Cantó la letra mientras cavaba la tierra y movía las piedras. Mucho tiempo después de que se hubieran encendido las farolas, seguía cavando.
SABADO
Sábado por la mañana
Solage Goutal levantó la vista de lo que estaba haciendo, con los ojos hinchados de llorar.
– Soli ha muerto…se rumoreaba que lo han matado.
– Es más que un rumor…es verdad-dijo Aimée al tiempo que posaba el bolso sobre el mostrador de granito situado bajo las palabras grabadas “No olvidéis nunca”
Solange desvió la mirada
– Entre, la directora la recibirá ahora
Annick Sausotte, directora del Centro de Documentación Judía Contemporánea, se apresuró en salir a su encuentro. Extendió la mano y estrechó la de Aimée para arrastrarla luego al interior de su despacho
– Mademoiselle Leduc, es una pena que nos conozcamos después de la trágica muerte de Soli Hecht.-Sus ojos, que se movían rápidamente de un lado a otro, se fijaron en el traje de Aimée y en su bolso de piel-. Siéntese por favor. Soy toda suya durante cinco minutos. Luego tengo que ir corriendo a un almuerzo en su recuerdo.
– Gracias por reunirse conmigo, mademoiselle Sausotte. Iré directamente al grano.- Aimée se sentaba erguida en el borde de una incómoda silla tubular de metal-. El Templo de E´manuel ha contratado mis servicios con respecto al asesinato de Lili Stein. Creo que Soli Hecht, a petición de Lili, estaba investigando a alguien que ella había reconocido como colaborador durante la guerra. Existe una relación, y quiero saber en qué estaba trabajando Soli el día en el que supuestamente lo atropelló un autobús.
– ¿Qué supuestamente lo atropelló un autobús, mademoiselle Leduc?- dijo Annick Sausotte
Aimée la miró directamente a sus perspicaces ojos negros
– Alguien lo empujó debajo del autobús-dijo-. Pero no puedo probarlo, mademoiselle Sausotte. ¿No le extraña que cogiera un autobús cuando su artritis reumatoide era tan severa que necesitaba ayuda para bajar las escaleras y para ponerse el abrigo? ¿Y después de haberle dicho a Solange que cogería un taxi?
– ¿Qué quiere de mí, mademoiselle Leduc?-dijo Annick
– Acceso a los ficheros informáticos en los que trabajaba Soli ese día-dijo Aimée-. Encontré su nombre por casualidad entre las pertenencias de Lili. Creo que ella había reconocido a un antiguo colaboracionista y le pidió ayuda a Soli para obtener pruebas.- Aimée hizo una pausa-. Por eso la mataron.
Annick Sausotte se inclinó hacia adelante apoyando la barbilla en las manos y con el reflejo de sus codos sobre la reluciente mesa.
– Soli era el único que podía autorizar el acceso a sus archivos, pero…- Hizo una pausa y una expresión de dolor cruzó su rostro-. Por supuesto, ahora eso es imposible. Solo la fundación puede conceder ese permiso
– Sé que lo asesinaron en el hospital. Pero tampoco puedo demostrarlo.- Aimée se levantó y acercó su rostro al de Annick-. Hay otra mujer en peligro, una superviviente cuya familia pereció en el Holocausto
– ¿Es usted judía, mademoiselle Leduc?
– ¿Es eso un requisito para poder trabajar? Porque tengo la sensación de que para usted eso es más importante que la vida de alguien.- Aimée se acercó a Annick, la cual se levantó-. ¡A mí también me persiguen, pero a ellos no parece importarles mi religión!
– Se está usted tomando las cosas como algo personal, mademoiselle Leduc. Por favor entienda…
Aimée la interrumpió
– Tiendo a tomarme las cosas como algo personal cuando mi vida está en peligro. ¿Va a ayudarme o no?
Annick Sausotte la acompañó hasta la puerta
– Yo ni siquiera me ocupo de ese aspecto del trabajo del Centro. Déjeme que lo consulte con los responsables y con la fundación de Soli. Llámeme dentro de unos días
Aimée movió la cabeza de un lado a otro
– No parece que entiende usted nada
– Es lo único que puedo hacer-dijo Annick mientras metía los brazos en un abrigo demasiado grande que envolvía completamente su pequeño cuerpo-. Llámeme, por favor, mañana o pasado
Cuando Annick Sausotte salía a toda prisa de detrás del mostrador de recepción se escuchó un zumbido. Aimée se detuvo en el mostrador y estudió con atención el registro de visitantes
– Solange, alguien ha traído un paquete al área de recepción-dijo Aimée-. Vete a recogerlo y ya pulso yo el abridor
Solange cogió su llavero mientras los pasos de Annick resonaban en el vestíbulo de mármol
– Voy al servicio y luego saldré con la directora- dijo Aimée
Solange dudó un momento. Del interfono les llegó el tono agudo de una voz-. Transportes Frexpresse. ¡Necesito una firma!
Solange le dirigió un signo de asentimiento con la cabeza y desapareció por la puerta trasera. Aimée escuchó el chasquido de la puerta principal al cerrarse y echó un rápido vistazo a los sistemas de seguridad. Los monitores mostraban a Annick Sausotte dirigiéndose a grandes zancadas hacia la estrecha calle y a Solange firmando algo sobre una carpeta, entregándoselo a un chofer uniformado y girándose en dirección a la cámara. A partir de ahí, Aimée ya no la podía ver.
Abrió cajones hasta que encontró el que contenía las tarjetas de identificación de plástico. Debajo de ellas había varias llaves maestras y Aimée las cogió todas y las metió en el bolsillo. Cruzó la puerta entreabierta del despacho de Annick Sausotte. Se imaginaba que podía quedarse en el despacho hasta la hora de cerrar, lo cual sería dentro de unos diez minutos. Aimée no había hecho más que desprenderse de los dolorosos zapatos de tacón y se había acomodado en el sillón tubular cuando escuchó la voz de Solange
– ¿Te has olvidado de algo, Annick?-dijo
– Aimée miró a su alrededor y vio un abultado maletín sobre la mesa de Annick. Se dio cuenta de que no había un armario, y el escritorio no ofrecía protección alguna. El único mueble restante, un armario antiguo lacado en negro, era una delicada pieza de tres patas. Lo abrió y lo encontró lleno de frágil porcelana
No había dónde esconderse
Escuchó la voz de Annick y un teléfono que sonaba
– Está sobre mi mesa. Ya contesto yo el teléfono
Aimée echó mano de los zapatos de tacón y se ocultó tras la puerta, pegada a la pared. Mientras Solange se acercaba a la mesa, Aimée tiró suavemtne de la puerta y se cubrió con ella casi por completo.
Solange había recogido el maletín y se había dado la vuelta para salir cuando Annick hab{o
– Solange, busca los recorte de prensa sobre el monumento a la deportación, ¿de acuerdo? Está en el segundo o tercer cajón del escritorio
No podía ver a Solange, pero rezó para que lo encontrara. Y rápido. Le picaba la nariz. Desgraciadamente, con las manos estaba sujetando los zapatos, y no podía taparse la nariz sin golpear la puerta a un tiempo
Escuchó el ruido que hacía Solange al rebuscar en el escritorio y remover papeles
– No lo encuentro. ¿En qué cajón?
Trató de apretar la nariz contra la puerta para evitar el estornudo, pero eso solo consiguió abrirla algo más. Estaba a punto de explotar cuando oyó a Annick gritar.
– Lo he encontrado
Solange salió de la habitación y cerró la puerta de golpe tras ella. Al mismo tiempo, Aimée dejó caer los zapatos sobre la alfombra y amortiguó su estornudo con las dos manos lo mejor que pudo. Desde detrás de la puerta cerrada le llegaba el sonido de conversaciones en voz baja y luego el silencio. Mientras volvía a ponerse los zapatos, marcó el número de Leah en la fábrica de botones
– Leah, ¿qué tal Sarah?