— їSeсora? — preguntу con incertidumbre a los dos espantapбjaros humanos -.їSargento? — Cordelia lanzу una exclamaciуn de alegrнa al reconocer la cabeza rubia del piloto: Droushnakovi. Mi hogar no es un lugar, son personas…
Con la mano de Bothari en su codo, ante un gesto ansioso de Koudelka, Cordelia se dejу caer con gusto en el mullido asiento trasero de la aeronave. Droushnakovi se volviу para mirar a Bothari con una expresiуn sombrнa, arrugу la nariz y preguntу:
— їSe encuentra bien, seсora?
— Mejor de lo que esperaba. Vamos.
La cubierta se sellу y se elevaron en el aire. Las luces coloridas del panel iluminaban los rostros de Kou y de Drou. Un capullo tecnolуgico. Cordelia atisbo por encima del hombro de Drou para leer los instrumentos, y luego alzу la vista hacia la cubierta; sн, unas formas oscuras los acompaсaban: aeronaves militares de escolta. Bothari tambiйn las vio, y sus ojos brillaron con aprobaciуn. Su cuerpo pareciу relajarse un poco.
— Me alegro de veros… — Cierta postura corporal, cierta actitud de reserva hizo que Cordelia decidiera no aсadir: «juntos otra vez»
— Por lo que veo esa acusaciуn de sabotear la consola ya se ha aclarado, їno?
— En cuanto tuvimos ocasiуn de interrogar con pentotal a ese cabo, seсora — respondiу Droushnakovi -. No tuvo el valor de suicidarse antes del interrogatorio.
— їЙl fue el saboteador?
— Sн — le respondiу Koudelka -. Pensaba escapar cuando las tropas de Vordarian nos capturaran. Al parecer Vordarian lo habнa comprado hacнa meses.
— Eso explica nuestros problemas de seguridad, їverdad?
— Йl pasу la informaciуn acerca de nuestro itinerario, el dнa del ataque con la granada sуnica. — Koudelka se frotу la nariz ante el recuerdo.
— ЎAsн que fue Vordarian quien estaba detrбs de eso!
— Sin duda. Pero al parecer el guardia no sabнa nada de la soltoxina. Lo interrogamos hasta el cansancio. No era un conspirador de alto nivel, sуlo una herramienta.
A Cordelia se le ocurrieron varias ideas desagradables, pero preguntу:
— їIllyan ya ha aparecido?
— Aъn no. El almirante Vorkosigan cree que puede estar oculto en la capital, si no lo mataron en las primeras refriegas.
— Hum. Bueno, os alegrarб saber que Gregor se encuentra bien…
Koudelka alzу una mano para interrumpirla. — Discъlpeme, seсora. El almirante ordenу que ni usted ni el sargento revelen nada sobre Gregor, excepto a йl mismo o al conde Piotr.
— Estб bien. Maldito pentotal. їCуmo estб Aral? — Se encuentra bien, seсora. Me ordenу que la pusiera al corriente de la situaciуn estratйgica…
A la mierda con la situaciуn estratйgica, їquй hay de mi bebй? Aunque por desgracia, las dos cuestiones parecнan inextricablemente relacionadas.
—… y que respondiese cualquier pregunta que usted pudiera tener. Muy bien.
— їQuй noticias hay de nuestro hijo? Pi… Miles.
— No hemos sabido nada malo, seсora.
— їY eso quй significa?
— Significa que no hemos sabido nada — le explicу Droushnakovi con tono sombrнo.
Koudelka le dirigiу una mirada furiosa, pero ella le respondiу alzando un hombro.
— El hecho de que no haya noticias puede ser una buena seсal, seсora — continuу Koudelka -. Aunque es cierto que Vordarian todavнa mantiene la capital bajo control.
— Y por lo tanto, tambiйn el Hospital Militar, sн — dijo Cordelia.
— Estб publicando los nombres de los rehenes relacionados con nuestra estructura de mando, pero su hijo todavнa no ha aparecido en las listas. El almirante piensa que Vordarian nunca imaginу lo de la rйplica como una posibilidad viable. No sabe lo que tiene.
— Aъn — replicу Cordelia.
— Aъn — le concediу Koudelka de mala gana.
— Muy bien. Continъe.
— La situaciуn general no es tan grave como temнamos al principio. Vordarian mantiene el control de Vorbarr Sultana, de su propio Distrito y sus bases militares, y ha puesto tropas en el Distrito Vorkosigan, pero sуlo cuenta con cinco condes que se han proclamado sus aliados. De los demбs condes, aproximadamente treinta han quedado atrapados en la capital, y no podemos saber a quiйn apoyan mientras Vordarian les apunte a la cabeza con un arma. Casi todos los veintitrйs Distritos restantes han reiterado sus juramentos de lealtad al regente. Aunque un par de ellos, con familiares en la capital o en posiciуn estratйgica como potenciales campos de batalla, estбn vacilando.
— їY las fuerzas espaciales?
— Estaba a punto de hablarle de ellas, seсora. Gran parte de los suministros son enviados desde las bases en el Distrito Vordarian. Por el momento, estбn a la espera de que se aclare el panorama en lugar de moverse para aclararlo ellos mismos. Pero se han negado a apoyar abiertamente a Vordarian. Es un equilibrio, y el primero que logre inclinarlo hacia su bando iniciarб una avalancha. El almirante Vorkosigan parece muy optimista. — A juzgar por el tono del teniente, Cordelia no estuvo muy segura de que йl compartiese ese optimismo -. Pero por supuesto, tiene que estarlo, para mantener alto el espнritu. Dice que Vordarian perdiу la guerra en el momento en que Negri escapу con Gregor, y que el resto son sуlo maniobras para minimizar las pйrdidas. Sin embargo, Vordarian tiene a la princesa Kareen.
— Sin duda una de las pйrdidas que Aral estб ansioso por reducir. їElla se encuentra bien? їLos terroristas de Vordarian no le han hecho daсo?
— Por lo que sabemos, no. Al parecer, estб bajo arresto domiciliario en sus propias habitaciones de la Residencia Imperial. Varios de los rehenes mбs importantes tambiйn se encuentran allн.
— Ya veo.
Cordelia se volviу en la penumbra para mirar a Bothari, quien permaneciу impasible. Supuso que entonces preguntarнa por Elena, pero no dijo nada. Ante la menciуn de Kareen, Droushnakovi permaneciу mirando fijamente la noche con expresiуn abatida.
їKou y Drou habrнan arreglado sus diferencias? Parecнan muy distantes, civilizados y profesionales. Pero aunque hubiesen intercambiado unas disculpas superficiales, Cordelia percibiу que la herida no habнa cicatrizado. La adoraciуn secreta habнa desaparecido de los ojos azules que, de vez en cuando, abandonaban el panel de control para observar al hombre sentado a su lado. Las miradas de Drou eran sуlo cautelosas.
Abajo se divisaron las luces de la ciudad no muy grande, y mбs allб, las configuraciones geomйtricas de una base de lanzamiento militar. Drou transmitiу varias claves de identificaciуn a medida que se acercaban. Descendieron en espiral sobre una plataforma iluminada para ellos, custodiada por guardias armados. Las naves que los sobrevolaban siguieron hacia sus propias plataformas de aterrizaje.
En cuanto abandonaron la aeronave, los guardias les rodearon para escoltarlos hasta un tubo elevador. Descendieron, caminaron por una plataforma inclinada, y volvieron a descender en un elevador hermйtico. Sin duda, la base Tanery era un puesto de mando subterrбneo muy bien custodiado. Bienvenidos al bъnquer. Sin embargo, de pronto Cordelia se sintiу invadida por una nostalgia que le cerrу la garganta. Esos corredores бridos no podнan competir con la forma en que se decoraban los interiores de Colonia Beta, pero en ese momento podrнa haberse encontrado en alguna ciudad subterrбnea betanesa, tranquila y a salvo…
Quiero volver a casa.
Habнa tres oficiales con uniforme verde, hablando en un corredor. Uno de ellos era Aral. Йl la vio.
— Gracias, caballeros, pueden retirarse — dijo interrumpiendo a alguien en la mitad de una frase, y entonces aсadiу -: Continuaremos esta conversaciуn mбs tarde. — Pero ellos permanecieron allн, mirбndolo confusos.
Йl sуlo parecнa cansado. El corazуn de Cordelia ansiaba mirarlo, sin embargo…
Por ti he llegado hasta, aquн. No al Barrayar de mis esperanzas, sino al Barrayar de mis miedos.
Con una pequeсa exclamaciуn de alegrнa, Aral la estrechу con fuerza contra su cuerpo. Ella tambiйn lo abrazу.
ЎQuй alivio! Desaparece, mundo. Pero cuando alzу la vista, el mundo todavнa la aguardaba, bajo la forma de siete testigos con agendas en la mano.
Aral la apartу un poco y la mirу ansiosamente de arriba abajo.
— Tienes mal aspecto, querida capitana.
Al menos habнa sido lo bastante amable como para no decir «hueles fatal».
— No tengo nada que no se solucione con un baсo.
— No me referнa a eso. Antes que nada irбs a la enfermerнa. — Se volviу para mirar al sargento Bothari.
— Seсor, debo presentarme ante el conde — dijo el sargento.
— Papб no se encuentra aquн. Ha salido en una misiуn diplomбtica con algunos de sus viejos camaradas. Kou… ocъpese de que le asignen una habitaciуn a Bothari; proporciуnele comida, pases y ropas. Querrй su informe personal en cuanto me haya ocupado de Cordelia, sargento.
— Sн, seсor. — Koudelka se llevу a Bothari.
— Bothari estuvo sorprendente — le confiу Cordelia a Aral -. No… eso es injusto. Bothari estuvo como siempre y yo no tendrнa que haberme sorprendido en absoluto. No lo hubiйsemos logrado sin йl.