetrante del cuero la asaltó según entró. Bajo la exposición de plantillas, encontró su bandeja de trabajo abarrotada de cosas. Estaba colocada a presión contra la pared y necesitó vario intentos antes de que se aflojara. Bajo los recortes de piel yacía un libro pequeño, muy usado. Arañas negras reptaban sobre la caligrafía de Lili. Con manos temblorosas Aimée levantó el diario y madejas de hilo multicolor rodaron por el suelo. Apartó las arañas de un manotazo y metió el diario bajo su chaqueta de diseño.

En el dormitorio de Javel, vertió comida para el gato en un recipiente. Cuando salía, se santiguó

De vuelta con Leah, Aimee se puso a leer una de las páginas arrancadas del diario de Lili:

Sé que es él. Laurente, ese portento de ojos avariciosos que se sentaba

junto a mí y me copiaba las repuestas en los exámenes de matemáticas.

El que se reía de papá cuando trabajaba tras el mostrador, que nos llamaba

chupasangres judíos a la cara y luego me retaba como si fuera dueños de

toda la manzana. PEOR que los nazis, se aseguró de que todos lo de la escuela

que de alguna manera le habíamos molestado, pagáramos por ello. El poder,

simple y llanamente. Los padres de Sarah fueron los primeros, hasta se jactaba

de ello. Ganaba cien francos por cada denuncia. Pero yo, yo maté a mis padre

el día que me planté y no dejé que me copiara. Mi elevado sentido de la moralidad

los mandó a los hornos. Informaba sobre todo el mundo, judíos o no. Arlette, tonta

y avariciosa, se reía de él. Ese fue su gran error. Y él va a hacerlo de nuevo.

La mano de Sarah temblaba cuando Aimée le pasó el fragmento rasgado.

– ¡Lo reconocería usted después de todos estos años?

– Si Lili lo hizo…-Se frotó las lágrimas de los ojos-. Tenía una marca de nacimiento en el cuello, como una mariposa marrón

– Claro que podría haberla ocultado, haberse operado-dijo Aimée

– Siempre me pregunté quién denunció a mis padres. Laurent era mayor, estaba en la clase de Lili. Yo nunca le hablaba mucho, trataba de evitarlo. Había algo en él que no me gustaba

– Tiene que existir alguna prueba por escrito-dijo Aimée-. Por eso Lili contacto con Soli Hecht. Pero necesito documentos que lo prueben. ¿Se acuerda de dónde vivía, de ese edificio que menciona Lili?