El deseo se enfrentaba con el miedo. Ella querнa a Aral, pero lo habнa desafiado. їEsto habrнa herido su honor, habrнa lastimado su ego masculino tan barrayarйs hasta el punto de no poder perdonarla? їHabrнa perdido su confianza para siempre? No, esa sospecha era injusta. Pero la credibilidad pъblica frente a sus pares, parte de la delicada psicologнa del poder… їhabrнa quedado daсada por su culpa? їHabrнa alguna desdichada e imprevista consecuencia polнtica por culpa de su actitud, algo que volverнa a caer sobre sus cabezas? їA ella le importa? Sн, decidiу con tristeza. Era un infierno sentirse tan cansada, y al mismo tiempo que le importara tanto.
— ЎKou!
El grito de Drou hizo que Cordelia abriera los ojos. Koudelka entraba cojeando por la puerta principal de la oficina. Gracias a Dios, el hombre volvнa a vestir su uniforme y estaba pulcro y bien afeitado. Sуlo las marcas grises bajo sus ojos no eran reglamentarias.
A Cordelia le encantу notar que el encuentro entre Kou y Drou no era en absoluto militar. De inmediato el teniente se vio abrumado por la joven rubia y desaliсada, intercambiando palabras como «cariсo», «amor», «gracias a Dios», «a salvo», «dulzura»… Los hombres de Seguridad Imperial se apartaron, incуmodos ante la explosiуn de sentimientos que irradiaban de sus rostros. Cordelia se sintiу complacida al mirarlos. Era un modo mucho mбs sensato de saludar a un amigo que todas esas estъpidas venias.
Se separaron sуlo para mirarse mejor el uno al otro, sin soltarse las manos.
— Lo has logrado — dijo Droushnakovi con una risita -. їCuбnto tardasteis… y lady Vorpatril se encuentra…?
— Llegamos sуlo dos horas antes que vosotros — dijo Kou con la respiraciуn agitada, reoxigenбndose despuйs de un beso heroico -. La seсora Vorpatril y el niсo estбn internados en la enfermerнa. El mйdico dice que ella sуlo sufre una gran fatiga y tensiуn. Estuvo increнble. Pasamos algunos momentos difнciles con las patrullas de Vordarian, pero nunca se rindiу. Y vosotros… Ўlo habйis logrado! Me crucй con Vaagen en el pasillo, y llevaba la rйplica… Ўhabйis rescatado al hijo de mi seсor!
Droushnakovi dejу caer los hombros.
— Pero perdimos a la princesa Kareen.
— Oh. — Йl le tocу los labios -. No me cuentes nada… Lord Vorkosigan me ordenу que os llevase a verlo en cuanto llegarais. Le informarйis de todo antes que a nadie. — Ahuyentу a los hombres de Seguridad Imperial como a moscas, algo que Cordelia estaba deseando desde hacнa rato.
Bothari tuvo que ayudarla a levantarse. Ella recogiу la bolsa de plбstico amarillo. Con ironнa observу que llevaba el nombre y el logotipo de una de las tiendas de ropa femenina mбs exclusivas.
Kareen te acompaсarб hasta el final, maldito.
— їQuй es eso? — preguntу Kou.
— Sн, teniente — intervino con ansiedad un hombre de Seguridad Imperial -. Por favor… ella se ha negado terminantemente a permitirnos examinarla. Segъn los reglamentos, no podemos permitir que la introduzca en la base.
Cordelia abriу la bolsa y la extendiу hacia Kou. Йl examinу el interior.
— Mierda. — Al verlo saltar hacia atrбs, el hombre se dispuso a avanzar pero Koudelka lo detuvo -. Ya… ya veo. — Tragу saliva -. Sн, sin duda el almirante Vorkosigan querrб ver eso.
— Teniente, їquй debo poner en el registro? — Cordelia decidiу que a estas alturas el hombre de Seguridad Imperial ya gemнa -. Tengo que anotarla si va a entrar.
— Dйjelo que cuide su trasero, Kou — suspirу Cordelia.
Kou volviу a mirar el interior, y sus labios se curvaron en una sonrisa irуnica.
— Estб bien. Regнstrelo como un obsequio para el almirante Vorkosigan. De parte de su esposa.
— Ah, Kou. — Drou le entregу la espada -. Logrй rescatar esto, pero me temo que hemos perdido la funda.
Kou la cogiу, se volviу hacia la bolsa, relacionу los dos objetos y sujetу la espada con mбs respeto.
— Eh… estб bien… gracias.
— Yo la llevarй a Sigling y harй que le confeccionen una funda igual — le prometiу Cordelia.
El hombre de Seguridad Imperial cediу el paso al secretario personal del almirante Vorkosigan. Kou condujo a Cordelia, a Bothari y a Drou al interior de la base. Cordelia volviу a cerrar la bolsa y dejу que se balanceara en su mano.
— Descenderemos al nivel del Estado Mayor. El almirante ha estado en una reuniуn a puerta cerrada desde hace una hora. Anoche llegaron dos oficiales superiores de Vordarian. Estбn negociando para traicionarlo. El plan para rescatar a los rehenes depende de su cooperaciуn.
— їYa estбn al corriente de esto? — Cordelia alzу la bolsa.
— No lo creo, seсora. Usted acaba de cambiarlo todo. — Su sonrisa se tornу cruel, y sus pasos se hicieron mбs rбpidos.
— — Supongo que todavнa serб necesario realizar esa incursiуn — suspirу Cordelia -. Los hombres de Vordarian siguen siendo peligrosos, incluso en medio del caos. Tal vez se vuelvan mбs peligrosos aъn, en su desesperaciуn. — Pensу en aquel hotel en el centro de Vorbarr Sultana, donde se encontraba la pequeсa Elena de Bothari. Rehenes de menor importancia. їPodrнa persuadir a Aral para que asignase algunos recursos mбs a la empresa de rescatarlos? Por desgracia, ella no habнa logrado dejar fuera de combate a todos los soldados. Y lo intentй. Dios sabe que lo intentй.
Descendieron y siguieron descendiendo hacia el centro neurбlgico de la base Tanery. Llegaron a la sala de conferencias de extrema seguridad; una patrulla fuertemente armada montaba guardia en el pasillo. Koudelka pasу por delante de ellos. Las puertas se deslizaron y volvieron a cerrarse a sus espaldas.
Cordelia observу el cuadro. Los hombres que rodeaban la pulida mesa interrumpieron su conversaciуn para mirarla. Aral se hallaba en el centro, por supuesto.
Illyan y el conde Piotr lo flanqueaban. El primer ministro Vortala estaba allн, y Kanzian, y algunos otros oficiales superiores con uniformes verdes de etiqueta. Los dos dobles traidores estaban frente a ellos, con sus ayudantes. Demasiados testigos. Ella querнa estar a solas con Aral, librarse de todos ellos. Pronto.
Los ojos de Aral se clavaron en los de ella en una silenciosa agonнa. Sus labios se curvaron en una sonrisa completamente irуnica. Eso fue todo; y sin embargo Cordelia volviу a sentir el calor de la confianza… estuvo segura de йl. Ningъn reproche. Todo marcharнa bien. Estaban juntos otra vez, y ni un torrente de palabras y abrazos hubiese podido comunicбrselo mejor. De todos modos, esos ojos grises le prometieron que los abrazos llegarнan mбs adelante. Sus propios labios sonrieron por primera vez en… їcuбnto tiempo?
El conde Piotr apoyу las manos en la mesa.
— Bien. Por Dios, mujer, їdуnde has estado? — exclamу furioso.
Cordelia se sintiу invadida por una demencia morbosa. Lo mirу con una sonrisa feroz y alzу la bolsa.
— De compras.
Por un momento, el anciano estuvo a punto de creerle; por su rostro pasaron varias expresiones encontradas: sorpresa, escepticismo, y luego ira al comprender que se estaba burlando de йl.
— їQuiere ver lo que he comprado? — continuу Cordelia, todavнa flotando. Abriу la bolsa violentamente e hizo rodar la cabeza de Vordarian sobre la mesa. Por suerte, hacнa unas horas que habнa dejado de sangrar. El rostro se detuvo justo delante de йl, con un rictus en los labios y los ojos abiertos de par en par.
Piotr abriу la boca. Kanzian saltу; los oficiales profirieron maldiciones y uno de los traidores se cayу de la silla al retroceder. Vortala frunciу los labios y alzу las cejas. Koudelka, orgulloso de su papel en la preparaciуn de aquel momento histуrico, apoyу la espada sobre la mesa como segunda evidencia.
Aral estuvo perfecto. Sus ojos sуlo se abrieron de par en par unos momentos, pero entonces apoyу el mentуn sobre las manos y mirу por encima del hombro de su padre con frialdad e interйs.
— Sн, es natural — susurrу -. Todas las damas Vor van de compras a la capital.
— Me ha costado muy cara — le confesу Cordelia.
— Eso tambiйn es normal. — Una sonrisa irуnica curvу sus labios.
— Kareen ha muerto. Fue herida en la refriega. No pude salvarla.
Йl abriу las manos, como dejando que el incipiente humor negro escapase por sus dedos.
— Comprendo. — Volviу a alzar los ojos hacia los de ella, como preguntбndole: їTe encuentras bien?, y aparentemente hallу la respuesta: No.
— Caballeros. Les ruego que me disculpen unos momentos. Deseo estar a solas con mi esposa.
Mientras los hombres comenzaban a levantarse, Cordelia alcanzу a oнr un murmullo.
— Un hombre valiente…
Cordelia clavу la mirada en los hombres de Vordarian, mientras йstos se retiraban de la mesa.
— Oficiales, les recomiendo que cuando se reanude esta conferencia, se rindan sin condiciones a la misericordia de lord Vorkosigan. Es posible que todavнa conserve algo de piedad. — Porque yo ya no la tengo, fue el remate silencioso de sus palabras -. Estoy cansada de su estъpida guerra. Termнnenla de una vez.